LA RESTAURACIÓN DEL CRISTIANO (2ª parte)
“Yo te restauraré”
Es el Señor mismo quien nos restablece, Él restituye nuestras vidas desechas al lugar y en la manera en que deben estar. Dios nos salva y nos sana, nos perdona y nos libera, colocándonos de nuevo en el sitio que nos corresponde.
La restauración que hace el Señor abarca toda nuestra vida espiritual, así como nuestra alma y nuestros cuerpos.
Dios nos vuelve a nuestra posición de hijos, en el sentido de la recuperación de los privilegios que conllevan esa identidad.
Él nos ha hecho herederos y coherederos juntamente con Cristo, y participantes de los tesoros espirituales de su reino.
“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.” (Lucas 15:20-24)
Pero aun mas importante, a mi entender, es que por encima de todo esto el Espíritu Santo nos da testimonio confirmándonos en nuestra identidad de hijos de Dios.
“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” (Romanos 8:16)
¿Qué mejor posición e identidad podemos tener que esta? ¡Alegrémonos y gocémonos en ese hecho verdadero¡
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios;” (1ª Juan 3:1)
Al darnos la vuelta hacia Dios y convertirnos, nuevamente somos restaurados en nuestro espíritu y alma a la comunión con Él. Las barreras y obstáculos que impedían nuestra oración son quitados y adquirimos la certeza de que Dios nos está escuchando. Todo es un nuevo comienzo, el anhelo de conocer a Dios aparece y el hambre de escuchar su palabra retorna otra vez a nosotros. Somos fortalecidos y renovados en nuestro hombre interior por su Espíritu.
Otro aspecto de la restauración es que somos restituidos a la comunión de los santos en la familia de Dios. La luz de Dios vuelve ha iluminar nuestro camino, y al paso nos encontramos con los hijos de Dios, los que invocan el nombre de Jesucristo.
“pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1ª Juan 1:7)
Nos alegramos, (como el salmista expresa) con los que dicen a la casa del Señor iremos.
Buscamos a partir de entonces la reunión con otros creyentes, para la mutua edificación y la adoración a Dios.
Otra consideración es que la imagen de Cristo, su carácter y semejanza es restaurado en nosotros. El comienza otra vez a moldearnos y a quitar toda distorsión y defectos que la empañan. Cristo crece en nuestro interior y la transformación se inicia y va progresando sin que lo percibamos. Los frutos de su Espíritu empiezan a aparecer como adornos en nuestras vidas: el amor, el gozo, la paz, el carácter templado, la bondad. Pero todo esto lleva su tiempo, no sucede de la noche a la mañana, necesitamos seguir consintiendo que Dios trabaje con nosotros en una actitud de rendición completa a sus maneras.
Un asunto a tener en cuenta es, que no deberíamos esperar que las circunstancias que nos rodean y las situaciones que no están en nuestro poder cambiarlas varíen de un día para otro. Dios puede estar considerando que aun necesitamos permanecer por algún tiempo donde nos encontramos, y en su sabiduría aguarda hasta ver oportuno el momento del cambio. Pidámosle mejor a Dios que nos permita ver su mano y que podamos entender su propósito en todo.
Dios puede restituirnos en su misericordia cosas que hemos perdido o tal vez no; quizás Él tenga otros planes que desconocemos aún. Confiemos en que Dios sabe mejor que nosotros aquello que nos conviene. Nuestra propia visión es muy corta, y nuestras expectativas limitadas, Él obrará conforme a su poder y conocimiento.
Por tanto, esperemos que su voluntad sea hecha, como en el cielo así en nuestras vidas y mientras estamos sobre esta tierra.
Vivir en su presencia. “y delante de mi estarás”
La restauración nos conduce hasta la misma presencia del Señor. No hay mayor señal de nuestra restitución que morar delante de Dios. Una rehabilitación no es completa si no somos colocados ante nuestro Dios, donde le podemos contemplar y saber por la experiencia que el nos está rodeando con su amor.
Debemos poder declarar con fe como hicieron los profetas de Dios: “Vive Jehová en cuya presencia estoy.”
El rey David decía:
Detrás y delante me rodeaste,
Y sobre mí pusiste tu mano.
Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí;
Alto es, no lo puedo comprender.” (Salmos 139: 5,6)
Todos los creyentes deben tener este conocimiento maravilloso de Dios, y saber vivir en su presencia continuamente. No deberíamos parar en nuestro avance espiritual hasta encontrarnos en esta posición. Esta es la cumbre de la vida cristiana, el monte de Dios, un lugar donde Dios quiere que estemos y que no nos será arrebatado. Esta es la mejor parte de la que Jesús le hablo a Marta y que Maria había escogido, esto no se nos quitará.
El Señor quiere llevar a cada uno de sus hijos a este punto en el que estén en su presencia y consciente de ella en todo momento. Para que desde esta posición privilegiada le sirvamos entendiendo que el está con nosotros.
No sería correcto pensar que por el hecho de habérsenos devuelto ciertas cosas materiales o por haber sido colocados de nuevo en alguna posición visible está todo arreglado en nuestras vidas. Nos equivocamos si juzgamos nuestro buen estado espiritual o el de los demás por la prosperidad aparente o por la posición que ocupan.
Lo más importante en la vida cristiana y en la experiencia espiritual, aquello que en verdad nos enriquecerá sobremanera, es estar en la presencia de Dios, saber que le tenemos a Él. Todo lo demás que se nos pueda añadir debe partir o tener su origen desde esta realidad espiritual. De otro modo no estaremos disfrutando de todo aquello que Dios pueda hacer en nosotros, o por mediación nuestra, ni tampoco apreciaremos en su plenitud las bendiciones que nos da.
“La bendición de Jehová es la que enriquece,
Y no añade tristeza con ella.” (Proverbios 10:22)
-Indice de artículos de Pedro Jurado
-Indice general de artículos
Para contactar con Pedro Jurado:
pjrodriguez328@hotmail.com
© SentirCristiano.com
|