Una libertad cristiana
«…si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres.» Juan 8, 31-36
El concepto de libertad ha estado latente desde Jesucristo, y en la cultura occidental tomó un lugar importante desde la revolución francesa.
Es un concepto que en su desarrollo cultural fue ganando espacios y logrando el reconocimiento de los derechos. Si hablamos de ganar espacios y lograr reconocimientos, hablamos de algo que no era permitido, y la razón de aquellos que no permitían la libertad se fundaba en el miedo a perder el poder y el control sobre la vida de los demás.
El proceso histórico fue mostrando cambios en la manera de ejercer el control, el cambio más notorio es el paso de un ejercicio de control externo a un control interno: la persona en un momento tuvo condicionado su comportamiento por una fuerza coercitiva exterior, y luego pasa a un momento en que la misma persona ejerce el control de su comportamiento (súper yo), podríamos decir que llega a identificarse con el mecanismo de control que desean ejercer sobre ella. El ‘ponerse la camiseta’ es un ejemplo de cómo las personas incorporan en su propia conducta el control que otros necesitan tener sobre ellas.
Una de las características de esta evolución de la manera de controlar es la identidad que presta el ‘dueño’ de cierta ‘camiseta’, lleva a que las personas que no puedan construir una identidad propia, incorporen la ‘camiseta’ como suya, y pasan a ser la ‘camiseta’ misma.
Es aquí cuando se complican algunas cosas, dado que se pierde el lugar de importancia y la posibilidad de evaluar si la conducta que se está manteniendo es ética o no, si se respetan los derechos de los demás o no, si estamos coartando la posibilidad de desarrollo de otras personas o no, en fin, lo único que pasa a ser importante es ‘la camiseta’: sos o no sos. Cualquiera que no se identifique con la ‘camiseta’ del que pretende controlar, pasa a ser considerado un potencial enemigo o competencia a la que por la inercia del sistema se procura eliminar.
Es interesante reflexionar cómo funciona este sistema de control en las distintas organizaciones de nuestra sociedad. Nos será útil tener en cuenta todo esto para reflexionar el significado de la libertad que surge del planteo de Jesucristo, razón por la que debe ser parte del pensamiento cristiano.
Jesús plantea condiciones necesarias para que el ser humano pueda ser libre, y tiene que ver en primer lugar con permanecer fieles a la Palabra de Jesucristo (conducta personal), esto llevará que podamos formar parte de su discipulado (conducta grupal), y luego esto nos llevará a conocer la verdad (resultado de la conjunción de una conducta personal y grupal), y el resultado permitirá la presencia de la libertad.
Veamos un ejemplo: Jesús plantea que hay que perdonar setenta veces siete (Mt 18,22), si permanecemos fieles a su palabra, nuestra conducta personal debe poner en práctica ese perdón, lo que nos unirá al grupo de personas que también lo hacen, y nos posibilitará desarrollar una verdad diferente a la establecida por la sociedad, y podremos comprender que el valor buscado por Dios (por lo tanto bueno y saludable para el ser humano), está en la inclusión y unidad, y es en ella donde hallamos libertad; mientras no se logre estaremos prisioneros de los intereses de controlar la vida de los demás.
El interés por controlar la vida de los demás atenta contra los derechos de las personas, dado que el/la que intenta controlar tiene intereses distintos a los de Dios (por algo Jesús pone como condición fidelidad a la palabra de Dios, no a la palabra de fulano, mengano o de tal ‘camiseta’).
El reconocimiento de la libertad, va de la mano del reconocimiento de los derechos. Si se habla de libertad, debemos tener presente los derechos que tiene una persona (niña, niño, adolescente o adulto), y sobre todo permanecer fieles a la educación -en nuestra convivencia- de una libertad que respete los derechos. Si no estamos dispuestos/as a considerar el perdón en nuestra convivencia, no permaneceremos fieles a la Palabra de Dios, no podremos ser discípulos (aprendices) suyos, no podremos comprender una verdad diferente a la competencia excluyente instalada en la sociedad, y no podremos más que hablar de un mercado libre, dado que las personas no podrán superar la cautividad que ejercen como control sobre ella, especialmente aquel control que se internaliza alienando a la persona.
La libertad cristiana debe propugnar un estado de conciencia, desde el que no se subordine la fidelidad a alguien o algo que no sea Cristo.
Fabián Paré
Tomado de Red de Liturgia del CLAI
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