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La oración de clamor

Salmo 27:7 “Oye, oh Dios mi voz con que a ti clamo. Ten
misericordia de mí y respóndeme”
Salmo 28:1a “A ti clamaré, oh Señor, Roca mía, no te
desentiendas de mi...”

A veces nuestra oración no es más que clamor, no salen de nuestros labios sino súplicas y aún quejas a Dios, y después podemos sentirnos mal, pensando que esa forma de hablarle a nuestro Señor puede ofenderle, o quizás es falta de fe.
Pero el lamento no significa que neguemos el poder o la existencia divina, significa que lo involucramos en nuestra tristeza y pesar.

En el salmo 34:6 David dice: “Este pobre clamó, y le oyó Dios, y lo libró de todas sus angustias”. Tenemos muchos ejemplos bíblicos; David, Jeremías, Habacuc…este último es digno de conocerlo y meditar en su forma de hablar con Dios.

Habacuc empieza quejándose, lamentándose a Dios y le hace preguntas que nos pueden parecer impertinentes… “¿Hasta cuando?” “¿Por qué?”… Pero en realidad eso es fe, pues le habla a Dios desde el dolor, sabiendo que solo Él es el que le puede dar razones del problema y el que puede cambiar la situación.
¿Dios se enfada con Habacuc? No, Dios le responde; le explica el porqué y le da información. Habacuc entiende y alaba al Señor en medio del problema. Esto lo podemos ver en los tres capítulos del libro del profeta.

El mismo Jesús le pregunta al Padre porqué le ha abandonado, clamando a gran voz (Marcos 15:34).

Si nosotros oramos en momentos de tempestades, en momentos de dificultades y penurias, sería bueno hacerlo como terminó Habacuc, usando las expresiones “aunque” y “con todo”, él terminó bendiciendo y alabando a Dios a pesar de las circunstancias.

Lo interesante como hemos dicho, es meditar en como empieza y como acaba la oración.

En el capítulo 12 de Jeremías vemos al profeta en una situación parecida a la de Habacuc y como al entrar en los secretos de Dios, comprende o al menos acata la voluntad y la soberanía de divina, pero la verdad es que tampoco tenía otra alternativa.

Cuando estemos en conflictos y tampoco entendamos el porqué, solo la humildad y el sometimiento a nuestro Dios hace que “veamos” sus razones o por lo menos que las aceptemos y que nos quedemos en paz. Por eso es importante meditar la reacción final de Habacuc.

Clamar a Dios es lícito ¿A quien si no?

Salmo 142:1-2; David dice:
“Con mi voz clamaré a Dios, con mi voz pediré a mi Dios
misericordia. Delante de él expondré mi queja, delante de él
manifestaré mi angustia.”

Nuestro espíritu debe estar preparado para clamar ¡Abba Padre!
(Romanos 8:15, Gálatas 4:6)


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Encarni Sánchez .
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