|
PROTESTANTE DIGITAL
Para no entenderse
Luis Ruiz
Si lo que quieres es no entenderte con nadie empieza por considerarte superior a todos y menosprecia con disimulo a los demás. ¡Ah! No te olvides que no hay más que una verdad, la tuya. Convéncete de tu sinceridad incuestionable y presupón en otros dobles intenciones ocultas que pasan desapercibidas a todo el mundo pero que tú, con la pericia que te caracteriza, has sido capaz de descubrir.
Valora siempre lo que te digan como un despiadado ataque personal y defiéndete con uñas y dientes. Di que no antes de escuchar y si, a causa de un imperdonable descuido por tu parte, consiguen expresar todo lo que se proponían responde enérgicamente que no; no te preocupes porque tarde o temprano se te ocurrirán argumentos con los que envolver tu negativa.
Cuando no tengas argumentos grita y, si los tienes, también. No admitas con facilidad a trámite ningún tema pero sin cometer el error de expresarlo con claridad, así los otros harán un gasto tan grande de energía en el planteamiento que no les quedarán fuerzas ni ganas cuando llegue el momento de abordar el meollo.
Si de verdad quieres no entenderte con nadie tienes que elevar a la categoría de esencial lo que no sea más que una anécdota y utilizarlo para oponerte.
Reduce lo que te digan a algo evidente y simplista ya que eso acostumbra a poner muy nerviosos a los interlocutores bienintencionados. La táctica del cortocircuito acostumbra a dar buenos rendimientos, procura interrumpir con frecuencia y deriva la conversación sacando todo un tema colateral de alguna palabra expresada sólo de pasada; es muy divertido comprobar las largas derivas que pueden tomar las conversaciones.
Procura contestar a lo que no se te plantea y dejar de lado lo que escuches, si eso no fuera posible recurre, sin pensarlo dos veces, a respuestas tanto más ambiguas cuanto más concretas sean las preguntas.
No te olvides que la más mínima crítica -basta con que tú tengas el más mínimo indicio de que pudiera llegar a serlo- tiene que ser contestada con expresiones como “Todo el mundo hace lo mismo”, “Tú también”, “Y tú más” o el infalible “Pues anda que tú…”.
Si en tu presencia preguntan algo a un tercero, no hay que dejar pasar la oportunidad de contestar cualquier cosa a la carrera sin dar tiempo al interesado para pensar su respuesta. No reflexiones sobre ninguna de estas cosas simplemente di que tú eres así.
Existen otras fórmulas pero si aplicas éstas con el debido esmero tendrás garantizados unos resultados más que aceptables. Cuando hayas conseguido una buena cota de desencuentro lo apropiado es echar la culpa a los demás por ello.
Luis Ruiz es ingeniero y escritor
Publicado en P+D:
http://www.protestantedigital.com
sentircristiano.com
|