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COMERCIANTES EN EL TEMPLO (I Parte)
“Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.
Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y a las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.” (San Juan 2:13-17)
“¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Jehová” (Jeremías 7:11)
Con temor de Dios comparto este mensaje, confiando en que Él pueda usarlo. No es mi intención ofender a nadie ni herir susceptibilidades. Esta palabra expresa una carga y preocupación sincera por la obra de Dios, un sentir de Dios por su pueblo en general, y avisa de algunos de los peligros en que se encuentra la iglesia de hoy. Espero que el Espíritu Santo traiga luz a algunos corazones que puedan necesitar de ella y la libertad que es en Cristo Jesús. Aun hay esperanzas para el pueblo de Dios.
El pasaje del evangelio según San Juan, nos narra un acontecimiento muy serio ocurrido en el templo de Dios en Jerusalén. Este panorama no era algo casual u ocasional, esto no era un caso extraño ni circunstancial que ocurriera una sola vez. Se hacia habitualmente, era un estado asentado, unas practicas que se venían llevando a cabo desde hacia largo tiempo y que dejaba ver la condición espiritual del momento.
La fiesta de la pascua estaba aproximándose, una celebración solemne. Era una fiesta instaurada por el mismo Señor, para que el pueblo judío recordase siempre la liberación de Egipto, que por cuatrocientos años habían sufrido bajo la tiranía y esclavitud de faraón y Dios los había librado poderosamente.
El Señor se acercó a Jerusalén seguramente para observar como andaban las cosas por allí, a ver como iban los preparativos de la fiesta, que ambiente se respiraba en el pueblo. Entró en el templo, y ¿que fue lo que encontró?, de todo, menos lo que debía haber. ¿Que está percibiendo el Señor en su templo, que ven sus ojos en la iglesia? “He aquí que también yo lo veo, dice Jehová”
La pascua era una celebración de gran significado espiritual; pero este acontecimiento se había convertido para los judíos en un simple ritual más, sin expectativas, algo desfasado. Pareciera que esa celebración era algo que no les satisfacía plenamente, no tenía ya mucho sentido para ellos. Para el liderazgo religioso no era suficiente que en el templo se tratara con cosas sagradas. Ellos estaban ansiosos por experimentar con algo novedoso, querían nuevas corrientes, no había contentamiento suficiente con la provisión que Dios diera. En nuestra actualidad sucede algo similar.
El sacrificio de Jesucristo, la obra consumada de la cruz, la sangre del Cordero derramada para expiación por los pecados, el poder de la resurrección, el Cristo ascendido, el señorío de Jesucristo y la liberación del mundo, el pecado y el diablo no nos parece cosa suficiente. Este maná les resulta liviano e insípido a muchos; el comer el cordero no es suficiente ni apetecible. El tomar la carne y beber la sangre de Cristo es alimento duro de digerir. Incluso para algunos esto les resulta algo repulsivo.
El anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a la luz, el mensaje poderoso y liberador de la cruz, el hablar de los poderes y riquezas eternas, no constituye un mensaje atractivo y popular para atraer las masas.
El sacerdocio judío no estaba siendo de bendición espiritual para el pueblo de Dios, ellos habían perdido el norte; mantenían su posición pero habían perdido la autoridad y poder de Dios. No eran buenos ejemplos, pero ellos tenían que mantener el estatus de cualquier forma y a cualquier precio.
El liderazgo religioso no podía consentir que el pueblo dejara de asistir al templo y había que hacer cualquier cosa. De manera que echaron mano del marketing, y otras técnicas de negocios empresariales, así como de algunas otras cosas que tienen un cierto valor humano en el mundo pero que no tienen ninguna validez respecto al reino de Dios.
El estado era decadente, era una situación de total ruina espiritual, algo muy triste a los ojos de Dios. Toda actividad en el templo se presentaba ahora como una oportunidad de hacer negocio. El templo que representaba la casa de Dios y el lugar donde Él habita, se había convertido en un mercado, un lugar donde comerciar y hacer dinero.
