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DIOS BUSCA INTERCESORES (I)
“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mi, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé” (Ezequiel 22:30)
En este capitulo de Ezequiel, Dios está pronunciando juicio y sentencia sobre Jerusalén y todo el pueblo de Israel por causa de sus pecados. Por medio de su profeta señala el mal existente en los habitantes de la ciudad, en los nobles, en los sacerdotes y en los profetas. Y son advertidos de un castigo y juicio inminentes.
Pero antes de esto, Dios quiere saber si puede contar con su profeta, y primeramente se dirige a él para saber si está dispuesto a ser el portador de su mensaje profético.
“Tú, hijo de hombre, ¿no juzgarás tú, no juzgarás tú a la ciudad derramadora de sangre, y le mostrarás todas sus abominaciones? (Ezequiel 22:2)
Hay asuntos que juzgar en el pueblo de Dios; los juicios de Dios son necesarios dentro de la iglesia, es por eso que la escritura dice que estos deben comenzar por la casa de Dios. No se trata de poner a nadie en el banquillo de los acusados, ni de juzgarnos los unos a los otros señalándonos con dedo acusador, ya tenemos al diablo para eso, pero la palabra revelada de Dios nos juzga con su autoridad de forma misericordiosa. La predicación profética sentencia el pecado y todo lo que pertenece a la carne, revela los corazones penetrando como una espada y separando lo que no es de Dios de lo que sí lo es.
Muchos utilizan el versículo que a continuación se cita para apoyar su postura de que no hay nada que juzgar, nada que señalar, y que por lo tanto hay que dejar las cosas como se dan, sin llamar la atención a nadie y sin corregir situaciones anómalas. Pero esa interpretación no está de acuerdo con el contexto general de las escrituras.
“Así que no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas y manifestará las intenciones de los corazones. Entonces, cada uno recibirá su alabanza de Dios.” ( 1ª Corintios 4: 5)
Como digo, muchos interpretan mal este pasaje que viene del tema que Pablo comenzó a tratar en el capitulo 3 en el que está hablando y señalando la carnalidad de los corintios, los celos, las contiendas y divisiones que existen entre ellos; está tratando también sobre el trabajo apostólico que él ha venido realizando y sobre la importancia de edificar con los materiales adecuados. Pablo no se corta ni un pelo en señalar las faltas de los creyentes corintios y confrontarlos con sus pecados. Si eso no es juzgar entonces ¿Que es?
Pero el texto que hemos citado está mas directamente relacionado con los versículos siguientes, en el sentido de que Dios juzgará la obra de todos y cada uno de sus siervos, es decir al final él es el único que aprueba o desaprueba, salva o condena:
“Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Si alguien edifica sobre este fundamento con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día (del juicio) la pondrá al descubierto, pues por el fuego será revelada. La obra de cada uno, sea la que sea, el fuego la probará. Si permanece la obra de alguno que sobreedificó, él recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quema, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.
¿Acaso no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios está en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.” (1ª Corintios 3:11-17)
Hay muchas cuestiones que están encubiertas a nuestro conocimiento y no tenemos sabiduría para juzgarlas ahora, solo Dios en su momento las sacará a la luz y mas concretamente en aquel día en que juzgará a todos los hombres y dictará sentencias.
Pero en lo que se nos ha revelado, en cuanto al conocimiento y la verdad que sabemos, debemos exhortarnos, corregirnos y examinarnos unos a otros. Siempre siendo conscientes de nuestra propia debilidad y sabiendo que podemos caer igualmente en un momento si somos tentados. Cualquier juicio debe ser hecho con misericordia, considerándose así mismo el que lo hace como débil.
Es la palabra de Dios que juzga a los creyentes, no las opiniones subjetivas y personales de otros. No obstante la palabra puede ser transmitida por un hermano que Dios usa como mensajero.
“No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” (Juan 7:24)
“Al que oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue: la palabra que he hablado, ella lo juzgará en el día final.” (Juan 12.47,48)
Dios dicta sentencia contra el pueblo por sus pecados.
“En tu sangre que derramaste has pecado y te has contaminado con tus ídolos que hiciste; has hecho que tu día se acerque y has llegado al término de tus años; por tanto, te he dado en oprobio a las naciones, en escarnio a todas las tierras. Las que están cerca de ti y las que están lejos se reirán de ti, amancillada de nombre y de gran turbación.” (Ezequiel 22:4,5)
Vienen días de juicio y llegan a su termino los tiempos de oportunidades que Dios ofrece. ¿Hasta cuando vamos ha hacer esperar al Señor? Ya no queda tiempo, hoy es el día de salvación, ahora es el momento de arrepentirnos y volvernos a Dios de todo corazón.
Gran parte del pueblo de Dios está experimentando ya estos juicios, porque han sido o son una vergüenza para el Señor, un testimonio nefasto ante el mundo. Son el admereir de los incrédulos, porque ni representan a Dios correctamente, ni representan nada del mundo.
Han perdido la identidad como iglesia de Jesucristo y pueblo de Dios. Muchos han amancillado el nombre del Señor, lo han deshonrado en sus vidas porque no viven bajo el señorío de Cristo.
