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CUMPLE TU MINISTERIO (1ª parte)
Un mensaje a los obreros de Dios
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.
Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2ª Timoteo 4:1-7)
Tenemos aquí un mensaje del Apóstol San Pablo a su discípulo y colaborador en la obra, Timoteo. Es una exhortación y una palabra profética expresada con toda la autoridad apostólica departe de Dios.
Debido a los peligros existentes en la iglesia y a todo lo que estaba por acontecer el Apóstol previene a este joven pastor y le explica lo que debe hacer y como ha de trabajar en la obra del Señor y en que manera debe cumplir su ministerio. Por otro lado, a Timoteo le hacia mucho bien tener a alguien como el apóstol Pablo, un cristiano experimentado, un obrero incansable y un fiel ministro de Cristo, que le supervisara y le aconsejara en todo lo relacionado a la obra de Dios y su vida personal. Timoteo presentaba algunas carencias y deficiencias naturales en su carácter que podían constituir un peligro y estorbo para el desempeño del ministerio que se le había encomendado, si el permitía ser dominado por ellas. Por esta razón San Pablo en las dos cartas que le escribe le hace frecuentes exhortaciones a no dejarse dominar por sus limitaciones naturales sino a echar mano de los recursos de Dios.
Ahora bien, esta escritura está dirigida también a todos los obreros del Señor, a los pastores, a los evangelistas, a los maestros y a toda la iglesia de Jesucristo de nuestro tiempo. Encontramos en este pasaje un llamado contundente al cumplimiento de nuestra responsabilidad, a obedecer la gran comisión, a trabajar en la edificación de los creyentes y a cumplir con los propósitos de Dios conforme a la gracia y los dones que nos hayan sido dados.
Hoy mas que nunca existen diversos peligros en la iglesia, falsos maestros y falsas doctrinas, obreros fraudulentos que en vez de salvar a las almas las llevan a la perdición. El Señor espera que aquellos que él ha escogido sean siervos fieles, y que no aparten sus manos del arado, que con diligencia procuren presentarse a Dios aprobados como obreros que no tienen de que avergonzarse, usando bien la palabra de verdad.
Entremos entonces a examinar con detalle estos versículos que nos alientan a ir hacia delante en la tarea que se nos ha encomendado y a cumplir con nuestro llamado.
Un encargo departe de Dios y de nuestro Señor Jesucristo. “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo”
El Apóstol San Pablo inspirado por el Espíritu Santo y en la presencia de Dios nos hace esta encomienda en forma encarecida y de manera muy enfática. Algunos profetas de Dios usaban la expresión “vive Jehová en cuya presencia estoy” para asegurar que lo que a continuación iban a decir era palabra de Dios y que Dios mismo era testigo.
Timoteo ya había sido llamado por Dios y encomendado al ministerio anteriormente, ya tenia una cierta trayectoria en el servicio a Dios. Sin embargo la situación era que para llevar a cabo su trabajo se enfrentaba con muchas dificultades e impedimentos, situaciones que representaban una resistencia en el desempeño de su tarea, y obstáculos que lo intimidaban para que retrocediera en su empeño de seguir adelante. El Apóstol lo que pretendía era alentar, confirmar y consolidar a Timoteo para que continuara su labor.
Es un gran privilegio ser llamado y escogido por Dios para ser participe en la obra del ministerio, pero es también un reto y una tremenda responsabilidad. Nadie debería meterse en ningún tipo de servicio ministerial si no ha sido seleccionado por el mismo Señor e investido por la unción del Espíritu Santo.
Cada creyente y obrero debe atender de forma individual al llamado de Dios y al cumplimiento de la función que Dios le haya dado.
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (1ª Pedro 4:10,11)
Toda la iglesia en su conjunto debe poner atención al mandato de Dios como pueblo que ha sido escogido por Él para desempeñar una misión en el mundo.
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” (1ª Pedro 2:9,10)
Consideremos ahora la tarea del ministerio según nos lo expone San Pablo en este pasaje y como hay que desempeñarla.
Hay dos proposiciones principales sobresalientes que debemos atender si es que vamos a cumplir con el ministerio: Por un lado la predicación y enseñanza de la palabra de Dios a los creyentes, y por el otro, la obra de evangelismo en el mundo.
Si descuidamos alguna de las dos habrá consecuencias desastrosas dentro del conjunto de la obra de Dios. Si desatendemos lo primero, los creyentes no serán discipulados y formados y no habrá un crecimiento espiritual o desarrollo hacia la madurez, no serán capacitados para la obra del ministerio y en el desempeño de sus dones. Pablo dijo a Timoteo:
“Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” (2ª Timoteo 2:2)
En cuanto a la obra de evangelismo ¿Cómo alcanzaremos a los que aun no son salvos si no vamos a ellos y les predicamos? Esta es la misión de la iglesia, ir por todo el mundo anunciando el evangelio del reino de Dios. Ya hemos leído en el pasaje de Pedro: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”
No se le debe restar importancia a ninguno de estos dos aspectos que forman parte de la obra de Dios, hay que atender a ambos, no tenemos excusa para no hacerlo. Es necesario atender el ministerio en su área de formación y discipulado, así como en la obra de evangelismo. De esta manera se completa el ciclo de la gran comisión dada por nuestro Señor.
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