DESPUÉS DE LA FIESTA ¿QUÉ QUEDA?
“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo:
Si alguien tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva.
Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él, pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.” (Juan 7:37-39)
Se celebraba en Judea la fiesta de los Tabernáculos, una celebración que representaba el tiempo en que el pueblo de Israel hizo su pasó por el desierto habitando en tiendas de pieles, y en el que el templo de Dios era también un Tabernáculo, una gran tienda que Moisés construyó por orden de Dios.
EL Señor había establecido que el pueblo judío celebrase cada año esta fiesta solemne. Era un tiempo de alegría y regocijo donde se ofrecían sacrificios a Dios, las familias hacían cabañas con ramas de palmeras y otros elementos, se leía la ley de Dios, se comía bien, y bebían y danzaban durante siete largos días. El agua era también un elemento importante que formaba parte del ritual de esta fiesta, ya que conmemoraba la travesía del seco desierto donde Dios les había suplido milagrosamente del precioso liquido. La biblia dice expresamente que el pueblo bebía de la roca que los seguía y que esta roca era Cristo.
En esta ocasión en la que Jesús como judío estaba presente, en el último día de la fiesta que era el mas importante, alzó la voz.
Conociendo Jesucristo la necesidad del corazón de los hombres y de su gran vació espiritual y sabiendo que nada puede llenarlo, ni siquiera una celebración religiosa establecida por Dios, y mucho menos cualquier otro tipo de actividad ludica, evento o fiesta, independientemente de su contenido o duración.
En el día de conclusión de la fiesta, en el que todos parecían felices, o tal vez estaban tristes porque lo bueno se acababa, Jesús les extiende una invitación muy especial. Como queriendo mostrarles que con la celebración no tenía porqué acabar todo, para una vez más volver a la rutina diaria, al hastío de la vida, al trabajo duro, y a ser nuevamente conscientes de sus carencias personales, sociales y situación política.
Lo cierto es, que el acontecimiento festivo no había sido suficiente para calmar la necesidad del alma y del espíritu del pueblo. La comida, el vino, los bailes y ritos religiosos no habían colmado las expectativas mas profundas. Y a todos aquellos que se sentían insatisfechos y que aun no estaban colmados, Jesús les hace esta invitación. No hay excluidos, nadie queda fuera del alcance de esta invitación divina hecha por el Hijo de Dios.
“¡Venid, todos los sedientos, venid a las aguas! Aunque no tengáis dinero, ¡venid, comprad y comed! ¡Venid, comprad sin dinero y sin pagar, vino y leche! ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia? ¡Oídme atentamente: comed de lo mejor y se deleitará vuestra alma con manjares! Inclinad vuestro oído y venid a mí; escuchad y vivirá vuestra alma.
Haré con vosotros un pacto eterno, las misericordias firmes a David. He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones. He aquí, llamarás a gente que no conociste y gentes que no te conocieron correrán a ti por causa de Jehová, tu Dios, y del Santo de Israel, que te ha honrado.” (Isaías 55:1-5)
Este pasaje de Isaías es una palabra profética que hace referencia al Mesías, y de que modo la profecía tiene su cumplimiento en Jesús, de como el Mesías saciaría toda necesidad espiritual y colmaría todas las esperanzas del pueblo de Dios.
Jesucristo es la Roca de donde fluye un manantial espiritual que calma la sed de los mas sedientos, el Hijo de Dios es también el pan que sacia el hambre de los que están hambrientos.
Me gustaría examinar el significado de esta invitación, sus implicaciones y condiciones y en que manera puede ser hecha efectiva en la experiencia personal.
La invitación es gratuita.
“Y me dijo: «Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, le daré gratuitamente de la fuente del agua de vida.” (Apocalípsis 21:6)
“Y el que tiene sed, venga. El que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida.” (Apocalípsis 22:17b)
Jesús ofrece gratuitamente su agua a todo el que la quiera.
