FORMADOS DE NUEVO
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1ª Corintios 6:9-11)
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas.” (2ª Corintios 5:17)
En el nombre de Jesús hay poder para cambiar de vida y para que seamos regenerados, de hecho es la única esperanza posible a la que podemos agarrarnos. Por medio del Espíritu de Dios somos transformados y llegamos a ser nuevas criaturas, porque para Dios no hay nada imposible.
Estos pasajes nos hablan de dos realidades que experimentamos en la vida y que están intrínsecamente relacionadas con nuestro ser; por un lado se nos habla de lo que eramos en el pasado sin Cristo y por el otro de lo que somos ahora en el presente con Cristo.
En un tiempo pasado nuestra identidad se caracterizaba por una vida de pecado debido a la propia naturaleza pecadora heredada de nuestros ancestros padres Adán y Eva.
En cada uno la manifestación de ese pecado que estaba incrustado en nuestro ser adoptaba distintas formas y nos conducía a prácticas injustas contrarias a la ley de Dios. Las escrituras afirman: “Y esto erais algunos de vosotros”; es decir que todos teníamos hábitos pecaminosos con los que nos encontrábamos familiarizados.
Debo decir que los pecados que se mencionan en los versículos citados son solo unos cuantos, pero según la biblia la lista puede alargarse muchísimo.
Si queremos ser socorridos por Dios es muy importante aceptar la sentencia o veredicto de las escrituras cuando dicen que -eramos- lo cual significa que cada uno era culpable, único responsable y autor de sus propios actos pecaminosos.
También debemos notar que en cuanto que Pablo se está dirigiendo a los creyentes está haciendo referencia a lo que -eramos- en el pasado, pero ya no lo somos en el presente, “Y esto erais algunos de vosotros”
¿Porqué dice el apóstol que antes eramos de una manera y que hacíamos ciertas cosas y ahora no?
¿Es posible cambiar?
Sencillamente el apóstol expresa que antes estábamos sin Cristo, o como dice también en otro lugar de la biblia, eramos ajenos a la vida de Dios. Antes eramos hijos desobedientes haciendo la voluntad de nuestros pensamientos y siguiendo nuestros deseos.
San Pablo nos explica lo que sucede o ha sucedido en el momento en que nos volvemos a Dios en arrepentimiento y somos colocados en Cristo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas.”
¿Y como realiza Dios estas cosas nuevas para los que están en Cristo?
“pero ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios.”
Este versículo nos afirma algo que ya ha sido hecho que ha sucedido o está ocurriendo ahora mismo si es que estamos en Cristo y Cristo está en nosotros.
El lavamiento hace referencia a la desaparición y a la limpieza y purificación de nuestros pecados pasados como hechos o actos que han sido realizados y cometidos.
Tiene que ver también con la regeneración y creación o formación de una nueva naturaleza, de un nuevo hombre en nuestro interior semejante a Cristo que vivificado por el Espíritu Santo nos capacita para vivir en santidad y obediencia a Dios..
La santificación tiene que ver con el carácter y la madurez, con la perfección de la vida espiritual. Es un proceso que dura toda la vida hasta que el creyente se encuentre en cuerpo presente con el Señor.
La justificación es la vida inmaculada, perfecta y justa de Jesucristo contada o considerada por Dios como puesta a nuestro favor.
Las escrituras nos enseñan que somos lavados, santificados y justificados mediante tres cosas que Dios ha provisto: Por la sangre de Cristo, por la palabra de Dios y por el Espíritu Santo.
Estos tres recursos que Dios ha dado operan conjuntamente y son efectivos y suficientes para salvar y transformar cualquier vida humana, y estarán operativos hasta la segunda venida de Cristo.
Por la sangre derramada de Jesucristo. Dios cargó sobre Jesús todos nuestros pecados pagando por ellos en la cruz y recibiendo en su cuerpo lo que nosotros merecíamos como castigo. En ese sufrimiento de Jesús, por sus llagas y por esa sangre que brotaba de sus heridas fuimos perdonados.
De modo que la sangre de Jesús satisfizo completamente la justicia de Dios.
“¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:14)
“En él tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.” (Efesios 1:7)
“pues ya sabéis que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir (la cual recibisteis de vuestros padres) no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.” (1ª Pedro 1:18,19)
Estos versículos del Apóstol Pedro afirman que fuimos salvados de una vana manera de vivir heredada de nuestros padres, es decir que la inútil herencia recibida constituida por maneras, formas y costumbres que nos esclavizaban ya no ejercen ningún poder sobre nosotros gracias a la sangre de Jesucristo. Se supone que esto es una verdad que debemos saber y afirmarnos en ella. Si ignoramos estos hechos relacionados con la obra de Cristo seremos privados de los beneficios conseguidos por el Señor.