Observemos con algún detalle que sucedía en la casa de Dios, quienes comerciaban, con que se comerciaba. Que mensaje encontramos aquí para la iglesia actual. ¿Qué espera Dios de su templo que es la iglesia? ¿Qué halla Jesús en el templo? ¿Qué está viendo el Señor en la iglesia?
Los bueyes en el templo.
Estos bueyes representan a los obreros del Señor. En la iglesia, que es el templo del Dios viviente se hallan los obreros del Señor, los siervos de Dios. Son los hombres llamados y escogidos por Dios para servirlo en las cosas santas espirituales. ¿Son estos siervos, simples bestias de carga y objetos de comercio en la iglesia? ¿Son puestos ahí democráticamente por fines egoístas, para que hagan todo el trabajo en la iglesia y para que logren éxitos religiosos?
Los bueyes son animales de carga, apropiados para el duro trabajo en el campo y para transportar cargas muy pesadas. Los obreros de Dios deben tener buenas espaldas para el duro trabajo de la obra de Dios. Los siervos son puestos por el Señor para trabajar el campo espiritual y laborar en la viña del Señor.
Es el Señor el que llama, es el que contrata, es Él, el que pacta con sus ministros y los envía a trabajar. Nadie toma para sí esta honra, ni debe tomarla. El llamado es prerrogativa de Dios, no de los hombres. La responsabilidad de los hombres es reconocer con discernimiento espiritual a aquellos que Dios ha escogido. Los personas solo debemos aceptar los dones y ministerios que Dios ha dado a su iglesia para bendición y edificación de la misma.
¿Pero que está sucediendo hoy en la iglesia con respecto a este tema?
Que los hombres han asumido la responsabilidad de llamar, poner, quitar, exaltar, dar cargos etc. Usurpando esta prerrogativa exclusiva de Dios.
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11,12)
El valor de los obreros se juzga hoy día según los intereses humanos y los valores del mundo, se mide según los criterios naturales, y no conforme a las perspectivas de Dios. Los hombres se fijan en la apariencia de los posibles candidatos, pero Dios mira el corazón.
El Señor sabe mejor que nadie que clases de siervos necesita la iglesia. Aquel que dijo: “Yo edificaré mi iglesia” sabe muy bien que obreros usar para este fin. Si el Señor edifica su iglesia esto implica que Él es el capataz de los obreros y pone a cada cual en el lugar apropiado. Las puertas del hades no podrán prevalecer contra una iglesia de la cual Cristo es su cabeza, y en la cual Él establece los ministerios, porque es Él, el que gobierna.
¿No estaremos privando a la obra de Dios y a la iglesia, de aquellos obreros y colaboradores idóneos que el Señor quiere poner? ¿No es quizás por esta razón que la iglesia no avanza en victoria?
Con unos pocos obreros, siervos llamados y ungidos por Dios él puede hacer mucho. Con muchos que no están ni llamados, ni ungidos, Dios no puede hacer nada; esto puede constituir un estorbo, un atraso para el avance de la obra y propósitos de Dios.
Que Dios ayude a aquellos que Él ha puesto sobre su casa como mayordomos y como vigías, y les dé visión y discernimiento espirituales sobre Su voluntad en estos asuntos. Que Dios de valor y gracia a aquellos de los que Él espera que actúen dándole lugar al Espíritu Santo sobre estas cosas, en responsabilidad y con mucho temor y temblor.
“La mies es mucha y los obreros son pocos, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” Oremos para que Dios levante obreros, y para que esos obreros sean reconocidos por el pueblo del Señor. Oremos para que esos obreros escogidos y aprobados por Dios y reconocidos por la iglesia, sean enviados.
Próximamente aparecerá II parte de Comerciantes en el Templo (Las ovejas en el templo)
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