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Camino a la cruz

Tallo de punzantes espinas clavan sus sienes,
Rojos pétalos cubren la calle cual alfombra extendida,
Sudor y sangre mezclados marcan el camino del calvario,
Por los secos senderos empedrados que a su paso se humedecen.

Suave aroma desprendido que solo unos pocos perciben,
Infinitas partículas de amor, suspendidas en el aire viciado
De violencia y desprecio, de odio y repulsión.
Camina con pesados pasos, pasos firmes, pasos cansados, pasos ciertos.

Observado por multitud ingente, hombres y mujeres
Niños y ancianos, religiosos y soldados romanos.
Abriendo paso se dirige hacia el monte, colina
En la que ha de ser erguido y plantado.

Alzado del suelo, suspendido entre tierra y firmamento,
Desamparado y solo, abandonado del Padre, castigado.
Sin consuelo alguno, sufrió nuestros pecados, como
Un cordero fue herido y sacrificado.

El día se vistió de luto, el sol se empaño en sangre,
Las aves cesaron en su canto y las flores se escondieron en sus capullos.
El Hijo de Dios expiró su último aliento, al Padre encomendó
su espíritu.

De su costado herido brotan jardines de rosas
regadas de agua pura, que convierten en vergel los corazones desiertos. Al verle el soldado, exclama ¡Verdaderamente este Hombre era justo!


Pedro Jurado.
© sentirCristiano.com

Pedro Jurado



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