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LOS  MEDIOS  DE  LA  GRACIA

“Mirad bien, para que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios” (Hebreos 12:15a)

Los recursos de los que Dios nos ha provisto para alcanzar un desarrollo espiritual y obtener un mayor conocimiento de él son varios.

El creyente necesita estar recibiendo continuamente la gracia de Dios y debe entender que solo por ella puede acceder a todo lo que está preparado para él. Por la gracia de Dios somos salvos y seremos y llegaremos a ser lo que Dios quiere. Ella será nuestra instructora en la vida, nos enseñara a guardarnos del mundo y nos preservará de los peligros.

Cuando hablamos de medios nos referimos a esas vías que tenemos que utilizar para alcanzar la abundancia de la provisión, la fuerza espiritual y toda riqueza que pertenece al reino de Dios. El hacer uso de estos recursos nos llevará progresivamente a una vida de crecimiento, de victoria sobre el pecado, de libertad y de utilidad en la obra de Dios.

El hacer uso de estos medios no son obras meritorias, y aunque muchas veces signifiquen un esfuerzo por nuestra propia debilidad natural, es de vital importancia que adquiramos el habito constante en el empleo de los mismos. El Espíritu Santo nos ayudará en nuestra debilidad, el operará en todo nuestro ser para que nos ejercitemos en la piedad y aprendamos a ser constantes de manera que estos medios sean eficaces y provechosos para que seamos edificados.

La oración, la palabra de Dios, la comunión de la iglesia, los bautismos, la santa cena y la fe. Todas estas cosas nos permiten acceder al trono de la gracia de Dios y de nuestro Señor Jesucristo y mantenernos firmes en ella.

En este estudio vamos a tratar varios de estos medios y de como hacer uso de ellos de manera que los aprovechemos al máximo.

Partiendo de la base ( o suponiendo)de que nos hemos arrepentido de nuestros pecados y hemos creído en Jesucristo como Hijo de Dios, Salvador y Señor. Siendo un hecho verdadero que hayamos clamado a Dios con todo nuestro corazón y que hemos invocado su nombre para salvación y recibido una nueva naturaleza divina por medio del poder del Espíritu Santo  en el nuevo nacimiento. Es necesario seguir adelante a la perfección cristiana; necesitamos crecer en el conocimiento de Dios mediante un desarrollo normal de vida espiritual. Y para este fin disponemos de esos medios de gracia establecidos por Dios.

LA ORACIÓN

Una definición de la oración sería que: Es el medio que Dios nos a concedido para comunicarnos con él a través de Jesucristo y con la ayuda del Espíritu Santo. Es la expresión directa por medio de palabras, pensamientos, silencio y admiración, de nuestra adoración y gratitud, de peticiones y ruegos e intercesión por los hombres.

En cualquier momento y en todo tiempo es oportuno y bueno dirigirnos en oración elevando nuestras almas al Creador. De hecho y según está escrito en la palabra nuestra meta debe ser  “Orar sin cesar” (1ª Tesalonicenses 5:17)

Cualquier lugar es apropiado para orar puesto que Dios se haya en todas partes; y aun todavía más importante es que él habita en nuestros corazones. Todo el que se ha arrepentido de sus pecados y ha creído en la obra expiatoria de Jesucristo y en su resurrección y ha sido renacido por la palabra de Dios, es un templo de Dios.

Cualquier postura siempre que sea reverente es optima y aceptable para orar. Podemos orar de rodillas, postrados boca abajo, tendidos boca arriba, sentados o de pie. Lo importante es la actitud y disposición del corazón.

Es de mucha ayuda seguir ciertas indicaciones como un modelo o método de oración si queremos prosperar en la practica de la presencia de Dios, pero sin necesidad de aferrarnos a ellos, sino permitir que el Espíritu Santo nos dirija.

Toda oración debe surgir de lo profundo de nuestro corazón, a de ser sincera y hecha con fe, de lo contrario por mucho que sigamos un método no pasará del techo que está sobre nuestras cabezas.

Debemos creer que estamos en la presencia de Dios, el está con nosotros y en nosotros; aunque usted no lo sienta diríjase a Dios creyendo eso. “porque en él vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17:28)

El modelo del Padre nuestro como oración.

Cuando los discípulos de Cristo le solicitaron que los enseñase a orar él les explicó detalladamente como debían hacerlo. Los instruyó a que orasen según el modelo que hemos venido a llamando por siglos el Padre nuestro. Jesús no les dijo que tenían que repetir esta oración a modo de penitencia, pues se estaría contradiciendo así mismo cuando dice que “No uséis vanas repeticiones en las oraciones como los gentiles que no conocen a Dios”

Los conceptos que están involucrados en la oración del padre nuestro son los siguientes:
Adoración, Invocación del reino y rendición a la voluntad de Dios, Petición por nuestras necesidades, Confesión de nuestros pecados y perdón hacia otros, Fortaleza y liberación, Alabanza y gratitud.
La forma de orar el Padre nuestro sería hacerlo muy lentamente meditando en el sentido de cada palabra, y descubriendo el significado que tienen para nosotros.

Vosotros, pues, oraréis así:
“Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre.
Venga tu Reino.
Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Perdónanos nuestras deudas,o
como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
No nos metas en tentación,
sino líbranos del mal,
porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria,
por todos los siglos. Amén”. (Mateo 6:9-13)

Tiempo devocional.

Es de importancia vital apartar un tiempo cada día donde podamos encontrarnos a solas con el Señor. Si fallamos en esto, lo mas probable es que fracasemos en todos los demás asuntos de la vida sean seculares o espirituales.
Marta hizo lo que según ella debía hacer, ocuparse de las tareas cotidianas, María hizo lo que según Jesús era en verdad necesario, estar a los pies del Maestro. Nuestra prioridad como creyentes es la oración y comunión con Dios, estar echados a los pies del Señor.

