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"De los tales es el reino de los cielos"

Un sermón no apto para adultos

(Lucas 19.1-10)


   Si colocamos juntos un árbol y a un niño, la imagen que de inmediato se nos forma es la del niño trepado en el árbol.  Es muy difícil imaginar lo contrario. Pero si colocamos a un empresario junto al árbol, muchas cosas pueden ocurrírsenos. Por ejemplo: si el árbol es frutal, hacer negocio con sus frutos; si la madera se puede usar, cortarlo para hacer muebles o darle algún uso que produzca ganancias.(1)

Los niños se suben a los árboles de manera natural; porque son niños. Su mente está en el juego. Si los adultos lo hacen, de inmediato se piensa en una razón especial: "para bajar frutos", "para cortar sus ramas". Si ese adulto es un hombre rico y negociante, su mente está en obtener beneficios.

Zaqueo era un hombre adulto, rico, jefe de los recaudadores de impuestos para Roma. Y se subió a un árbol. Pero Zaqueo no lo hizo con el fin de beneficiarse económicamente, sino para ver a Jesús. Por un momento permitió que su atención no se enfocara en el dinero y las riquezas, sino en Jesús.

La subida al árbol y la razón de hacerlo fue el primer acto que realizó Zaqueo, no como un adulto rico y corrupto, sino como un "niño". Subió por curiosidad, para ver "quién era Jesús". Una acción "absurda" realizada por alguien de quien no se esperaba, pero que, al hacerse niño, se vio, frente a frente, con la salvación. Imagínese, querido lector, a Zaqueo, en un día común, paseando por las calles de Jericó: un hombre de edad avanzada, de complexión gruesa, bajito de estatura, con ropas lujosas, ampliamente conocido por todo el mundo, odiado por unos, admirado por otros. De pronto, aparece trepado a un árbol de higos, sin otra razón que su curiosidad por ver quién era el visitante del día. En ninguna parte del Evangelio se nos informa que Zaqueo conociera previamente a Jesús. El relato, tal como nos lo presenta Lucas, no nos da otra opción más segura que concluir que Zaqueo no sabía nada de Jesús, ni lo conocía. Todo lo que ocurrió después de la subida al árbol fue realmente sorpresa para Zaqueo. La curiosidad fue la que lo llevó a subir al árbol y por ello, Zaqueo penetró en el  "mundo" infantil. Zaqueo no sólo subió al árbol, sino que también corrió para subirse a él. El sentido de urgencia lo da, de nuevo, la curiosidad de conocer a Jesús, no la urgencia por asegurar un negocio o hacerse más rico.

Esa acción absurda atrajo la atención de Jesús. Porque todo aquel que se atreve a hacerse como un niño tiene abiertas las puertas del Reino, pues se atreve a aceptar los "absurdos" del Reino y de Dios.

La segunda acción absurda de Zaqueo fue la de obedecer la orden de Jesús de "bajar de prisa del árbol" y la de recibir gozoso al visitante desconocido. Más cualidades de niño no podía tener Zaqueo: obediencia a una orden de un adulto, bajar de prisa de un árbol, recibir en la casa a un desconocido.

La tercera acción absurda de Zaqueo fue la de ofrecer la mitad de sus bienes a los pobres y devolver cuadruplicado el dinero defraudado a otros. ¿Qué empresario sensato, de acuerdo con los cánones del mundo, ofrece la mitad de sus bienes a los pobres y promete devolver cuadruplicado un dinero que legalmente nadie le exige? Cualquier empresario sabe que no hay peor inversión que dar dinero a los pobres. Sólo quien se coloca en la esfera del absurdo divino lo hace: Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico... (2 Co 8.9).  ¡Si hasta las empresas "cristianas" y las mismas iglesias modernas consideran fuera de lo sensato hacer lo que hizo Zaqueo! El razonamiento moderno es el siguiente: "Sí, queremos ayudar a los pobres, pero vamos a hacerlo con inteligencia. Vamos a acumular varios miles o millones de dólares, los invertimos, y de sus intereses ayudamos a los pobres". Así aseguran que nunca caerán en bancarrota, y siempre tendrán algo para darles a los pobres. Pero esas empresas e iglesias nunca quedan pobres, ni tampoco dan "todo", ni siquiera la mitad, a los pobres. Las cargas fiscales, los pagos de compra y mantenimiento de los edificios que albergan a los burócratas que manejan el dinero de los pobres, los salarios de los administradores del dinero de los pobres; todo ello se asegura, para poder ayudar a los pobres. Se invierte en el capital de grandes empresas multinacionales que pagan los intereses, pero que se embolsan jugosas ganancias del dinero reservado para los pobres. Y, de los intereses pagados, falta descubrir qué porcentaje realmente llega a los pobres y cuánto se va en salarios, edificios y otras cargas administrativas. Pero en la filosofía y razonamiento divinos, en el juego de Dios y el absurdo del Reino, "la iglesia es la única institución que, sin ser irresponsable, puede gastar sus recursos a manos llenas en un arranque de compasión".(2) Es decir, la iglesia está llamada, como Zaqueo, a darlo todo para ganarlo todo.