En el pasaje de San Juan que estamos examinando el agua representa por un lado la salvación y vida eterna y por otro la plenitud de vida espiritual efectuado por la llenura del Espíritu Santo. Nada de esto podemos alcanzarlo por nuestras propias obras, ni lo podemos obtener por méritos propios.
Las escrituras dicen en el capitulo 2 de efesios:
“porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe,” (Efesios 2:8,9)
Así que la salvación y vida eterna nos la ofrece Dios como un regalo, un don gratuito que recibimos por medio de la fe. Y aun la propia fe nos es concedida por él en virtud de la muerte y resurrección de Jesucristo.
La palabra de Dios afirma que Jesús es el autor y el consumador de la fe, de modo que para tener fe debemos considerar a Jesús en la cruz y comprender que su sacrificio fue hecho por amor a nosotros, y en sustitución nuestra, y debemos aceptar que su resurrección es un hecho.
“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”
(Hebreos 12:2)
Ya hemos mencionado que la fe es una condición indispensable, pero esta fe no es generada o producida por nosotros mismos, sino que es nacida y originada por la propia obra de Cristo, cuando somos informados de todo lo que Jesús ha realizado por amor.
La fe la adquirimos por el oír de la palabra de Dios, es decir cuando somos conscientes de las realidades Dios, de Dios mismo y de las obras y el testimonio de Jesucristo.
La biblia nos explica que la fe autentica es práctica y tiene un fundamento muy solido, es decir que la fe verdadera debe conducirnos a la experiencia de conocer a Dios y a la realidad de un cambio en toda nuestra existencia, moral, espiritual y conceptual. La fe es un valor divino, un principio espiritual que implica obediencia. (Leer Santiago 2:14-26)
“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarlo? Y si un hermano o una hermana están desnudos y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: «Id en paz, calentaos y saciaos», pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, está completamente muerta.”
Sigamos mirando en las palabras de Jesús varios requisitos que él da para calmar la sed espiritual, son muy simples y prácticos, en el pasaje que estamos considerando se nos mencionan cuatro. Ya hemos apuntado la fe como algo primordial, pero hay otros.
Primero, tener sed. “Si alguien tiene sed”
Todos están invitados sin exclusión. Pero se exceptúan por supuesto a aquellos que no tengan sed, y que no tienen la imperiosa necesidad de saciarse.
Es evidente que si no sentimos la sed no vamos a buscar el agua. Pero cuando se hace sentir el deseo y nuestro cuerpo demanda agua hacemos lo necesario para conseguirla.
Así que la invitación de Jesús está planteada para los sedientos, para los que a pesar de haber intentado por otros muchos medios calmar su sed aun no están satisfechos.
Si aun todavía no estamos gozando de paz y de descanso en nuestra alma, si aun estamos
inquietos e inseguros; si la fe que creemos poseer no nos ha llevado a una relación personal y directa con Dios, si todavía no estamos experimentando el amor de Jesucristo y su plenitud. Y Si aun sentimos el peso de la culpa y el agobio de nuestros pecados, entonces somos los perfectos candidatos para los que esa invitación está extendida.
Si no vivimos en una abundancia espiritual que es la clase de vida prometida por Cristo es que aun no hemos bebido de él o tal vez no estamos llenos del Espíritu Santo. Si no disponemos de ese recurso del Espíritu que es como un rió en nuestro interior entonces vamos a sentirnos faltos y necesitados.
“yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10b)
Segundo, venir a él. “ venga a mí ”
La invitación hecha por Jesús requiere una acción como respuesta de parte de cada uno de los hombres y mujeres a quienes ha sido extendida.
El ir a Cristo y beber representa la fe en acción y en la que su promesa se hace realidad en nuestra vida. La llamada es la de venir a él y establecer contacto con su persona y no solo con un concepto o doctrina. Jesucristo es Dios que está presente entre nosotros, el dador de vida eterna, él es la verdadera comida y bebida espiritual que sacia el ser de los hombres.
“Respondió Jesús y le dijo:
Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le pedirías, y él te daría agua viva.