Nuestra vida de oración debe ir en crecimiento tanto en el tiempo que le dedicamos como en la profundidad e intensidad.

“Volvió luego a sus discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro:
¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” (Mateo 26:40,41)

“Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público.” (Mateo 6:6)

La oración tiene sus recompensas, no porque en si misma sea meritoria, sino porque através de su medio alcanzamos un fin mayor que es la comunicación con Dios. La oración no es un castigo, ni una forma de penitencia, sino una bendición y un privilegio para los hijos de Dios. Es un gran honor que Dios nos haya concedido el poder estar en su presencia y dirigirnos a él.

Orando con la palabra de Dios.

Cuando nos disponemos a orar nos vienen muchas distracciones a la mente,de tal manera que nos resulta casi imposible concentrarnos. Nos esforzamos pero no conseguimos impedir que nuestros pensamientos divaguen en mil asuntos.  ¿Cómo podemos lograr centrarnos en la oración?

El Señor dijo: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.” (Juan 6:63b)

La palabra de Dios son los pensamientos Suyos, es la mente de Cristo y son la inspiración del Espíritu Santo. Cuando tomamos la palabra de Dios en nuestras mentes estas se convierten en vida espiritual, en alimento y energía divina para nuestro ser. Con los pensamientos de Dios somos impulsados a la oración en el espíritu y vencemos la debilidad de nuestra carne.

1º-) Tomamos nuestra biblia y la abrimos por algún pasaje apropiado, algún capitulo que nos llame la atención.
Le pedimos al Señor que nos dirija y que nos enseñe abriendo nuestro entendimiento para comprender su palabra. Con una actitud humilde y reconociendo que somos ignorantes pedimos revelación del Espíritu.

2º-) Comenzamos a leer lentamente procurando sacar todo el significado de la palabra y extraer todo su jugo, como el que exprime una naranja.
Medite en lo que lee mientras le pide al Señor que le hable. No tenga prisa por acabar la lectura, ni quiera abarcar un texto muy extenso.
A medida que meditamos en la palabra la presencia del Señor se hará sentir y su espíritu y corazón se deleitará en el Señor. Disfrute de ese momento. No se trata de leer mucho y saltar de uno a otro tema sino de profundizar en lo poquito que lee.
Cuando consideremos que ya no sacamos nada del pasaje y parece como si descendiéramos de la presencia del Señor seguimos avanzando muy despacio en la lectura y sustrayendo todo lo que podamos de ellas, el Espíritu Santo seguirá actuando y envolviéndonos en la presencia del Señor.

La palabra en la que estamos meditando se convierte en nuestro motivo y guiá de oración. Experimentaremos como el Espíritu nos dirige a orar según la voluntad de Dios.

3º) Otra manera de orar con la palabra de Dios es simplemente comenzar a leer despacio hasta que en algún punto hacemos contacto con el Señor y notamos ese impulso necesario de adorarle. Aquí no se trata de profundizar en la escritura sino solo de usarla para guiarnos a la presencia del Señor al mismo tiempo que vencemos otros pensamientos que nos distraen. Saber y creer que el Señor está con nosotros es siempre un requisito, y como dice la palabra “Dios es galardonador de los que le buscan”

Adquirir un habito de oración lleva su tiempo pero no debemos desistir de intentarlo nunca, aunque flaqueemos a veces. Seguir estos sencillos consejos prácticos será de mucho provecho espiritual, nos hará ser muy conscientes de la presencia del Señor además de que creceremos en el conocimiento de la revelación de la palabra.

Es muy necesario para que podamos disfrutar plenamente de la presencia del Señor y para que él se comunique con nosotros aprender a guardar silencio. No es obligatorio que estemos todo el tiempo hablando, debemos callar para que el nos hable.

4º) Antes hemos mencionado que somos el templo de Dios, él mora dentro de nosotros, en nuestro espíritu que es la parte mas profunda de nuestro ser. Ese es el lugar santísimo en el que Dios se manifiesta.
Existe una semejanza entre el creyente y el templo que Dios mandó construir a su pueblo. El templo tenia tres partes o zonas: El Atrio o patio donde se hacían los sacrificios y los sacerdotes se lavaban, el lugar Santo donde estaba la mesa de los panes y el candelabro y el lugar Santísimo donde se hallaba el Arca de la alianza con el mana, las tablas de la ley y la vara de Aarón. El hombre tiene: Su cuerpo(atrio), su alma(lugar santo) y su espíritu(lugar santísimo).

Debemos buscar a Dios en nuestro espíritu porque es ahí donde él se encuentra; para hacerlo debemos desconectar con todo lo exterior y debemos hacer callar a nuestros sentidos físicos e incluso nuestros pensamientos y deseos de nuestra alma. Es necesario que traspasemos el atrio, y el lugar santo para penetrar en el lugar santísimo donde se encuentra el Señor. La comunión verdadera con el Señor es con el Espíritu porque es en espíritu y verdad que lo debemos adorar.

“porque el reino de Dios está entre vosotros.” (Lucas 17:21b)

“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y estará en vosotros.” (Juan 14:15-17)

“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.” (Juan 14:20,21)

“El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él.” (Juan 14:23)
De modo que no se trata de sacar una  antena para intentar conectar con Dios el cual se encuentra lejos, así lo estaríamos buscando mal y no vamos a establecer contacto con él. Dios está en nuestro interior si es que le hemos dado lugar habiéndonos arrepentido de nuestros pecados y creído en él por Jesucristo.
“Pero vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios está en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros,el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, pero el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús está en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que está en vosotros.” (Romanos 8:9


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