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UN OBRERO APROBADO (1ª parte)
(2ª Timoteo 2:14-26)
Hago uso del mismo titulo que aparece señalado en la cabecera de la escritura bíblica y que está tomado del Vs. 15 de la lectura, porque me parece muy apropiado, creo que expresa en si mismo todo el asunto que se trata a continuación y reúne todo el argumento del mensaje que nos ofrece el Apóstol Pablo.
No obstante, el escritor, al mismo tiempo que le expone a Timoteo las condiciones, los requisitos que implica y como debe actuar un obrero que agrada a Dios, establece también las pautas y exigencias para toda la iglesia, especialmente para los que desean ser usados por Dios.
La clave del pensamiento de lo que Dios le habla a la iglesia, y de lo que espera de ella está en el Vs. 21
“Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.” (2ª Timoteo 2:21)
Así que el Apóstol está usando la espada de doble filo y la está blandiendo por un lado hacia Timoteo y por otro hacia todos los creyentes. Todo el mensaje expresa una unidad, no nos habla de temas diversos, ni son argumentos opuestos. Es la palabra de Dios dirigida a los obreros, y a los creyentes que quieren hacer obras en Dios. Le enseña a los obreros la responsabilidad que se deriva de su cargo para con los creyentes, y exhorta a todos los cristianos y les expone los requisitos para ser instrumentos útiles al Señor.
Ponga empeño en sacar buenas notas. “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado” Vs. 15ª
Todos estamos estudiando y preparándonos en las enseñanzas de Dios y para la madurez espiritual. Así como en lo natural o secular hay diferentes niveles de aprendizaje y grados de enseñanza, en lo espiritual sucede lo mismo. Hay diferentes escuelas y diferentes grados o etapas en las que en el reino de Dios aquí en la tierra aprenden los cristianos. La vida espiritual tiene un comienzo o inicio, un proceso de crecimiento o avance y una madurez en la que los cristianos llegan a estar suficientemente desarrollados y bien preparados para ser productivos en el reino de Dios.
El mensaje de Dios en estas palabras del Vs.15 es, que para aprobar es necesario que nos esforcemos en ello. Hay que estudiar y aprender las lecciones espirituales que de diferentes formas y empleando distintos métodos Dios nos quiere enseñar.
La frase “procura con diligencia” nos exhorta por un lado a poner interés, nos anima a poner cuidado. Por otro nos está diciendo que actuemos de acuerdo y en consecuencia a lo que queremos conseguir, en este caso el ser aprobado por Dios. La meta de cada obrero y cristiano debe estar centrada y enfocada en Dios, no deberíamos estar divididos en nuestro corazón con diferentes objetivos ni motivos, mas que el de agradar a Dios.
Nadie más que Dios tiene autoridad para calificarnos y darnos por aprobados, así como considerarnos aceptos para ser instrumentos suyos. No busquemos ser aprobados por nadie mas, ni expongamos nuestras vidas para que sean calificadas por otros. Con esto no quiero decir que no debamos escuchar a otros, o ser corregidos y enseñados por personas que Dios ha establecido en la iglesia. Pues el Señor ha dado ministerios para el discipulado de los creyentes, para que lleguen a la madurez y preparen a los santos para el servicio de la obra, para que alcancen la perfección en la vida espiritual. Pero nuestra identidad nos la ha dado Dios, es una herencia de creación, es la imagen que hemos recibido de Él, es el resultado de la redención efectuada por Jesucristo, es la naturaleza de Dios que nos ha sido impartida y por medio de la cual hemos sido hechos hijos de Dios. Es por medio de su obra en nuestras vidas que somos aceptados en el amado que es Cristo Jesús. Nuestro valor y nuestra dignidad la ha determinado Dios, no solo que no venga de otros, sino que tampoco nos viene de nuestros propios pensamientos o estados emocionales, ni de nuestro autoconvencimiento. Muchos creyentes y obreros del Señor aun no han comprendido esto que estoy diciendo y se cansan en su esfuerzo por querer agradar a todo el mundo y ser aceptados por todos y aún luchan con ellos mismos en su interior con gran esfuerzo por aceptarse.
Tenga como meta en su vida ser un obrero de Dios aprobado. “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” Vs. 15
Timoteo era un obrero de Dios, había sido discipulado por su madre y su abuela, con las cuales aprendió las escrituras y recibido ciertas instrucciones vitales. Luego el apóstol Pablo lo introdujo en su equipo de ministerio con el fin de capacitarlo en el campo de trabajo y prepararlo para la extensión del reino de Dios. Fue capacitado, ordenado y enviado como obrero. Las cartas del Apóstol Pablo a Timoteo contienen múltiples consejos y directrices para que este sea un obrero fructífero, un instrumento de Dios eficaz.
Con esto no quiero decir que todos estén llamados a realizar las mismas obras que Pablo o Timoteo, tampoco que se nos vaya a otorgar uno de los cinco ministerios mencionados en (Efesios 4:11). Pero no me cabe ninguna duda de que todos hemos sido llamados a ser participantes de la gran obra de Dios y a colaborar en alguna medida en la extensión del reino de Dios. Es Dios quien llama y convoca a los obreros de su reino, el es el contratista.
“Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña.” (Mateo 20:1)
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