La mujer le dijo:
Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
Jesús le contestó:
Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (Juan 4:10-14)
Tercero, beber. “y beba”
En un sentido espiritual beber significa recibir confiadamente la gracia de Dios concedida por medio de Jesucristo. Es tomar el agua de vida que representa la salvación eterna.
Es un acto de fe que se efectuá por la oración, es decir cuando desde lo profundo de nuestro corazón reconocemos ante él nuestra necesidad y le pedimos que nos salve. Entonces bebemos de la fuente y manantial de vida eterna que es Jesús.
“Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.” (Juan 6:63b)
Este versículo nos habla de dos características principales que tiene la palabra de Dios, son espíritu y son vida. El agua es una metáfora que representa tanto al espíritu, como la vida y la palabra de Dios. Al creer la palabra es como beberla y hacerla parte de nuestro ser. Al tomarla recibimos el Espíritu y la vida de Dios.
Cuarto, creer en Jesús como dice la escritura. “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva.”
La fe es como un cheque que podemos canjear en el banco del que procede y hacerlo efectivo.
De la misma manera, la fe en Dios tiene un fundamento o base que no puede ser sustituida por nada y que es la escritura, de otra manera no es valida.
Jesús fue muy explicito al remitirnos a la palabra de Dios, pues son las escrituras, es decir la biblia la que nos habla de él.
“Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí;” (Juan 5:39)
La autentica y verdadera fe está inspirada por el libro de Dios. Cuando creemos en él nuestras almas se llenan de esperanza, gozo y paz.
“Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en la fe, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.” (Romanos 15:13)
Las cosas prometidas por Dios en la biblia se hacen realidad cuando las creemos.
Dios pone a disposición de los que creen todos los recursos de su reino y de la vida espiritual abundante por medio de la llenura del Espíritu Santo. Eso es lo que significa ese río de agua viva que brotará en nuestro interior.
Jesús dijo:
“pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:8)
San Pablo declara:
“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.” (Efesios 3:20,21)
Hay muchos creyentes que han bebido del agua de vida en Cristo Jesús, saben que son salvos por la fe, han recibido esta promesa de la salvación y sus pecados les han sido perdonados.
Sin embargo aun no se sienten satisfechos, aún están sedientos en otros muchos aspectos de su vida, van arrastrando los pies porque la vida cristiana les resulta muy pesada. No experimentan el gozo de la salvación, no están saciados de la vida abundante, no ven que Dios los esté usando.
Muchos de estos cristianos experimentan derrota tras derrota y fracaso tras fracaso y es sencillamente porque han dejado de lado la promesa del Espíritu Santo, necesitan ser llenos del Espíritu de Dios.
Tal vez a usted le ha pasado como a los creyentes de la iglesia de Efeso, que ni siquiera sabían que existía algo como el Espíritu Santo, ni si podían recibirlo. Así que el apóstol Pablo habiéndoles bautizado en el nombre de Jesús, oro por ellos y fueron todos llenos del Espíritu Santo.
Quizás usted ha dado por sentado que ya tiene esta promesa en su poder, pero sin embargo la evidencia le dice lo contrario, usted desfallece de hambre y sed en su alma porque no posee recursos espirituales. Le digo entonces que necesita ser lleno del Espíritu Santo; Dios tiene recursos abundantes para su vida.
Pídale a Dios que le de esta promesa gloriosa, búsquela en oración, escudriñe la escritura sobre este asunto. Dios le dará su Santo Espíritu a todos aquellos de sus hijos que se lo pidan.
Jesucristo murió y resucitó, está sentado a la derecha del Padre, ya ha sido glorificado. El Espíritu Santo fue derramado en el día de pentecostes apareciéndose como lenguas de fuego y llenando a todos los que estaban reunidos en el aposento alto. Cuando todo esto ocurrió, el apóstol Pedro comenzó a explicar a un gran publico expectante lo que había sucedido.
“Pedro les dijo:
Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo, porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llame.” (Hechos 2:38,39)
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