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COMERCIANTES  EN  EL  TEMPLO (II Parte)

Las ovejas en el templo

Las ovejas en el templo eran  objeto de puro comercio. Estas ovejas representan la mayoría del pueblo de Dios, el grueso de creyentes. Este es el pueblo que Dios ha escogido y que es victima del comercio en manos de pastores y obreros desleales e infieles a Dios. Este pueblo sufre el despojo en manos de hombres fraudulentos, hombres que usan la piedad como fuente de ganancia. Son hombres corruptos de entendimiento arrastrados por lo mas bajo de sus instintos, sensuales, que solo buscan sacar provecho del pueblo de Dios.

El Señor habló de estos obreros asalariados y los recriminó. Son estos los que cuando ven venir al lobo huyen y dejan las ovejas. Son pastores que se apacientan así mismos y cuidan de sí mismos, se pastorean ellos mismos, pero no velan por el rebaño del Señor. Jesús dijo: “El buen pastor su vida da por las ovejas, pero el asalariado huye cuando ve venir al lobo” El obrero interesado sacrifica las ovejas antes que sacrificarse él por ellas. Dios nos libre de tales pastores. Estos se  señorean del rebaño como si las ovejas fuesen suyas. Las ovejas que están en sus manos son maltratadas y mal alimentadas. Ellos las conservan mientras les produce lana y leche, cuando no es así las sacrifican. Todo en estos siervos es un puro interés propio y egoísmo. Ellos no se preocupan por la oveja perdida mientras las noventa y nueve estén a buen recaudo; o más bien ¿son las noventa y nueve las que están perdidas y una la que se ha librado?

¿Cuál será el final de estos pastores fraudulentos y falsos que no son fieles al rebaño?

“¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! Dice Jehová.

Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová.”(Jeremías 23.1,2)

“Aullad, pastores, y clamad; revolcaos en el polvo, mayorales del rebaño; porque cumplidos son vuestros días para que seáis degollados y esparcidos, y caeréis como vaso precioso.” (Jeremías 24:34)

“¡Voz de la gritería de los pastores, y aullido de los mayorales del rebaño! porque Jehová asoló sus pastos. Y los pastos delicados serán destruidos por el ardor de la ira de Jehová.”(Vs. 36,37)

Este es el juicio de Dios que les espera a aquellos siervos que no son responsables sobre la grey, sino que lo pisotean oprimen y extorsionan. ¡Oh! Que los pastores adopten el espíritu y actitud del Príncipe de los pastores.
El Salmo 23 es un vivo ejemplo del Gran y Buen Pastor. Que hermoso, que tranquilidad, que seguridad supone estar al cuidado de un pastor así. Que contento estaría el Señor si el siervo diera la comida abundante y a su tiempo a su pueblo, llevándoles a ingentes pastos. Pero si el siervo, viendo que su Señor tarda, comenzare a beber, comer y disfrutar él y ser negligente con el rebaño; y comenzare a tratar mal al rebaño y a golpearlo, El lo va a castigar.

¿Qué será de las ovejas? El Señor mismo las pastoreara. El las cuidará y velará por ellas.
“Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras a donde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán. Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová.” (Jeremías 23:3,4)

Las palomas en el templo.

Las palomas representan al Espíritu Santo en la Iglesia, la Unción de Dios, el Poder de Dios, el divino Consolador.
Cuando Jesucristo fue bautizado en el río Jordán el Espíritu descendió sobre Él en forma de paloma, ungiéndole para realizar el ministerio que tenía por delante.  Luego el Señor prometió enviar este mismo Espíritu sobre sus discípulos, ocurriendo esto el día de Pentecostés. El poder de Dios descendió sobre todos los discípulos que estaban reunidos en el aposento alto capacitándoles para llevar a cabo la obra de Dios. Ellos salieron llenos del fuego de Dios a predicar el evangelio y a hacer discípulos, haciendo el Señor por medio de ellos señales diversas, milagros y sanidades.

Pero desde el comienzo de la Iglesia, han habido hombres que no han entendido que los dones de Dios son dados por gracia, y que no son artículos de negocio.
De manera que se levantaron algunos que querían hacer negocio del Espíritu de Dios. Es que el hombre natural siempre quiere obtener mediante recursos humanos las cosas que son del Espíritu, y esto no es posible.