Es importante señalar que ninguna motivación egoísta o de beneficio personal movió a Zaqueo; ni siquiera la oferta de salvación personal. De hecho, la promesa de Zaqueo de dar sus bienes a los pobres sigue a la murmuración de los demás que acusaban a Jesús de haber entrado en casa de un hombre pecador. Zaqueo, como lo haría un niño, decidió dar todo como respuesta a la inmensa alegría de sentirse bien por haber recibido a alguien como Jesús, en su casa.

La decisión de Zaqueo de hacerse niño fue la acción que lo acercó a Jesús y le dio el acceso al Reino: "De los niños es el Reino de los cielos". Jesús le abrió a Zaqueo las puertas del Reino porque éste se hizo como niño. Es desde esa perspectiva como Jesús consideró a Zaqueo, y en ella definió el ser de aquel hombre a quienes otros veían de otra manera.

Es instructivo buscar en el relato los verbos y expresiones que definen a los personajes. Una vez se hace referencia a Jesús: "Zaqueo... procuraba ver quién era Jesús" (v.3). Cuatro veces se hace referencia a Zaqueo: en los versículos 2 y 3 el narrador Lucas dice que Zaqueo "era jefe de los publicanos, y rico" y que "era pequeño de estatura", presentando así el personaje principal a los lectores. En el versículo 7, la multitud define a Zaqueo como "un hombre pecador".  En el versículo 9, Jesús dice de Zaqueo: "él también es hijo de Abraham".

La presentación descriptiva de Zaqueo que hace Lucas tiene la intención de definir quién es el personaje principal del relato. Sin embargo, para cualquier judío de esa época, decir que un hombre era "jefe de los recaudadores de impuestos" y "rico", significaba exactamente lo que se dice de Zaqueo en el versículo 7: "un hombre pecador". A los ojos de la multitud judía, Zaqueo no podía ser más que un hombre malvado y pecador. Basta con descubrir qué dicen los historiadores acerca de los recaudadores de impuestos de la época de Jesús, para poder entender el sentimiento de las masas hacia aquellos.

Zaqueo no era un simple recaudador; era jefe de recaudadores. Es decir, él contrataba a hombres para que trabajaran para él recaudando impuestos en su provincia. Los comerciantes y agricultores que querían vender sus mercancías y productos en territorios vecinos, tenían que pagar tasas que les dejaba un margen casi nulo de ganancias. Como muchos de esos comerciantes tenían que pasar por varias provincias, el impuesto a sus mercancías se cobraba varias veces, al pasar por los diferentes puestos de recaudación. Los viajeros tenían la obligación de declarar lo que llevaban consigo, aun las cosas que estaban libres de impuesto, como sus pertenencias personales. Los recaudadores tenían el derecho de revisar y confiscar la mercancía no declarada. Además, como los recaudadores necesitaban hacer ganancias para ellos y para sus jefes, siempre cobraban más de lo legalmente establecido por Roma.

Los fariseos y rabinos consideraban a los recaudadores de impuestos como impuros, porque usaban medios deshonestos para ganarse el dinero. El judío común los consideraba como bandidos y ladrones. Por ello, para un judío celoso de la Ley y de su religión, la conversión de un recaudador, o publicano como le llamaban, era casi imposible.

La multitud ve en Zaqueo a un publicano pecador, impuro y corrupto; incapaz de alcanzar la salvación. Pero Jesús dice de él: "es hijo de Abraham", pertenece al Reino de Dios; "... hoy ha venido la salvación a esta casa".

La curiosidad infantil, los actos "irreflexivos" y "absurdos" de Zaqueo, lo acercaron a Jesús y éste le abrió de par en par las puertas del Reino. Hoy, nuestra sociedad necesita de Zaqueos que estén dispuestos a hacerse como niños y realizar actos absurdos e irreflexivos para encontrarse con Jesús, para abrirle de par en par sus puertas y para manifestar la bondad en abundancia. En uno de los números de Selecciones me cautivó la siguiente frase que refleja bien el espíritu "zaqueano" del relato evangélico: "Practica el bien ciegamente y realiza irreflexivos actos de bondad". Estos actos que, a los ojos de la cultura actual, se definen como "irreflexivos", "absurdos", "ciegos", son, a los ojos de Dios, los actos más sensatos de compasión y sobreabundancia de amor divinos. Son esos actos que --como el vino de las bodas de Caná, la alimentación de la multitud, la pesca milagrosa-- la mente de quienes formamos parte del Reino de Dios no cuestiona, sino que celebra en festivo espíritu infantil.

(1)     Es interesante lo que dice del sicómoro George Adam Smith: “El sicómoro [fue] empleado como frutal y madera”. Geografía de la Tierra Santa, Edicep, Valencia, 1985, p. 42.

(2)     Robert D. Lupton, Theirs is the Kingdom.  Celebrating the Gospel in Urban America, Harper & Row, San Francisco, 1989, p. 91.

 Edesio Sánchez Cetina


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