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 Lupa Protestante es una publicación de Ateneo Teológico

No demos a Dios lo que es de César


Lola Sánchez, España

Me da el pálpito que allende los mares alguien ha decidido: “los evangélicos españoles serán ultraconservadores, o no serán”. Porque no tiene otra explicación lo que está pasando y he podido observar desde hace ya varios años. Asistimos impasibles a esta ola de posturas reaccionarias dejándolas penetrar en nuestras iglesias sin ponerles ningún tipo de traba.

Primero comenzaron los que traían una “nueva unción”, unas nuevas experiencias espirituales, que apenas ocultaban lo que no era sino mero pensamiento totalitario y regresivo. Nos pilló por sorpresa y algunos fuimos absolutamente incautos. Una de las cosas que comenzaron a cambiar en algunas de nuestras Iglesias fue el gobierno congregacional (ejemplo de democracia en tiempos en que en España ni se soñaba con ello), siendo sustituído por una estructura piramidal en cuyo vértice está el Pastor y sus ancianos como únicos portavoces de la voluntad divina. A continuación, siguió “poner en orden” la situación de las mujeres en la Iglesia. Si ya por cultura estábamos postergadas a limpieza y cuidado de niños prácticamente, nos faltaban los “nuevos aires” que vinieron a consolidar este lugar secundario adoctrinando a las congregaciones con más estructuras piramidales, esta vez dentro de la vida familiar, dejando bien claro que por orden de autoridad es Dios, varón y mujer. Esto, en el machismo español caló con una facilidad insultante, utilizando algunos versículos que hablan sobre las mujeres con literalismo, de manera textual, sin tener el más mínimo interés en interpretar las Escrituras en su correcto contexto de tiempo y cultura, como se hace para otros temas.

Por si era poco, vinieron las elecciones y apareció en el panorama evangélico la plataforma “España ora por España”, de marcado carácter conservador, convocándonos a todos los evangélicos a una concentración. Colaboradores de esta campaña firmaban artículos de la siguiente guisa: “oremos para que Dios impida que continúe este Gobierno impío..” (refiriéndose, claro está, al Gobierno del PSOE). Brutal (¿alguien conoce algún Gobierno no impío?). Afortunadamente, desde FEREDE se pusieron los puntos sobre las íes y se consiguió encarrilar de la manera más adecuada dicha concentración, aunque algunos fueron tachados de que no querían “orar por España”, cosa absurda. Para que todos nos hubiéramos unido a tan loable convocatoria, sólo hubiera hecho falta una cosa, cambiar la fecha de la concentración sencillamente una semana después de las elecciones y orar por el Gobierno que libremente hubiéramos elegido los ciudadanos. ¿Qué sentido tenía orar por unas autoridades que aún no habían sido elegidas, si no era con la manifiesta voluntad de manipular la intención de voto de los oyentes? Lo que más lamento, es que los que organizan estos actos abusan de la buena voluntad de nuestras gentes. El creyente de a pie actúa con la inocencia del que no tiene mala fe, del que sabe que si le piden “orar por…” será bueno, y no sabe lo que hay detrás. Pero los que organizan, sí saben.

Lo próximo que nos viene encima es la información que se quiere dar a las congregaciones sobre la necesidad de objetar a la asignatura Educación para la Ciudadanía. La guerra está servida y, en cuanto se ponga en marcha está asignatura en las Comunidades Autónomas que faltan, se atacará políticamente por todos los frentes y uno parece ser que somos las Iglesias Evangélicas.

