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LA RESTAURACIÓN DEL CRISTIANO (3ª parte)
No existe nada en el mundo visible o invisible, no hay don, ni regalo que Dios nos pueda dar, que pueda compararse con el hecho de darse a si mismo a nosotros. Y desde luego ninguna otra cosa puede satisfacer tanto el corazón como Dios mismo, presente y dándose continuamente a nosotros. A esto es a lo que hace referencia la frase “y delante de mí estarás”, este es su significado más inmediato.
Por supuesto que hay mucho mas que se podría decir al respecto, no obstante si pudiéramos captar y comprender que toda la experiencia cristiana, que el hacer nuestro los propósitos de Dios, todo el conocimiento que vallamos a adquirir de Dios, parten de estar su presencia.
Todo el avance espiritual, la madurez cristiana, el que Dios nos pueda usar eficazmente tiene su proceso y es llevado a cabo cuando nos asimos de este principio establecido por Dios mismo, que el vive en nuestros corazones.
El Señor le dijo a Abrahán, el padre de la fe, unas palabras que son validas para todos los creyentes:
“Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto.” (Génesis 17:1)
Abrahán era un hombre con todas sus limitaciones, un hijo de Adán nacido en pecado como todos nosotros. Pero Dios se dirige a él de esta manera “Yo soy el Dios todo poderoso”, el que te ha llamado y te ha escogido y que va a llevar a cabo su propósito en ti. El es el Dios para el que no hay nada imposible, que puede hacer todas las cosas mucho mas abundantemente de lo que pedimos o entendemos.
¿Pero en que manera iba a dar Dios cumplimiento a sus promesas hechas a su siervo? Pues sigue diciendo el versículo: “anda delante de mi y se perfecto”, Dios le pide que viva en su presencia, que en todo cuente con Él y que estando delante de Él sea perfecto.
No es posible vivir una vida cristiana que agrada a Dios sin depender de su presencia, sin ser conscientes de su gracia manifestada en una relación muy cercana, y desde donde su omnipotencia es liberada a nuestro favor para tener una vida que le da honra y gloria a su nombre.
Estar delante del Señor implica que Él nos sostendrá y nos suplirá todos los recursos que necesitemos. Cuando en la antigüedad los reyes concedían a alguien el privilegio de estar cerca de ellos, se daba por hecho que cada día podían comer de su mesa y de la misma porción que los reyes y que también serían cubiertos y suplidos en toda necesidad. Así también el Señor, nos suple conforme a sus riquezas en gloria.
El rey David decía de Dios:
“Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa;
Tú sustentas mi suerte.
Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos,
Y es hermosa la heredad que me ha tocado.” (Salmos 16:5,6)
Estar delante de la presencia de Dios involucra que el nos capacitará y que seremos investidos con la autoridad y el poder de Dios. Es la presencia de Dios lo que marca la diferencia en todo lo que hacemos, el saber que está de nuestro lado y que nosotros estamos del suyo y haciendo su voluntad. El llevar a cabo la obra de Dios así como cualquier cosa que el disponga sabiendo que lo haremos contando con Él y desde la posición de su compañía nos sostendrá en los tiempos difíciles.
Cuando Dios le encargó a Moisés conducir a su pueblo por el desierto hasta la tierra prometida, él se sintió desbordado y se vio incapaz de poder hacerlo. Este hombre de Dios se encontró también solo ante esa gran tarea que Dios le demandaba.
“Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos. Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo. Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.” (Éxodo 33: 12-15)
Dios le declara que lo acompañaría en todo el trayecto, que su presencia estaría con él y que le daría descanso. ¿No es cierto que todo pesa menos cuando sabemos que Dios esta con nosotros? ¿No es verdad que experimentamos un descanso, una paz y una renovación de nuestras energías cuando estamos en la presencia de Dios?
Separación. “y si entresacares lo precioso de lo vil.”
La acción de “entresacar” constituye una de las labores principales en la obra de Dios. Con el objeto de mostrar su obra, lo que es suyo, lo que el aprueba y lo que le agrada, Dios separa y divide. Él ha separado la luz de las tinieblas, Él separará las cabras de las ovejas, Él separará la paja del trigo, a los escogidos de los que no lo son, el espíritu de la carne y lo santo de lo impuro. La escoria debe separarse del oro para que luzca y tenga valor.
Las escrituras nos dicen que Dios ha puesto su tesoro en vasos de barro. Y Él desea que esa gloria suya brille, que la riqueza que nos ha dado reluzca en nuestras vidas.
El Señor quiere eliminar toda suciedad de nuestro ser, que todo lo carnal sea cortado y separado de lo espiritual.
Esto es algo que debemos hacer nosotros con la ayuda de Dios, pues somos sus colaboradores “haced morir pues lo terrenal en vosotros”.
Es muy importante que sepamos distinguir bajo la luz de Dios entre lo carnal o natural de lo espiritual.
En la carta a los hebreos se nos habla del instrumento que Dios usa para realizar esta separación y hacer esa distinción.
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Hebreos 4:12)
En el evangelio de Mateo encontramos también unas palabras de Jesús que hacen alusión ha este mismo tema.
“El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.” (Mateo 12:35)
El cristiano se debate entre dos naturalezas que quieren dominarlo una interior y espiritual, llena de los tesoros de Dios como el amor, la paz, la humildad, la santidad etc. y otra mas exterior y sensual, carnal y natural, habituada al pecado. La voluntad de Dios es que seamos gobernados por el espíritu que es el que lleva su imagen impresa, que toda nuestra vida sea controlada por ese nuevo hombre creado en Cristo Jesús.
En el pasaje que sigue a continuación se nos menciona también la importancia de una limpieza y separación en el cristiano con la idea de poder ser un instrumento del Señor.
“Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.
Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.” (2ª Timoteo 2:19-22)
En esa gran casa que es la iglesia existen diferentes tipos de vasos, (muchos son los llamados pero pocos son escogidos) pero no todos son útiles al Señor. Solo son usados los que viven apartados de iniquidad, los que se han limpiado de contaminación, y aquellos que siguen la justicia, la fe, el amor y la paz e invocan al Señor con un corazón limpio. Si andamos así delante del Señor seremos transformados, la naturaleza divina nos envolverá y brillará y la gloria de Dios resplandecerá en nosotros. Esto nos lleva a la última consideración del texto que estamos analizando.
Validos para ser usados. “serás como mi boca”
Que privilegio y dignidad nos concede Dios, Él nos hará como su boca. Dios expresa su palabra y expira su aliento por ella. Seremos instrumentos útiles al Señor para llevar a cabo su obra. El testimonio de Dios será dado en forma eficaz y poderosa a través nuestro. A que mejor propósito o vocación podemos aspirar en la vida que ver manifestarse la voluntad de Dios y realizarse por mediación nuestra.
Siendo como la boca del Señor estaremos viviendo una experiencia profética y poderosa. Dios cumplirá lo que Él determine hacer por nosotros, nuestro trabajo en el Señor no será en vano. Ninguna de sus palabras caerá a tierra de todo lo que Él nos hable o pueda decir por nuestro medio, sino que dará su fruto.
La sabiduría de Dios estará en nuestros labios, la palabra a su tiempo, el evangelio de salvación. Cerca nuestra estará la palabra, en nuestra boca y en nuestro corazón, la palabra de fe que predicamos.
“Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado” (Isaías 50:4)
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