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TRABAJANDO PARA DIOS EN UNIDAD (I)

“Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.” (Lucas 14:28-30)

El Señor compara en este pasaje la edificación de la vida espiritual a una torre que se quiere levantar. La edificación espiritual comprende toda obra en el reino de Dios que queremos llevar a cabo, ya sea en la propia vida de uno o bien con el propósito de que este sea extendido siendo dado a conocer, o con el objetivo de que sea afirmado y  consolidado en la vida de los hijos de Dios.

Es necesario que entendamos lo que implica la obra de Dios y como debemos realizarla.
En muchos casos lo que se está construyendo es una gran torre de Babel, un monumento religioso que solo da culto y gloria al hombre, pero que Dios no tiene nada que ver con eso. En la construcción de Babel existen características similares a las que se encuentran en la autentica obra de Dios y que en el caso de la iglesia son factores necesarios para que el reino de Dios sea edificado. No obstante en esta torre de Babel que se quiso edificar, los propósitos o la finalidad no son los de  Dios, y mucho menos se le está tomando en cuenta a él para lograr tales objetivos.
(Génesis 11:1-9)

En el relato de la edificación de Babel encontramos ciertos principios que los hombres siguieron y que también podemos reconocerlos y aceptarlos como prácticos para realizar la obra de Dios.

  1. Todo el pueblo era uno.
  2. Tenían un mismo lenguaje.
  3. Tenían un proyecto, una visión común.
  4. Estaban decididos a llevar a cabo la obra.
  5. Pusieron imaginación y creatividad en la obra.
  6. Se pusieron a trabajar, emprendieron su hazaña.
  7. Estaban dispuestos a llegar hasta el final.

Como he mencionado anteriormente la intención de los hombres al hacer esta gran obra no era para darle la gloria a Dios, la finalidad no era construir el reino de Dios, sino enfrentarlo, pretendiendo demostrar que eran auto suficientes y poderosos. Satanás es un falso imitador de las obras de Dios e incita al hombre. Si el diablo no consigue destruir lo que Dios ha hecho y quiere hacer, lo imita, consiguiendo que los hombres hagan falsas replicas, desprestigiando de esa forma la autentica obra de Dios.

Estos edificadores no buscaban como digo edificar la obra de Dios, ni santificar y honrar el nombre de Dios, más bien querían hacerse un nombre para perpetuarse, pretendían su propia gloria y promoción.
En su empresa eran movidos por el temor a ser esparcidos sobre toda la tierra; en el fondo sabían que estaba mal lo que procuraban hacer, y que eso no agradaba a Dios.

La palabra de Dios declara que lo que el impío teme eso le vendrá. Dios trajo confusión y división sobre todos estos hombres. Así sucederá también sobre toda obra y proyecto que se levante sin que Dios sea el rey y cabeza, y donde el no reciba toda la gloria y  la honra, el mandará desconcierto y desorden.

Ahora bien ¿Qué nos da a entender esta historia? ¿Significa que no deben existir proyectos claros? ¿Nos quiere enseñar que no debemos tener un proyecto y propósito común? ¿Nos está mostrando que no debemos trabajar en unidad? No, rotunda y bíblicamente No.

Por toda la escritura encontramos ejemplos de la importancia que tiene trabajar según un plan previsto, conforme a los proyectos que Dios en su sabiduría haya mostrado, además de la importancia de que el pueblo de Dios tenga un mismo fin y sentir, una misma idea, a saber la de llevar a termino la obra de Dios para su gloria.

Sin embargo una lección que esta historia nos quiere enseñar es la de discernir entre una obra meramente humana o humanista-religiosa y la obra espiritual de Dios, aquella en la que el es soberano y Señor.

Creo que el obrero de Dios siempre debe tener presente, que si el Señor no edifica la casa en vano trabajan los que la edifican. Por otro lado no debe olvidar nunca las palabras de Jesús que dice: “Yo edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”

La biblia nos enseña por doquier el interés y deseo de Dios en revelar sus propósitos y planes a sus siervos. Por otro lado la palabra de Dios alienta a sus siervos, obreros y a todo su pueblo a indagar y procurar conocer la voluntad de Dios.

Cuando los hombres reciben este conocimiento de lo que Dios quiere hacer, deben humillarse y reconocer su propia indignidad e impotencia ante esa sabiduría, y andar con temor de Dios. No obstante Dios espera una sujeción, obediencia a su voluntad y que se realice la obra que él haya indicado.

Edificando el reino de Dios, en Dios, para Dios y dirigidos por Dios.

Para Dios es mucho más importante el ser que el hacer; para él, la buena actitud, la motivación correcta, debe preceder toda acción u obra que vayamos a realizar. De modo que antes de emprender cualquier proyecto espiritual o plan social debemos primeramente examinar con honestidad la motivación que nos impulsa.
     
a) ¿Está de acuerdo este proyecto con la voluntad de Dios? Estamos obedeciendo con ello la palabra de Dios.

b) ¿Cumplimos con este plan o proyecto la gran comisión? Llevar el evangelio a todo el mundo y hacer discípulos en todas las naciones.

c) ¿Es para darle la gloria a Dios este proyecto u obra? O tal vez para satisfacer nuestro propio orgullo.

d) ¿Buscamos nuestra propia promoción y un estatus entre el liderazgo espiritual, un nombre? O que Dios sea exaltado y que nosotros seamos menos.

e) ¿Sirve este proyecto al cumplimiento de los propósitos de Dios y el evangelio de Jesucristo? Llevar salvación, sanidad y liberación a los necesitados y oprimidos del mundo y de la iglesia, así como la proclamación del mensaje del reino de Dios.

f) ¿Me está pidiendo Dios realmente que realice determinada obra? Es muy importante estar seguros que es el Espíritu Santo quien nos está dirigiendo.

Seguramente habrá otras preguntas tan importantes como estas que podríamos hacernos y que nos ayudarían a aclarar nuestras intenciones y ver si estamos en la postura correcta.

Ante todo debemos ser dirigidos por el Espíritu Santo, y depender totalmente de Dios en lo que nos pueda estar mostrando. Necesitamos estar en una continua comunión e intimidad por medio de la oración y mirando la palabra de Dios.

Analicemos ahora detenidamente los principios que hemos descrito respecto a la construcción de la torre y veamos como estos han de regir en la edificación de la obra del Señor. Podemos descubrir a lo largo de toda la biblia como estos factores forman parte importante para la realización de cualquier proyecto, plan y estrategia de Dios.

Continuara.

 

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