|
BAJO LA DISCIPLINA DEL SEÑOR (I Parte)
"Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz.
La ira de Jehová soportaré, porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga mi justicia; él me sacará a luz; veré su justicia" (Miqueas 7:8-9)
"Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo aquel que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.”
(Hebreos 12:5-8)
Vigilando nuestra actitud prosperaremos y mantendremos a nuestros enemigos a raya.
Es un requisito indispensable tener una actitud adecuada y aceptable ante el Señor cuando Él trata con nosotros, esto es necesario si queremos ser aprobados delante de Él, así como para que podamos adelantar a siguientes etapas en nuestro crecimiento espiritual y conocimiento de nuestro Dios.
Cómo afrontamos nuestros pecados, debilidades, circunstancias adversas, y la oposición o contrariedad de otros, será crucial para que avancemos o nos quedemos estancados en la vida espiritual. Tendremos que aprender a afrontar todas estas cosas de forma apropiada si queremos progresar.
El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. (Proverbios 28:13)
Nuestra confianza en Dios y en que manera reaccionamos con Él, determinará también, cómo nos va ha afectar la oposición del enemigo, las acusaciones que nos lanza y las armas que utiliza para destruirnos.
Cuando estamos bajo la mano del Señor, nos sentimos especialmente sensibles a los ataques de nuestro adversario. El enemigo aprovecha esas ocasiones de aflicción y tristeza en las cuales somos más vulnerables a sus insinuaciones, a sus acusaciones y a su desprecio.
Dios es poderoso para sacarnos en victoria, aun de en medio de la derrota y el fracaso. Pero es necesario para ello, que también seamos resistentes y sepamos soportar la disciplina del Señor. Y que entendamos, que es la vara de su amor bajo la que estamos en tratamiento. Dios ha provisto en su gracia todo lo necesario por medio de Cristo, para que seamos más que vencedores y vivamos una vida cristiana triunfante, y que podamos declarar junto con San Pablo “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”
Tenemos un adversario que es oportunista. "El diablo anda como león rugiente buscando a quien devorar" Es como una bestia que busca a su presa, la más débil y la más rezagada, la que está enferma o herida.
Él acecha cuando estamos caídos. Cuando pecamos le estamos dando lugar al diablo para que él nos acuse con una base. Si hemos cedido a la tentación y desobedecido a Dios, estamos pisando en terreno enemigo y poniéndonos de su lado, aunque no seamos conscientes de ello.
La palabra de Dios nos enseña que toda forma de injusticia es pecado. Si obramos injustamente le estamos abriendo las puertas al diablo.
Cuando actuamos en desobediencia nos apartamos de la luz de Dios y entramos en tinieblas espirituales. Entonces comenzamos a experimentar una gran confusión e inseguridad, porque ha habido un cese en nuestra relación con Dios, la comunión ha sido rota. El pecado en alguna de sus manifestaciones está interfiriendo entre nosotros y Dios. La culpa se hace sentir sobre nuestro corazón y el Espíritu Santo se contrista en nuestro interior y nos convence de pecado.
El cristiano temeroso de Dios sentirá una gran tristeza que le viene de parte del Señor y que lo guía al arrepentimiento, e irá rápidamente a humillarse ante Dios, porque sabe que lo ha ofendido. Entonces el Señor será amplio en perdonar.
"Al corazón contrito y humillado no despreciarás tu oh Dios"
"Hijitos, estas cosas os escribo para que no pequéis, y si alguno hubiere pecado abogado tenemos para con el Padre a Jesucristo el Justo, el cual es la propiciación por nuestros pecados"...(1ª Juan 1:9)
Cristo, no solo nos defiende como abogado, sino que aun habiéndose demostrado nuestra culpabilidad, y siendo dictada la sentencia, se ofreció así mismo, para recibir él nuestra condena y justo castigo.
"El castigo de nuestra paz fue sobre él y por sus llagas fuimos nosotros curados".
No obstante, aunque el creyente reaccione volviéndose a Dios, esto no significa que se va ha sentir bien inmediatamente, y libre de ataduras, como si nada hubiera pasado. El sentimiento negativo quedará por un tiempo en su memoria, en su conciencia, y en su alma, pero no debe quedarse contemplándolo, tomándose el pulso todo el tiempo; como un enfermo aprensivo que continuamente se toma la tensión o el pulso para ver si ha tenido alguna mejoría. El hijo de Dios debe afianzarse con toda confianza en la obra consumada de Cristo, en su sacrificio expiatorio y en su justicia, que le es imputada por fe.
"Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo". (Romanos 5:1)
La sangre de Cristo ha satisfecho completa y totalmente a Dios en su justicia y santidad. Dios ve la sangre derramada de su amado Hijo y pasa de nosotros, él aparta sus juicios, porque ya Cristo los llevo sobre sí. La deuda ha sido saldada por completo, y la barrera de separación entre Dios y nosotros que constituían nuestros pecados ha sido derribada.
Sobre esta base y fundamento, que es la obra de Cristo en la cruz, es que el creyente, que ha podido caer vuelve a levantarse y es nuevamente restaurado en su relación con Dios.
"Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.”(Hebreos 10:19-22)
Para ser levantados a una posición de justos delante de Dios, debemos ver a aquel que fue alzado por nosotros en la cruz, humillándose hasta lo más bajo, y que Dios lo levantó hasta lo más alto en su trono y a su diestra. ¡A Él sea la gloria por siempre!
Teniendo en cuenta el significado de la cruz y creyendo en su eficacia, podemos enfrentar a nuestro adversario, el diablo, con toda la autoridad de Dios. Pues Cristo en la cruz lo venció, le arrebató el derecho que ejercía sobre nosotros y anuló su poder.
Soportando la disciplina
Es necesario que Dios nos aplique su corrección, de lo contrario nos endureceríamos y nos echaríamos a perder. Por nuestra parte es fundamental que aceptemos con buena disposición cuando el Señor usa su vara con nosotros.
En el Salmo 23 el rey David dijo: “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento”
Este siervo de Dios sabia que la corrección no era para su destrucción y aniquilación, sino para infundirle espíritu, ánimo, aliento. La disciplina del Señor es para traer paz, esperanza y seguridad a los hijos de Dios. La corrección destruirá todo lo que es de la carne y que pertenece al viejo hombre, mas fortalecerá nuestro espíritu y nos transformará a la imagen de Jesús.
Muchos creyentes piensan que como Dios es amor y que estamos bajo la gracia, Él lo va ha consentir todo. Y que, como han confesado sus pecados, ya todo está bien y el Señor se olvida de todo. Esto no es toda la verdad.
Si bien es cierto que Dios no nos echará en cara nuestros pecados, pues Cristo los llevó y sufrió en la cruz. También es verdad que Dios va a tratar nuestro viejo hombre; Él en su amor nos va ha disciplinar y nos va ha santificar para que seamos semejantes a Cristo y participes de su carácter. Dios nos muestra su gracia de esta y otras muchas maneras sorprendentes. Seremos bautizados en Espíritu Santo y fuego; el Señor usará circunstancias, conflictos, necesidades, sufrimientos a modo de fuego, para limpiarnos de toda la escoria y hacernos puros.
Seremos crucificados una y otra vez en cuanto a nuestros deseos, pensamientos, maneras de hacer las cosas, sueños y aspiraciones personales, aun nuestro celo por servir al Señor será purificado en sus motivos.
Es muy importante discernir la mano de Dios en todos sus tratos y aceptar todo lo que Él permite para que sus propósitos lleguen ha cumplirse en nuestras vidas.
“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” (2ª Corintios 4:17,18)
Este pasaje que acabamos de citar es clave indispensable para superar cualquier prueba; nos indica que debemos mirar mas allá de lo meramente aparente, natural o circunstancial. Nos da un consejo muy práctico en la manera en que debemos hacer uso de la fe en medio de cualquier situación. Y que por la misma podemos remontarnos y traspasar lo visible de manera que podamos discernir y contemplar la mano de Dios actuando y queriendo llevar a cabo su eterno propósito en nuestras vidas.
Para que el trato que Dios nos da pueda sernos de beneficio en nuestro desarrollo espiritual lo debemos aceptar. Es necesario que soportemos con paciencia sin quejarnos ni murmurar, o pensando que se nos hace una injusticia. Dios tiene medido todo cuanto Él permite en nuestras vidas. Él tiene contados todos los cabellos de nuestra cabeza, de modo que ninguno será arrancado sin su permiso.
Las escrituras nos enseñan también que no seremos tentados más de lo que podemos resistir, sino que juntamente con la prueba Él nos dará la salida.
Sin embargo, no debemos impacientarnos perdiendo esa oportunidad que Dios nos está dando para aprender de Él, para conocerle mejor.
Desesperamos por salir de las situaciones desagradables en que Dios nos mete, pataleamos y lloramos para que todo termine y Él nos saque del sufrimiento que estamos padeciendo, pero la victoria está en aceptar esa cruz; nuestra libertad se encuentra en discernir la mano de Dios y besarla.
P.Jurado Rodriguez.
© SentirCristiano.com
|