Resulta que hay padres muy preocupados porque con esta asignatura se enseña a “tolerar a los homosexuales y los niños pueden sentirse inclinados a serlo” (frase textual que pude escuchar). ¿En serio alguien piensa que por tolerar, es decir, respetar a un ser humano por cómo es, su niño va a salir homosexual?. Pobres niños de hoy, con los ojos puestos en el ordenador todo el día, zampando bollycaos llenos de colesterol y teniendo como mejor amigo el “chateo” y el móvil; como experiencias vividas los video-juegos, y para rematar unos padres ñoños, sobre-protectores y llenos de miedos. Que un niño aprenda que tiene que respetar a las minorías como homosexuales u otras religiones (que por cierto, ahí estamos nosotros), que aprenda que debe haber igualdad entre mujeres y hombres, que aprendan los principios de la democracia y lo que es convivencia, etc….quiere hacerse pasar por peligrosísimo para las criaturas. ¡Que pronto hemos olvidado que homosexuales y prostitutas, fueron nuestros compañeros de viaje durante el franquismo en la Ley de Peligrosidad Social, heredera de la Ley de Vagos y Maleantes en la que estábamos los evangélicos también incluidos!

Los evangélicos, sabemos que los dos pilares donde se forma a un niño, es su familia y la Iglesia. No queramos hacer pequeños “budas” intentando ocultar la realidad que hay fuera. Si actuamos con responsabilidad de padres, lo que puedan ver u oír en la calle lo van a cuestionar, y ellos, al final, serán libres de decidir qué camino deben tomar; pero no podemos pretender meterles en una urna de cristal.

Ciertamente, los principios del Nuevo Testamento no nos enseñan a “tolerar a los homosexuales”, sino que dando otra vuelta a la tuerca, nos obligan a amarles y a predicarles el Evangelio. Dios es quien tiene que cambiar los corazones y sabe tener respuestas para situaciones que nosotros ignoramos. A ver si aprendemos de una vez que nosotros no somos los jueces de nuestros semejantes.

Mi reflexión es que si no ponemos una frontera bien definida de lo que es la separación Iglesia y Estado en todos los ámbitos, vamos a enfrentarnos a sucesivas confrontaciones dentro de nuestras Iglesias que van a debilitarnos. Los evangélicos sufrimos constantes divisiones en nuestras congregaciones ya sea por personalismos, por causas doctrinales, etc..Ya sólo nos faltaba que las tuviéramos por causas políticas.

En mi iglesia más o menos nos conocemos todos y sabemos qué inclinaciones tiene cada uno pero en lo que es la vida de Iglesia esto es y debe seguir siendo secundario. Podemos orar unos por otros, sentirnos unidos por una misma fe y ayudarnos llegado el momento pero si unos intentan influir en las Iglesias a favor de una orientación política, los otros también lo harán (como dice el refranero: “o jugamos todos o rompemos la baraja”). Será justo, entonces, que los que son nacionalistas hablen de Independencia en la Escuela Dominical, que los marxistas expongan su pensamiento político en los púlpitos y algún nostálgico, si quiere, pueda sustituir el “Firmes y Adelante” por el “Montañas Nevadas” etc… Si vamos a ser igual y vamos a decir lo mismo que la Conferencia Episcopal, habrá resistencia y nuestras congregaciones se dividirán internamente haciendo difícil la convivencia y el amor fraternal.

No dejemos que lo peor de la política entre dentro de nuestro ámbito. Que nuestras congregaciones sean centros de recogimiento y calor para todos los hombres y mujeres. Que nuestro fin principal sea la predicación del Evangelio de Jesucristo, la proclamación de la paz y la justicia. Que nuestra voz sea identificada como los que aman y respetan a las personas, sin miedos estúpidos. Comportémonos como lo hacía el Maestro, que hablaba con prostitutas, con publicanos y pecadores, con lo despreciado del mundo sin contaminarse. Dejemos la política a los políticos, ellos deben legislar para toda la ciudadanía, para católicos, para ateos, para agnósticos, para musulmanes, para familias, para evangélicos, para homosexuales…para todos, y es tarea bien difícil.

Seamos, pues, ejemplo para nuestra comunidad siendo los mejores ciudadanos, con nuestras inclinaciones políticas a las que tenemos derecho, pero no les hagamos el juego a quienes nos quieren manipular políticamente y dejemos la política a las puertas de las Iglesias, demos a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

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Isabel Pavón.
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