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LA  OBRA  DE  LA  GRACIA

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.”
(1ª Corintios 15:10)

Este versículo tiene una fuerza espiritual tremenda; el mismo encierra una verdad o verdades, unos principios importantísimos por los que Dios actúa y que es necesario que comprendamos. Para asimilar lo que el apóstol está expresando aquí y no dar una falsa interpretación de lo que está diciendo debemos recurrir a otros textos que nos hablen de lo mismo.

No hay contradicción en esta enseñanza, no hay oposición entre las obras y la gracia, no son doctrinas antagónicas o excluyentes la una de la otra.

“Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago....No desecho la gracia de Dios, pues si por la Ley viniera la justicia, entonces en vano murió Cristo.” (Galatas 2:18,21)

“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” (2ª Timoteo 2:1)

“David dijo además a su hijo Salomón: «Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová.” (1ª Crónicas 28:20)

La gracia de Dios se traduce o tiene su manifestación en el ser y el hacer de toda nuestra vida.

Vamos a analizar detalladamente las palabras del Apóstol San Pablo en este texto a los corintios.

1º) “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy” Para el apóstol ésta frase está llena de realidad y de un profundo significado.

El había sido un judaizante de primera linea, estaba bien instruido, era descendiente directo de una de las tribus de Israel. Celoso de su religión, y perseguidor de la secta que en su tiempo revolucionaba al mundo entero. Todo eso quedó atrás en su conversión cuando iba camino a Damasco, y todo el cambio que se operó en su vida fue la consecución y respuesta del Señor a su pregunta. “¿Que quieres que haga Señor?”

Con el paso del tiempo, los años de servicio al Señor,los tratos del Señor, las experiencias en su vida y las revelaciones recibidas le transforman en un hombre humilde en su concepto de si mismo.

“Por último, como a un abortivo, se me apareció a mí.
Yo soy el más pequeño de los apóstoles, y no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.” (1ª Corintios 15:8,9)

¿Podemos decir con convicción y conocimiento de causas “por la gracia de Dios soy lo que soy”?

¿No creemos más bien en lo profundo de nuestro corazón que somos más listos, más santos, más capaces e inteligentes y por eso hemos llegado donde estamos? Esto suponiendo que hemos llegado a algo.

¿No pensamos en nuestro interior que merecemos nuestros logros, nuestras habilidades, los dones, la posición en la que estamos?

Hermanos, todo lo hemos recibido de Dios:

“Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación.” (Santiago 1:16,17)

“Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor a vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno os envanezcáis unos contra otros, porque ¿quién te hace superior? ¿Y qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1ª Corintios 4:6,7)

a) Por gracia somos salvos por medio de la fe y hemos sido hechos hijos de Dios.

b) Por gracia hacemos las obras y el servicio que agradan a Dios.

c) Por gracia recibimos los dones y ministerios departe del Señor.

Por otro lado debemos aceptar el hecho de que el Señor obra como el quiere y hace con cada uno como a él le parece en su sabiduría y en su voluntad soberana.

“Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia,....Pero tú, hombre, ¿quién eres, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: «Por qué me has hecho así»? ¿Acaso no tiene potestad el alfarero sobre el barro para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” (Romanos 9:16,20,21)

Comparemos el pasaje que hemos citado con el siguiente y entonces podremos sacar una conclusión correcta, entendiendo que la palabra de Dios no se contradice sino que se complementa.

“En una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; unos son para usos honrosos, y otros para usos comunes. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor y dispuesto para toda buena obra.” (1ª Timoteo 2:20,21)

La verdad está en el termino medio, es decir que dentro de nuestra incapacidad, teniendo en cuenta nuestras debilidades y considerando que por nosotros mismos no lograremos nada, Dios cuenta con nuestra libre elección y que nuestra voluntad se una a la suya para poder realizar su obra en nosotros por medio de su gracia. Digamos que nuestra responsabilidad consiste en prepararle el camino al Señor, en enderezar hasta donde sea posible lo que está torcido, en sembrar y regar con la esperanza de que Dios dará el crecimiento.

Algunos ponen la escusa de que ellos son de una determinada manera, para justificar así su carácter anticristiano y su conducta pecaminosa. O culpan a otros evadiendo su propia responsabilidad.

Hasta cierto punto somos moldeados por otros, muy especialmente en la etapa de la infancia, para bien o para mal, no obstante por un lado tenemos una voluntad, el don del libre albedrío y por otro la gracia de Dios como recurso determinante que suple toda necesidad. De manera que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. El Señor hará lo imposible por sus hijos, actuará más allá de nuestra comprensión, llevará a cabo lo que nadie puede hacer por otro por muy buenas intenciones que demuestre.
Lo que Dios quiere que seamos y lo que va a hacer con nosotros, va más allá y está por encima de nuestros deseos y sueños.

