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COMERCIANTES EN EL TEMPLO (III Parte)
Los cambistas en el templo
Estos son los que de continuo están haciendo énfasis en el dinero. Para ellos la base y el fundamento de la obra de Dios es el dinero, el tema económico es lo que prima. Son especialistas en el tema de inversiones monetarias, con gran facilidad y destreza te pueden orientar sobre donde tienes que invertir, y gastar tus recursos económicos. Ellos están continuamente exigiendo al pueblo de Dios que cambien su dinero por bendiciones espirituales, y que inviertan si quieren recibir más. Si usted no da como ellos dicen, usted no recibirá las bendiciones de Dios.
Estos del único cambio que entienden es el de una cuenta corriente a otra, de la de usted a la suya. Con todo, sus mensajes parecen muy espirituales y son muy convincentes. Son excelentes expertos ordeñadores de ovejas. En su énfasis se basan en diferentes textos bíblicos torciendo el sentido correcto de las escrituras.
El mal uso que hacen de la palabra de Dios se puede discernir por el efecto que produce en los oyentes, en cuanto a que apelan a la avaricia y al deseo de poseer más cosas de este mundo. Instan al pueblo de Dios a poner su mirada en las cosas naturales, no en las del espíritu. Ellos transmiten su propia sensualidad y apetito descomunal de prosperidad y éxito naturales. Hacen un marcado énfasis en que las posesiones y riquezas materiales son un signo de la bendición de Dios, ¡Qué lejos están de la verdad! Nos quieren dar a entender que Dios nos ha escogido y nos ha salvado para que seamos prósperos en este mundo. No es eso lo que enseña la Biblia.
La palabra de Dios nos advierte de los peligros en perseguir las riquezas de este mundo y el dinero diciendo:
“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” (1ª Timoteo 6:9-10)
Esta es la condición de muchos, se han extraviado de la fe adorando al dios de las riquezas y la prosperidad. Y también engañan a muchos con su doctrina perversa. Nunca están contentos con lo que tienen, siempre quieren más, siempre necesitan más.
Es preciso que los creyentes sostengan la obra de Dios con su generosidad, para que ésta continúe adelante, el evangelismo, los ministerios, ayuda a necesitados etc. La palabra nos enseña a que esto se haga sin esperar nada a cambio, excepto a que el uso de esos recursos, sean de bendición para el menester al que se destina y supla la necesidad donde la hay.
No obstante, no deberíamos permitir que los pedigüeños religiosos machaquen nuestra conciencia; no permitamos que estos mercaderes espirituales, estos cambistas de divisas nos condenen y fuercen a sus prácticas.
Del Señor es la tierra y su plenitud, nosotros somos suyos, lo nuestro es de Él, y todo es nuestro por gracia, por medio de la fe.
Pertenecemos al Señor no porque hemos sido adquiridos con oro, plata, ni con piedras preciosas, sino con la sangre de Jesucristo como de un cordero sin mancha. Entreguémonos al Señor completamente, sin reservas y el cuidará de nosotros. Permitamos que el Espíritu Santo que está en nosotros y nos anhela celosamente nos posea.
“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque el dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.” (Hebreos 13:5-6)
Lo que hace el Señor al encontrar el templo en semejante estado.
La situación con la que se encontró el Señor en el templo no le agradó en absoluto. Se indignó.
“Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos”
El Señor echará fuera de su reino a todos los que han servido de tropiezo, a todos los que han deshonrado su iglesia haciendo de ella un comercio. El Señor limpiará su iglesia de toda práctica mercantil.
“Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de ti, y todas las cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás.
Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido a costa de ella, se pararán lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentando.” (Apocalipsis 18:14-15)
“Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.” (Lucas 3:17)
Este estado en el cual se encuentra la iglesia permanecerá hasta el fin de los días, cuando Cristo vendrá y se llevará a los suyos. Pero antes sucederá que el Señor tomará medidas y hará una limpieza.
“Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1ª Pedro 4:17)
“Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego” (Lucas 3:9)
No es la voluntad de Dios que se pierda alguno. Pero Dios está aguardando pacientemente a que nos volvamos a Él. El Señor está esperando un arrepentimiento por parte de los que han torcido sus caminos.