Gran numero de creyentes han cambiado su derecho de primogenitura por las cosas del mundo, por la satisfacción de la carne, como Esaú que renuncio a las promesas de Dios por una comida. Ahora experimentan gran confusión y turbación.
“Te dispersaré por las naciones, te esparciré por los países y eliminaré de ti tu impureza. Y por ti misma serás degradada a la vista de las naciones. Y sabrás que yo soy Jehová”. (Ezequiel 22:15,16)
Divisiones, contiendas, desmembramientos del cuerpo de Cristo, exilio y deserciones de creyentes. Dios tiene que quitar las impurezas y limpiar a su pueblo de todas las contaminaciones con que se ha ensuciado.
Cuando la iglesia no se juzga así misma permitiendo que la palabra de Dios la examine y la luz de la verdad alumbre en todos los rincones para limpiarla y purificarla, cuando no recibe la palabra profética, entonces Dios emplea otros medios mas severos.
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria. Todos ellos son bronce, estaño, hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se han convertido. Por tanto, así ha dicho Jehová, el Señor: “Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por eso, yo os reuniré en medio de Jerusalén. Como quien junta plata, bronce, hierro, plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira. Os pondré allí y os fundiré. Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. Como se funde la plata en medio del horno, así, en medio de él, seréis fundidos. Así sabréis que yo, Jehová, habré derramado mi ira sobre vosotros”. (Vs. 17-22)
La sentencia de Dios en este pasaje es que él hará pasar a su pueblo por fuego, los meterá en un horno de la misma forma que se meten los metales para fundirlos y separar de ellos la escoria.
Todo esto significa que aún hay esperanza, que todavía el Señor no nos ha desechado por completo. Los juicios de Dios son misericordiosos, aunque nos parezcan duros; son terribles para todo lo que es de la carne pero beneficiosos para la vida espiritual.
“Por tanto, derramé sobre ellos mi ira. Con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová, el Señor”. (Vs. 31)
Todo juicio de Dios sobre los creyentes son con el propósito de que ellos tomen conciencia de sus pecados, los reconozcan y se arrepientan. Si aceptáramos de buen grado el obrar de la palabra de Dios por medio del Espíritu Santo seríamos librados de muchos sufrimientos innecesarios. Si nos juzgáramos a nosotros mismos no seríamos juzgados por el Señor.
“Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos han muerto. Si, pues, nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; pero siendo juzgados, somos castigados por el Señor para que no seamos condenados con el mundo.” (1ª Corintios 11:30-32)
Los pecados por los que Dios dicta sentencia contra su pueblo y lo juzga.
“Le dirás, pues: Así ha dicho Jehová, el Señor: ¡Ciudad que derrama sangre dentro de sí misma para que venga su hora, y que hizo ídolos contra sí misma para contaminarse! En tu sangre que derramaste has pecado y te has contaminado con tus ídolos que hiciste;”........ “He aquí que los gobernantes de Israel, cada uno según su poder, se esfuerzan en derramar sangre. Al padre y a la madre despreciaron en ti; al extranjero trataron con violencia en medio de ti, y en ti despojaron al huérfano y a la viuda. Mis santuarios menospreciaste y mis sábados has profanado. Calumniadores hubo en ti para derramar sangre; en ti comieron sobre los montes y en medio de ti hicieron perversidades. La desnudez del padre descubrieron en ti, y en ti hicieron violencia a la que estaba impura por su menstruo. Cada uno hizo abominación con la mujer de su prójimo, cada uno contaminó pervertidamente a su nuera y cada uno violó en ti a su hermana, la hija de su padre. Precio recibieron en ti para derramar sangre; interés y usura tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia. ¡Te olvidaste de mí!, dice Jehová, el Señor.” (Ezequiel 22:3,4,6-12)
Violencia hacia sus hermanos unos contra otros y los extranjeros, idolatria, abuso de poder con violencia, desprecio a sus progenitores, despojaban y desheredaban a los huerfanos y a las viudas, Calumnia y mentira, placeres y perversión en banqueteos, descubrian las faltas e intimidad de sus padres, maltrato a la mujer cuando tenía la regla, adulterio, incesto, sicarios, usura, menosprecio del templo de Dios y profanación del sabado, se olvidaron de Dios.
“Y batí mis manos a causa de la avaricia con que actuaste y a causa de la sangre que derramaste en medio de ti. ¿Estará firme tu corazón? ¿Serán fuertes tus manos en los días en que yo proceda contra ti? Yo, Jehová, he hablado, y lo haré.” (Ezequiel 22:13,14)
Dios está enojado por el pecado de su pueblo, el toca palmas en señal de su ira y no precisamente como ovación por sus buenas obras sino por sus maldades. El Señor está decidido a aplicar el castigo en el momento y cuando el considere oportuno.
Los corazones desfallecerán, los orgullosos serán humillados, y todos cosecharán el fruto de sus caminos. Aquellos que han estado resistiendo a Dios atrincherados en sus pecados no podrán esconderse más, no aguantarán ni un segundo más la culpa y la condenación que se hará sentir sobre ellos. Dios revelará lo oculto de los corazones, y todo lo que se hizo en las tinieblas saldrá a la luz, porque nada hay oculto que no haya de ser manifestado.