La obra de la cruz separa y corta en dos nuestra existencia, en antes sin Cristo y después con Cristo. Una vida antigua y ajena a la cruz de Cristo, y ahora una nueva vida crucificado con Cristo.
Por medio de la sangre de Cristo somos declarados justos y santos a los ojos de Dios, somos aceptos en en Jesús.
Por medio de la palabra de Dios hecha efectiva por el Espíritu Santo somos santificados y perfeccionados. El carácter de Cristo se va edificando progresivamente y formándose en la vida del creyente por la poderosa palabra revelada y la operación del Espíritu.
Para que la obra de santificación se lleve a cabo en el cristiano es fundamental que este coopere con Dios apropiándose los recursos divinos, es decir la sangre de Cristo, las verdades de la palabra y la obra del Espíritu.
La sangre de Jesús es sumamente poderosa y efectiva, satisface a Dios, limpia todos nuestros pecados y derrota todos los argumentos y todas las acusaciones de satanás.
La palabra es viva y poderosa para transformarnos, limpiarnos y liberarnos de todas las ataduras y sacarnos de toda oscuridad espiritual.
El Espíritu Santo es poderoso en nosotros para vivificarnos y fortalecernos y para capacitarnos en la obediencia y servicio a Dios. El Espíritu opera en los creyentes según su propia ley y principios que debemos conocer para cooperar con él. En Romanos 8 tenemos una descripción de lo que es la vida en el Espíritu y en el se nos enseñan principios que no debemos ignorar.
“en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios.”
Es posible que algunos que leen u oyen estas sencillas verdades que he mencionado alberguen ideas contrarias o argumenten contra ellas con conceptos modernos y pensamientos humanos. Ellos no consideran suficiente la obra de la cruz, no consideran determinantes y absolutas las verdades escriturales.
Existe cierta sabiduría del mundo que ha sido introducida y entremezclada con el mensaje evangélico desmereciendo la obra consumada de Jesús y restandole eficacia. Son argumentos y lineas de pensamientos que impiden que los creyentes pongan su fe en el poder de Dios.
Dios ha desechado la sabiduría de los hombres para que por ella nadie sea ayudado espiritualmente, ni por medio de ella nadie conozca a Dios. Los cristianos por tanto deberíamos descartar aquello que Dios no aprueba por muy bueno que nos parezca, y abrazar solo y exclusivamente la sabiduría de Dios expresada mediante la obra de la cruz de Cristo.
“Tened cuidado y no os dejéis llevar por quienes os quieren engañar con teorías y falsos argumentos, pues ellos no se basan en Cristo, sino en las tradiciones de los hombres y en los poderes que dominan este mundo.” (Colosenses 2:8 DHH)
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas basadas en las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo.” (Colosenses 2:8 RVR95)
“Timoteo, cuida bien lo que te he confiado. No escuches palabrerías mundanas y vacías, ni los argumentos que opone esa mal llamada ciencia.” (1ª Timoteo 6:20 DHH)
En todas las épocas, desde que el cristianismo existe,han proliferado también las falsas ciencias, filosofías, teorías y paradigmas de pensamientos contrarios a las verdades reveladas de Dios.
En nuestro tiempo más que en otros, muchas de estas teorías se han introducido en la iglesia y se han aceptado como verdades. Esto las convierte en muy peligrosas y destructivas para los creyentes, puesto que además son conceptos defendidos por predicadores y obreros cristianos.
Termino formulando algunas preguntas para que examinemos bajo que perspectiva, verdad, paradigma o teorías estamos tratando de ayudar a otros para que cambien:
¿Mi mensaje tiene como centro la obra salvadora y consumada de Cristo? ¿Mis ideas o conceptos restan autoridad a la palabra verdadera de Dios? ¿ En mi intento de ayudar a las personas les expongo conceptos basados en análisis humanos, sabiduría y pensamientos producto de la filosofía y que desvían la atención de Dios? ¿Mi creencia y mensaje central realzan la cruz de Cristo?
“Aunque andamos en la carne, no militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2ª Corintios 10:3-5)
“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría, pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.” 1ª Corintios 2:1-5)
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