En las escrituras tenemos el ejemplo de un tal Simón que era mago. Este alucinaba cuando veía las manifestaciones del Espíritu Santo por medio de los apóstoles. Simón codició al Espíritu por lo espectacular, por las señales, por el poder que esto representaba; pensó que si pudiera obtener ese Espíritu seria un éxito para su vida. El se veía así mismo promocionando, con popularidad, subiendo como la espuma. Todos le observarían.
De manera que este hombre quiso hacer negocio con los apóstoles y les ofreció dinero para que orasen por él y  recibir así el poder del Espíritu Santo.

“Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo.
Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.
No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.” (Hechos 8:18-21)

No hay ningún don de Dios que se pueda obtener con dinero, ni ninguna bendición o promesa que se pueda comprar.
Jesús dijo:”De gracia recibisteis, dad de gracia” Que nadie te engañe enseñándote lo contrario, no los creas. El Señor no ha puesto valor económico a ninguna de sus promesas, dones, o bendiciones, nunca jamás.

Los apóstoles dijeron a Simón que no tenía parte ni suerte en este asunto porque su corazón no era recto para con Dios. Muchos hoy no tienen con respecto al Espíritu Santo un corazón recto e integro delante Dios.¿Porqué? Porque hay en sus corazones un deseo de exhibirse, tienen un fuerte anhelo de espectacularidad y de demostrar algo que otros no pueden hacer. Quieren ser el centro de atención. Los protagonistas.

Algunos se engañan así mismos y engañan a muchos pensando y haciendo pensar a otros que poseen el monopolio del Espíritu, ¡el no va más!, la clave secreta de Dios y sus bendiciones. Ellos creen que pueden hacer y deshacer a su antojo y que pueden actuar de cualquier manera irreverente con las cosas de Dios.
Muchos se enriquecen en el comercio del espíritu. En verdad no buscan la gloria de Dios, aunque lo anuncian a bombo y platillo, sino la suya propia. Ellos comercian con las obras de Espíritu y con las manifestaciones y señales, la sanidad divina, los milagros etc. Lo usan para lograr sus fines egoístas, y para llevar a cabo sus propios planes y proyectos. Dudo mucho que el Espíritu de verdad, la dulce Paloma  repose sobre tales hombres, mujeres, u obras religiosas. Dios no aprueba, ni apoya todo este comercio del espíritu, esto le disgusta muchísimo.

La actitud de los que comercian con Él está reflejada en el mensaje que el Señor da a la Iglesia de los últimos tiempos, la iglesia de Laodicea.
Ellos se ven así mismos ricos, llenos, autosuficientes, como que no les falta nada en lo que respecta a Dios, ni en ningún don. Pero no es así como el Señor los ve, Él no piensa igual que ellos, ¡que lejos están de la realidad de Dios!
Lo que están viviendo es una ilusión, una sombra, una imitación, una falsedad, solo tienen una experiencia sensual de aquello que entienden como verdadero. Están llenos de justicia propia, de amor propio y de orgullo espiritual.

“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.” (Apocalipsis 3:17)

Dios está fuera de todo esto, a la puerta. El no comulga con esas actitudes, Él está apartado. Sin embargo, en su misericordia, El da una oportunidad a esta Iglesia para que se arrepienta y adquiera aquellos valores que cuentan para Dios.
El Señor ama a su Iglesia y el la disciplinará para que sea santa y sin mancha, sin ninguna arruga. El Señor limpiará y purificará su templo.

 “Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.
Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3:18-20)

El Señor quiere otorgar a su pueblo toda su herencia espiritual, las riquezas celestiales, aquellas que nadie les podrá robar porque están escondidas con Cristo en Dios. Pero Él desea que el corazón de sus hijos esté puesto en esas riquezas espirituales. Que la mirada de ellos esté puesta en las cosas de arriba y no en las de la tierra. Y que las anhelen tanto, como Dios anhela dárselas.

Próximamente aparecerá la III parte de COMERCIANTES EN EL TEMPLO (Los cambistas en el templo)


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