Todos los que han sido valientes para pecar y se han esforzado en seguir sus propios deseos, pensamientos y voluntad, se encontrarán con que han estado oponiendose a Dios y resistiendo su señorio. Pero esto no será una sorpresa para nadie porque ya de tiempo atrás Dios viene hablando y advirtiendo en su palabra. De modo que no servirán las escusas ni servirá el decir que fue ignorancia. Como dijo el apóstol San Pablo en su mensaje en Atenas:
“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, acreditándolo ante todos al haberlo levantado de los muertos.” (Hechos 17:30,31)
Todos son culpables ante Dios en alguna medida y en forma concreta.
La totalidad del pueblo había pecado, los profetas, los sacerdotes, los ancianos y los nobles. Ni uno habia justo, nadie hacia lo que es bueno, todos se corrompieron.
“¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? ¡De ninguna manera!, pues hemos demostrado que todos, tanto judíos como gentiles, están bajo el pecado. Como está escrito:
No hay justo, ni aun uno;
no hay quien entienda,
no hay quien busque a Dios.
Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;
no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
Sepulcro abierto es su garganta;
con su lengua engañan.
Veneno de víboras hay debajo de sus labios;
su boca está llena de maldición y de amargura.
Sus pies se apresuran para derramar sangre;
destrucción y miseria hay en sus caminos;
y no conocieron camino de paz.
No hay temor de Dios delante de sus ojos.” (Romanos 3:9-18)
Esta es una palabra de Dios para su pueblo y está escrita para que la iglesia tome ejemplo de ella; representa un cuadro exacto de la condición actual del cristianismo.
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: «Hijo de hombre, dile a ella: “Tú no eres tierra limpia ni rociada con lluvia en el día del furor.” (Vs. 23,24)
Aquí se ve al pueblo y a la iglesia comparada con un terreno que no está limpio, tiene espinos, abrojos y malas hierbas, probablemente también esté lleno de piedras.
La tierra sucia y llena de maleza no es apta para ser sembrada, todo lo que en ella se plante será estorbado, no crecerá bien, ni dará fruto.
“Un enemigo ha hecho esto” La responsabilidad es de los hombres, ellos han desobedecido a Dios y han pecado. Cuando del corazón somos seducidos y accedemos a nuestros deseos y pecamos entonces nos apartamos de Dios. Luego satanás toma ventaja y trabaja sobre ese terreno de maldad para que se multiplique y entonces la semilla del pecado es diseminada y esparcida por toda la tierra.
La evidencia de que la tierra no está limpia es muy clara, todo está espuesto a la luz, nada hay encubierto a los ojos de aquel ante el cual tenemos que dar cuenta. Si miramos con atención en el espejo de la palabra de Dios veremos la suciedad en nuestra cara.
“La palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Hebreos 4:12,13)
La limpieza del pecado en los creyentes es un proceso continuo, es una liberación progresiva y una santificación constante de todo el ser. Hay pecados muy evidentes de los que hemos sido convencido por la ley de Dios y de los cuales si nos hemos arrepentido ya hemos sido limpiados por la sangre de Cristo. Pero hay también pecados ocultos, del corazón, de los deseos, en las intenciones, de omisión, los cuales no son tan evidentes almenos para otros pero si para uno mismo.
En el creyente permanece una naturaleza carnal, pecadora, contraria a Dios, la cual debe vigilar constantemente para no dejarse dominar por ella. Y aunque Dios ha puesto una nueva naturaleza en los que han creido en Jesucristo y ese viejo hombre haya sido crucificado, existe una lucha continua entre estas dos naturalezas, la espiritual y la carnal, la de Cristo y la de Adán.
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso y su palabra no está en nosotros.” (1ªJuan 1:8-10)
Además de no ser tierra limpia, tampoco ha sido rociada o regada con lluvia “ni rociada con lluvia en el día del furor.”
La lluvia nos habla en forma metaforica de la gracia de Dios. El pueblo se haya lejos y apartado, al punto que ha dejado de alcanzar la gracia de Dios.
El abuso de esta gracia, y el mal uso del perdón y la misericordia de Dios y de las provisiones inmerecidas de Dios. El menospreciar el sacrificio de Jesús no valorando suficientemente la sangre derramada por nuestros pecados.
No comprender que la gracia y la verdad van juntas, nos dejará secos.
“pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” (Juan 1:17b)
De nada nos aprovechará pretender recibir la gracia mientras al mismo tiempo resistimos y rechazamos la verdad.
“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6:1,2)
El conocimiento de la verdad es lo que nos liberta de las ataduras del pecado.
El dia del juicio se acerca; el fuego que quemará la paja, los espinos y todo lo que no pertenece a Dios está proximo. Ya hemos leido que Dios tiene preparado un horno en el cual meterá a su pueblo con la intención de quitar la escoria de él.
Por tanto no dejemos de alcanzar la gracia de Dios, la lluvia del cielo, no sea que nos quememos en los juicios que serán derramados sobre la tierra.
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