2º) “ y su gracia no ha sido en vano para conmigo”

Esto fue muy evidente en el apóstol Pablo. Desde el momento de su conversión, desde que tuvo el encuentro con el Señor su vida fue cambiada por completo y se transformó en un instrumento útil al Señor.

Su consagración y su entrega fueron un factor determinante para que Dios obrase en él su voluntad y llevase a fin sus propósitos. Pablo era una tierra fértil en la que la gracia de Dios producía abundante fruto.

“Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios” (2ª Corintios 6:1)

La gracia de Dios es muy abundante, no es vana,  y tiene una función en cumplir los propósitos de Dios.
Es necesario comprender que esta gracia obra en los creyentes por la verdad, y muy especialmente através de los medios que Dios ha establecido. La oración, la palabra de Dios, la comunión de los creyentes, el ayuno, el Espíritu Santo.
Sin embargo todos estos medios y aun la misma gracia dependen de nuestra actitud y disposición como la humildad, la sinceridad, la dependencia y la fe.

1.- Humildad. “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: «Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes»” (Santiago 4:6)

2.- Sinceridad. Fuera hipocresías, máscaras y fachadas. Debemos reconocer nuestras incoherencias, el abismo que hay entre lo que sabemos y practicamos. Lo poco que sabemos aun no lo sabemos como deberíamos puesto que no lo hemos hecho nuestro en la experiencia. Es necesario llenar ese abismo con la verdad, con la revelación de Dios, con la luz que nos sacará de las tinieblas y las mentiras en las que estamos atrapados.

3.- Dependencia. “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.”
(Juan 15:4)

Esto es algo que debemos decidir cada día, sujetarnos decididamente a Jesucristo. El que depende tiene muy claro que por si mismo no puede hacer las cosas porque no tiene los recursos necesarios.
Recurre a otro para que le supla lo que le falta.
Sin embargo podemos estar ignorando el hecho real de que no podemos porque aun no somos bien conscientes de nuestras debilidades. Dicho sea de paso, todos debemos pasar por esta crisis de impotencia e incapacidad no reconocida, por lo que morderemos el polvo de la derrota una y otra vez. Fracasaremos, caeremos y quedaremos agotados después de intentar superarnos una y otra vez hasta que aprendamos a depender de Dios. No es una lección fácil de aprender, pero todos los hijos de Dios deberán aprenderla si es que quieren progresar y prosperar en el Señor.

Estamos llenos de debilidades, carecemos de habilidades, tenemos limitaciones físicas, mentales y emocionales. Nos hayamos rodeados de circunstancias adversas, de oposición y tenemos necesidades y carencias de toda clase.

“Y me ha dicho: «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad». Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en insultos, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2ª Corintios 12:9,10)

4.- Fe. La fe es clave en la vida espiritual, nos permite aprovecharnos de todo lo provisto por Dios en su gracia. Por la fe entraremos a la tierra prometida y la conquistaremos.

El apóstol Pablo declaró: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios, pues si por la Ley viniera la justicia, entonces en vano murió Cristo.” (Galatas 2:20,21)

3º) “antes he trabajado más que todos ellos; aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.”

La gracia de Dios opera en un trabajo conjunto: “he trabajado más.......pero no yo sino la gracia de Dios conmigo”

El apóstol deja muy claro que él se ha esforzado poniendo manos a la obra, el no estaba quieto sino que era activo. Su actitud era de poner mucha diligencia en lo que Dios le había encomendado que hiciese.

No hay orgullo, ni competencia o rivalidad con otros obreros de Dios. San Pablo estaba en contra de cualquier actitud que no fuera la apropiada para servir a Dios, es decir el hacerlo todo por él y para él.

Las labores que realizaba no las hacia de forma independiente o confiando en sus propias capacidades y fortaleza. A eso se refiere cuando dice “pero no yo” o “ya no vivo yo”.

La obra de Dios y todo el movimiento y actividad de Pablo fluía del principio de vida que actuaba en él, la vida del Espíritu, Cristo viviendo en él.

Sin embargo es necesario entender bien esto para no caer en una disposición perpetuamente pasiva, en la que somos bloqueados en nuestra voluntad y resbalando en la negligencia y pereza espiritual.
La consagración, la disponibilidad y una disposición a obedecer es necesario tenerlas siempre presentes.

Pablo se metía de lleno en la obra del ministerio que el Señor le había mandado y la gracia de Dios obraba conjuntamente.

Si no nos movemos en obediencia la gracia no será derramada. Es necesario que actuemos en fe, creyendo que Dios apoyará nuestra causa que es la suya.
La gracia nos es dada por la operación del Espíritu Santo. Es la unción que nos capacita para hacer el trabajo y producir resultados.

La gracia no termina en nosotros, la unción de Dios no debería quedarse o morir en esa sensación maravillosa de la presencia del Señor, es para compartir con otros, es para predicar y bendecir a otros.
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” (1ª Corintios 15:58)



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