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CUMPLE  TU  MINISTERIO (2ª parte)

Un mensaje a los obreros de Dios



La predicación de la palabra de Dios. “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra”

Esta es la tarea principal en la que se deben ocupar los ministros de Dios, exponer al pueblo del Señor las verdades eternas del reino. Es muy importante que comprendan que es para esto que han sido llamados, esta es la ocupación primordial de los que son comisionados, la de anunciar el evangelio de Jesucristo y hacer discípulos.

La predicación es la proclamación pública y abierta de la actividad redentora de Dios en Jesucristo y por medio de Jesucristo. Se traduce del verbo kérysso: “proclamar como un heraldo” El heraldo era un hombre empleado por los reyes para hacer las proclamas publicas. Así que predicar es proclamar como un heraldo el mensaje de las buenas noticias de la salvación.
La proclamación es por excelencia el método más efectivo para sembrar la semilla del reino y hacer conocer a los hombres la voluntad de Dios

Aquí el Apóstol se está refiriendo al acto en vivo y en directo que es lo que se define como predicación, donde existe un emisor (predicador), un mensaje (la palabra de Dios) y un receptor o receptores que son los que oyen.
Hay muchos otros medios a nuestro alcance que son muy validos y de los cuales podemos hacer uso como son los libros, tratados, la radio, la televisión y los ordenadores etc.

No obstante estoy convencido de que el medio elegido por el Señor es el mas efectivo para el cumplimiento de los objetivos que son conforme a los planes de Dios. Debemos recordar siempre que la palabra de Dios es viva y eficaz, y que estas dos cualidades operan por ese medio que el Señor ha determinado tan explícitamente como es la palabra hablada. La unción del Espíritu Santo opera en el mismo acto de la predicación sobre el mensajero y la palabra que se declara con el propósito de que ésta cumpla sus objetivos. Leamos el pasaje que citó Jesús en el templo haciendo referencia a este asunto del que estamos tratando y observemos que otras cosas están implicadas en lo que es una predicación bíblica.

“El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del Señor.” (Lucas 4:18,19)

El Señor mismo ha prometido acompañar y estar presente con aquellos que predican su palabra, confirmándola con señales y prodigios. En otro lugar también nos dice la escritura de Dios que el Espíritu Santo sería testigo juntamente con los que cumplen esta gran comisión.

Pablo menciona en la primera carta a los corintios que Dios ha escogido la locura de la predicación para que sea llevado a los hombres el mensaje de salvación, y a fin de que sean instruidos en el conocimiento de la verdad de Dios.

“Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.” (1ª Corintios 1:21)

Es necesario que se predique todo lo que comprende el consejo de Dios, toda la escritura, pues toda ella es útil para la formación del hombre que quiere servir a Dios.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”  (2ª Timoteo 3:16,17)

Las escrituras no nos dan opción a que prediquemos de otros asuntos, excepto del evangelio de Dios, de la persona y obra redentora de Jesucristo.

En nuestra actualidad se le llama predicación a cualquier cosa, simplemente por el hecho de que se use el pulpito cristiano y se toque cualquier tema desde él ya se le considera una predicación del evangelio. Sin embargo si analizamos con atención los contenidos de estos mensajes descubriremos para nuestra sorpresa que la mayoría de ellos no tienen nada que ver con la exposición de la palabra de Dios, ni del evangelio de Jesucristo.

La gran cantidad de mensajes que se dan, se centran en el hombre, en como pueden lograr sus ambiciones personales y como prosperar y tener éxito en la vida. Mucha de la predicación de hoy está fundada en una psicología no bíblica para enfrentar las necesidades, conflictos y crisis del ser humano.

El énfasis que se hace con diferentes métodos de psicología de regresión deja por completo de lado la obra del Espíritu Santo.
Para muchos predicadores el mensaje de la cruz ha dejado de ser el centro de su predicación, la obra de la crucifixión de Cristo y su resurrección ya no tiene suficiente poder para ellos.  

En vista de los peligros que acechaban a la iglesia, San Pablo le dice a Timoteo explicándole con detalle en que manera debe realizar su tarea. ¿Cuándo ha de hacerlo? ¿Cómo debe hacerlo? ¿En que debe poner su énfasis? ¿Con que espíritu debe realizarla?

En cuanto al tiempo o el momento en que se debe llevar a cabo el trabajo de predicar, enseñar y evangelizar, dice el Apóstol que siempre es oportuno. que instes a tiempo y fuera de tiempo”

La necesidad era tan imperiosa, que la situación requería una acción continuada, sin descanso, para no dar lugar al enemigo. Pablo le está diciendo a Timoteo que bajo ningún concepto pare de cumplir con el ministerio de la palabra. Cualquiera que fuera la situación que estuvieran atravesando, ya fuera favorable o con oposición, ya fuera con persecución externa o con resistencia interna de algunos hermanos. Satanás estaba haciendo su obra por medio de sus emisarios los falsos maestros que engañaban al pueblo de Dios extraviando a las almas, el enemigo no tomaba descanso.

Así es también en nuestra actualidad, y aun la situación es mucho más grave, los enemigos del reino de Dios están trabajando, el diablo tiene a sus siervos haciendo su obra sin parar. Pero muchos verdaderos obreros de Dios están neutralizados, no saben lo que tienen que hacer o bien están rezagados y en temor. Existen muchos factores que están estorbando, distrayendo e impidiendo que el pueblo de Dios se beneficie del ministerio de la palabra y que el evangelio sea predicado a los que no han creído aún.

La iglesia necesita hoy de manera imperiosa ser instruida en las verdades y principios del reino de Dios. El tiempo que se nos ha concedido debe ser redimido y aprovechado para la gloria de Dios. Esto es así cuando nos ocupamos en instruir e instruirnos en la palabra de Dios y en la proclamación del evangelio a los perdidos.

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.” (Efesios 5:15-17)

No deberíamos estar dejando pasar el tiempo pensando que los cambios acontecerán por si solos, o que al fin Dios hará su obra de todas maneras. Es una irresponsabilidad y negligencia, una negación, un rechazo y desperdicio de la gracia de Dios quien nos ha dado todos los recursos divinos y que nos ha concedido el privilegio de ser sus embajadores. Es ahora el tiempo oportuno de buscar a Dios y de conocerlo, es ahora el momento de servirlo, ahora está extendido su brazo y es el tiempo de salvación. Si esperamos mejores momentos, estos no vendrán; si aguardamos mejores oportunidades tampoco sabemos si llegarán.

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.
¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.” (Mateo 24:42-47)

Jesús expresó con sus palabras la disposición que debemos tener todos los obreros del Señor cuando dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja y yo trabajo”  En el reino de Dios no existe el paro ni el desempleo. Encontramos también en la palabra de Dios ese pasaje en Corintios que hace alusión a crecer siempre en la obra del Señor.

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” (1ª Corintios 15:58)


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