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Fe en contextos difíciles

Auméntanos la fe…  Lucas 17, 5-10


Los discípulos van recibiendo lecciones muy especiales, éstas llegan a replantear algunos rasgos de personalidad.  En esta ocasión ellos piden a Jesús que les ‘aumente’ la fe  (Lc 17,5), Jesús atiende su pedido, por lo tanto debe comenzar por hacerles entender que en el estado actual del desarrollo de sus vidas, en lo que hace a sus creencias, su manera de comprender el poder (divino y humano), y el estilo de relaciones que en la convivencia ponen en práctica, en todo esto, no hay fe: ‘…si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza… (Lc 17,6).  Por lo tanto para que nazca la fe hay que preparar un terreno, sembrar algunas cosas y como consecuencia de ello recién se podría hablar de fe; la fe es el resultado de una serie de cuestiones que traspasan lo individual y se instalan en el plano de la relación con el contexto.  Para hablar de fe, necesitamos hablar de los intereses que motivan la relación interpersonal o grupal.  Jesús les da el ejemplo de un servidor que trabaja en el campo (Lc 17,7-10), es decir que para hablar de fe es necesario hablar de trabajo, esto ya nos aleja de esa idea de la fe como un poder mágico y nos acerca a algo que necesita ser trabajado.  Debemos entender al trabajo no solo como un empleo asalariado, sino como aquella actividad humana productiva y creativa -remunerada o no- en la que se aporta energía física y psíquica, habilidades y conocimientos, y de la cual se obtiene alguna compensación.  En la práctica del ‘mercado’ laboral hoy ocupa un lugar central esta cuestión de la compensación y viene a ser el factor que da la motivación a trabajar. Cuando la vocación está desarrollada en el trabajo, la compensación excede lo remunerativo (pago por el trabajo hecho), mientras que para el trabajo donde no se desarrolla una vocación, lo remunerativo no termina de compensar.  Esto nos indica que el desarrollo de la vocación es parte del terreno donde crecerá la fe, porque es el terreno donde lo remunerativo no lo es todo, y la fe junto a la vocación (de servicio), se convierte en una fuente de valores que orienta el estilo de convivencia.

En las relaciones interpersonales o grupales que están condicionadas por lo remunerativo, se desarrolla un sistema de manejo del poder que aspira ser mágico, y de ahí viene esta idea de que ‘si puedo pagar hago lo que quiero’ o ‘el que tiene plata hace lo que quiere’, el tema es que no hace lo que quiere solo con su vida, sino que aspira hacer lo que quiere con la vida de los demás.  Pensemos este razonamiento llevado a las relaciones interpersonales, veremos que las relaciones estarán marcadas por un despotismo cruel (visto desde la relación de una singular pareja o familia hasta la relación de gobernantes y población, con todos los intermedios que se les ocurra), donde el que no puede pagar está condenado al sometimiento de las ocurrencias del que sí puede pagar.  En este sistema de interrelación personal, la persona humana queda relegada -en el mejor de los casos- a un segundo lugar, pensemos en la explotación, prostitución, trata de personas, acosos, abusos, etc, etc.  Creer y decir que se tiene fe mientras instrumentamos un sistema de sometimiento y explotación, pisoteando los derechos y la dignidad de otros/as, no es más que una falacia.

Como Jesús conoce el sistema de creencias del que forman parte sus discípulos, les esclarece que para hablar de fe es necesario replantearse los intereses que motivan el sostenimiento de una convivencia donde, el maltrato, abuso y cuantas cuestiones que pisotean la dignidad y el derecho, están avaladas y sostenidas por un sistema de poder basado en lo remunerativo.  Esto hace que en la sociedad humana el que más puede pagar es el que más poder tiene, no importa si aquel dinero que dispone para pagar proviene del narcotráfico, casinos, tráfico de órganos y personas, coimas y corrupción del tipo que fuera.  El poder brindado por el dinero (o lo remunerativo), conduce a la aspiración de poder hacer con los demás lo que uno quiere, y los que no lo hacen es simplemente porque hay otros que tienen más dinero y no les ‘alcanza’ para mandarlos (no es que harían otra cosa si tuvieran el dinero suficiente).  No es casual que Jesús le ponga este ejemplo del siervo que al volver del trabajo en el campo, no debe aspirar ser servido, sino continuar sirviendo (Lc 17, 7-8), y para ello debe tener fe.  Es decir, hacer las cosas más allá de la conveniencia que se pueda tener, practicar un estilo de convivencia más allá de lo remunerativo, enfocando la vida en el cuidado y protección de los derechos y dignidad de lo que tiene vida.

Fabián Paré



Tomado de Red de Liturgia del CLAI

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