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Cantando por la mañana

Caramba, que horror, andamos por la vida quejándonos del calor o del frío, de la lluvia o de la sequía,  de la gente o de la falta de gente, del suegro, del niño o la niña, de los vecinos del cuarto, del tercero, del segundo y del primero, del presidente de la comunidad, del jardinero, de la falta de seguridad, de la multa del policía local, de la impuntualidad del autobús, de lo caro que son los taxis, de lo caro que es todo, de los políticos, del jefe que no nos sube el sueldo, del trabajo y de la falta de trabajo, de los compañeros que son unos trepas, nos quejamos de nuestra condición insatisfecha, de las   vocaciones nunca realizadas, de la televisión, de los atascos, de lo delgado que son los tabiques, de lo gordo que estamos, de lo cara que son las casas, de la cara que gastan  los banqueros, del préstamo hipotecario, del gorrino de mi cuñado que no me devuelve el préstamo, nos quejamos  de la nariz que es grande o de la estatura que es pequeña, nos quejamos del medico que no me atiende, o de los maestros que desatienden a nuestros hijos, del súper y del hiper, de la prensa, de lo caro que están los tomates, de lo verde que están los melones, nos quejamos del barrio, del botellón, de los inmigrantes, nos quejamos de los suspensos de los niños, y del suspense que nos proporcionan cuando ya no son tan niños, de la iglesia, del ayuntamiento, de las facturas del  albañil, del fontanero, del carpintero  o de que no es posible encontrar un albañil, o un fontanero o un carpintero.

Nos quejamos de nosotros mismo, de los demás, de todo y por todo y en todo momento.

Nos quejamos de la esposa o del marido que nos tocó.

Nos quejamos de Dios, por supuesto.

Nos quejamos de que el frigorífico no enfría o de que el coche se nos calienta, el ordenador se nos bloquea, el ascensor no funciona, el euro no me llega, nos quejamos.

Nos sentimos frustrados a cada instante y  nos quejamos.

Nos convertimos en volcanes que expulsan ríos de queja y lo convertimos todo en un erial.

Arruinamos el jardín más bello, el amanecer más esplendido, la sonrisa más tierna con nuestras quejas.

Mustiamos todas las flores, secamos todos los corazones, ennegrecemos todas las ilusiones con nuestra queja.

Y cada vez que lo hacemos nos arrastramos estúpidamente por los suelos y nos mutamos en gusanos.

Ay amigos...paremos un instante nuestra queja......si solo hiciéramos un poquito de caso  a los pájaros que saludan el día con su canto, si lográramos cambiar el curso de los acontecimientos y sonriéramos sin pedir nada a cambio y diéramos gracias por cada pequeña cosa que a nuestra vida viene, buena o mala, entonces de seguro, de cierto de cierto...empezaría a brotarnos alas,  veríamos la vida desde otra perspectiva, estaríamos mas cerca del cielo y seriamos caramba....mas felices.

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José Luis Estéban.
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