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PROTESTANTE DIGITAL
El invernadero
El calendario indicaba que todavía era otoño y que aún faltaban unas semanas para el invierno, pero el termómetro denunciaba las bajas temperaturas. En otras latitudes no muy lejanas parecía que el verano se prolongaba indefinidamente pero su piel acostumbrada a climas más cálidos acusaba el frío mientras paseaba bien abrigado por aquella ciudad gris.
Grises los edificios, grises las nubes, grises los ánimos, todo era gris. Se encaminó hacia Duthie Park como hacían otras muchas personas a esa hora del día con la sana intención de atrapar el más mínimo rayo de sol que se escapara por allí..
La hierba estaba, para su asombro, vigorosa y muy verde. Los árboles de hoja perenne marcaban distancias con los esqueléticos de hoja caduca e imagen triste. Había muchas cepas de rosal en las que destacaban los pinchos casi en exclusiva y alguna que otra rosa. Rosas feas, marchitas, deformes, de colores indefinidos y muertos con pretensión de ser rojas o blancas.
Tras un buen rato de mirar y mirar pensó en la belleza que tendría aquel paraje en la primavera, pero por ahora el paisaje era duro, muy duro, aunque con un gran atractivo para él.
Entró en el invernadero, un edificio grande y acristalado desde cuyo interior —a la temperatura y humedad idóneas para cada tipo de planta— podía percibir los negros nubarrones y el fuerte viento de fuera. Dentro las plantas estaban erguidas y frescas, las flores era hermosas y de colores intensos, había silencio y era un placer pasear entre tanta frondosidad. Hasta los niños ponían su nota de alegría jugando con unas pocas atracciones infantiles.
Al salir de nuevo cayó en la tentación de comparar unas flores con otras, unas plantas con otras y un ambiente con otro.
Muy rápido se dio cuenta del error. Cuántas veces en su vida había trabajado en pésimas condiciones, con gran esfuerzo y con resultados escasos aunque muy costosos, sin tener el reconocimiento de nadie y si la crítica y el menosprecio.
Otras veces, no muchas pero significativas, había trabajado en un ambiente idóneo y con el respaldo adecuado; con menor esfuerzo los resultados fueron espectaculares y había tenido el reconocimiento de muchos, eso que algunos llaman éxito.
Cambió de opinión sobre las rosas feas, marchitas y deformes que no sabía si eran tardías o tempranas para llamarlas valientes por estar en su sitio dando lo que tenían y podían en pésimas condiciones. ¡Qué bien se produce en el invernadero y cuánto cuesta hacer lo que hay que hacer a la intemperie!
Luis Ruiz es ingeniero y escritor
Publicado en P+D:
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