CUMPLE TU MINISTERIO (3ª parte)
Un mensaje a los obreros de Dios
En cuanto al énfasis que debemos poner en el mensaje, la actitud que hay que mostrar cuando lo impartimos y el contenido del mismo, lo vemos en la frase siguiente: “redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”
Reargüir: Según el diccionario de la R.A.E significa: Convertir el argumento contra quien lo hace.
Esto podemos lograrlo haciendo que la persona vea el resultado de sus pensamientos, su orientación y el fruto que está cosechando en su vida. También mostrándole conforme a la palabra de Dios hacia donde se dirige si persiste en su actitud, es decir lo que será su cosecha final.
Esta definición me hace recordar el pasaje de la segunda carta de San Pablo a los corintios:
“porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.” (2ª Corintios 10:4-6)
De manera que uno de los propósitos que deben cumplir la predicación y la enseñanza es la de que las personas se vuelvan a Dios en su manera de pensar. Sin embargo esto no es tan fácil, no se consigue alcanzando solamente el intelecto del individuo, haciéndole escuchar el evangelio y nada más. Observemos en este pasaje de corintios que existen barreras espirituales, actitudes emocionales y pensamientos muy arraigados que deben ser destruidos. Estas son las fortalezas que cada persona ha ido edificando a lo largo de su vida y en las cuales se refugia. Para derribar esas gruesas paredes donde cada cual está encerrado necesitamos usar las armas espirituales que Dios a provisto: La palabra de Dios, la oración y la dependencia del Espíritu Santo. Dios no va a edificar sin antes haber derribado, y nosotros tampoco tendremos éxito, ni haremos un trabajo duradero si no hacemos bien las cosas. Los argumentos que cada uno ha levantado en contra de Dios, opuestos a la verdad revelada deben ser desechados. Son pensamientos altivos, de autosuficiencia, nacidos de la dureza de un corazón orgulloso. Estas son formas de pensar muy arraigadas que incluso siendo creyentes tenemos que lidiar con ellas y combatirlas, porque de otra manera nos estorbarán para conocer a Dios y avanzar en la vida espiritual. Mientras persistan estas fortalezas en la mente, en las emociones y voluntad de la gente no estarán libres para obedecer.
La palabra “reargüir” significa también “convencer” y “persuadir”.
“A algunos que dudan, convencedlos.” (Judas 22)
En el siguiente versículo, el apóstol Pablo se dirige a los obreros de Dios diciéndoles que retuvieran la palabra fiel y que convencieran a los opositores.
“retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.” (Tito 1:9)
Reprender: Según el diccionario de la R.A.E significa: Corregir, amonestar a alguien vituperando o desaprobando lo que ha dicho o hecho.
Es llamar la atención de forma contundente y firme, con la autoridad del Señor.
La reprensión debe ser aplicada con mucho amor, y considerándose uno a si mismo en
sus propias faltas y debilidades. Como bien nos dice la escritura: “El Señor al que ama, disciplina, y azota a todo aquel que recibe por hijo” (Hebreos 12:6)
Un proverbio nos dice: “el que retiene el castigo, a su hijo aborrece” Esto es valido también para aplicarlo con los hijos espirituales y dentro de la iglesia del Señor.
Es necesario reprender al que peca y persiste en una actitud de rebeldía y obstinación
para que se avergüence. Si esto nos parece duro, más trágico será que tal persona se
vaya al infierno por la eternidad a causa de sus pecados.
“repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe” (Tito 1:13)
“A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman.” (1ª Timoteo 5:20)
“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.” (Santiago 5:19,20)
Exhorta con toda paciencia y doctrina. La exhortación no es una tarea exclusiva del pastor sino de todo el cuerpo de Cristo.
“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.” (Hebreos 3:12,13)
Los que mayor responsabilidad tienen desde luego en desempeñar esta función en la iglesia es el liderazgo, pues para eso han sido llamados e instituidos por Dios. Una de las características principales de la predicación es la de exhortar a los oyentes.
“Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.” (1ª Corintios 14:3)
La palabra pierde su carácter profético cuando no expresa con claridad las demandas del evangelio, cuando no se indica de forma clara los cambios necesarios a realizar. Hay que declarar con precisión lo que enseña la Biblia, lo que hay que hacer y lo que es necesario dejar de hacer. Ni los creyentes, ni los incrédulos deben quedar en un mar de dudas y confusión sin saber que les exige Dios. ¡Cuánto necesitamos hoy la palabra de exhortación¡ Como dice la escritura “Mi pueblo perece porque le falta conocimiento”
El escritor de la carta a los Hebreos finaliza diciéndole a los cristianos
“Os ruego, hermanos que soportéis la palabra de exhortación” (Hebreos 13:22)
Cada creyente debe ser exhortado, la iglesia necesita ser exhortada con la palabra santificadora y escudriñadora de Dios.
Es muy necesario llamar las cosas por su nombre, como decimos en España “Al pan, pan, y al vino, vino” Pero no creo que sea necesario usar de refranes populares para saber lo que con toda certeza declaran por doquier las escrituras de Dios. Necesitamos oír la verdad liberadora, y recibir la luz que confronta nuestras tinieblas.
El pasaje nos enseña que debemos exhortar con toda paciencia y doctrina. Esto es muy importante tenerlo en cuenta, porque no se trata de una imposición personal y arbitraria. La paciencia es el espíritu que debe caracterizar la exhortación y no la exigencia impaciente. Es necesario dar lugar y tiempo a cada persona para que entienda lo que Dios le pide e indicarle como hacer las cosas. El problema que existe en muchos cristianos no es que no quieran obedecer, sino que no saben como practicar lo que han aprendido. Estoy convencido que muchos cristianos que están rezagados y estancados en su vida espiritual saldrían adelante si supiesen como. La mayoría del pueblo de Dios lo que necesita es saber como aplicar lo que oyen y saben.
Esto nos lleva a la siguiente idea que expresa el apóstol, la de exhortar con toda doctrina. Se a de enseñar la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y los fundamentos apostólicos. No hay necesidad de inventar ninguna enseñanza, todo lo que nos hace falta saber se encuentra en la palabra de Dios. La doctrina del evangelio tiene suficiente poder y autoridad para transformar vidas y dar libertad, así como la de guiar a los creyentes a una vida victoriosa. La obra de la cruz y la resurrección de Cristo son hechos poderosos y determinantes para una vida cristiana fructífera. El Espíritu Santo que nos ha sido dado como agente capacitador, como consolador y como guía en la vida cristiana. Todas las cosas nos han sido dadas por Dios, todo lo perteneciente a la vida y a la piedad de manera que no nos falte nada.
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