Hay tanto desorden en esta casa grande, hay tanta inmundicia, está tan contaminada... Hay tanto del hombre natural y tan poco de la obra del Espíritu. Está todo tan mezclado y adulterado en la iglesia, hay tanta tibieza que el Señor va a vomitar.
El Señor hará pasar por fuego, por tribulación y por prueba a todos los creyentes para que solo queden aquellos que son verdaderos. El Señor hará un azote de cuerdas, el castigará a su pueblo para purificarlo.
“Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.” (Hebreos 12:6-8)
Refrescando nuestra memoria y despertando nuestro entendimiento.
El Señor tiene que actuar seriamente con la iglesia, para que ésta tome conciencia y haga memoria de lo que es verdaderamente importante y trascendente.
“Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.” Vs. 17
Dios es celoso de su iglesia. El ama con ardiente amor a su pueblo. Hará lo que sea necesario para santificarlo y prepararlo para ser digno de el.
“¿O pensáis que la escritura dice en vano: El Espíritu que el ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 4:5)
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1Corintios 3:16)
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” (1Corintios 6:19)
Que importante es tener siempre presente, lo que somos para Dios, y la verdad de que no nos pertenecemos a nosotros mismos, para que no hagamos mal uso de lo que no es nuestro. Representa un gran peligro, un desastre y perdida espiritual no estar consciente de esta realidad. Somos de Dios. Él habita entre nosotros, Él anda entre nosotros, somos de Él y Él es nuestro. El reino de Dios está entre nosotros, Él quiere gobernar y hacer su perfecta voluntad en nosotros.
Los que son discípulos de Cristo han de tener presente siempre estas cosas. ¿Hemos perdido de vista ésta realidad? ¿Sentimos el mismo celo por el Señor que el que Él tiene por nosotros? ¿Hemos perdido el fuego, ese amor apasionado por lo que es de Dios?
El templo es casa de oración
El pueblo de Dios son las piedras vivas con las que está construida la casa espiritual del Señor, teniendo a Cristo como fundamento. “Dios no habita en templos hecho por manos humanas”. El Señor es quien edifica su iglesia, su casa, su templo, por medio de su Espíritu Santo. Cuando lo que se hace en la iglesia ha surgido del hombre natural o simplemente se hace porque es humano, o porque parece bueno, no aporta ningún valor espiritual, ni añade nada a la obra de Cristo. Cuando el hombre mete sus manos en la iglesia entonces Dios se queda fuera, se aparta. Esto sucede cuando Dios no tiene el primer lugar, cuando no hay temor de actuar independientemente de Dios. La oración ferviente, la comunión constante y profunda cambiaría las cosas.
Dios busca la adoración espiritual de sus hijos, Él desea estar en comunión intima y continua con su pueblo. La oración eficaz debería ser la identificación y ocupación principal de la iglesia de Dios. El Padre busca hombres y mujeres que se pongan en la brecha para que intercedan por la tierra y Él no la destruya.
“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de el misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.” (Isaías 55:6-7)
Ahora es el tiempo de buscar a Dios con todo el corazón, humillarnos delante de Él reconociendo nuestros pecados, y la deshonra hecha a su nombre. Es el tiempo de mirar por los intereses de Dios y de su obra y no para que cada uno busque lo suyo propio.
La iglesia del Señor está viviendo en una situación anormal, no está experimentando una espiritualidad auténtica. En muy pocos lugares se adora a Dios en espíritu y verdad, hay apariencia de piedad, de culto a Dios, y de adoración, pero la realidad es que los hombres son el centro de todo. Muchos no saben lo que adoran, dijo Jesús a la mujer samaritana, y también que habría un tiempo en que nadie adoraría al Padre.
¿No estaremos viviendo esa hora de confusión en nuestra actualidad debido a que no buscamos a Dios? ¿Cómo podremos mostrar la gloria de Dios a este mundo si la hemos perdido?
En gran parte de la iglesia, aunque haya actividad, música y fiestas de celebración no está el Espíritu de Dios, Icabod, la gloria ha sido quitada, Dios ya no está.
Dios no compartirá su gloria con nadie. Él está fuera de las puertas, por la obstinación, la autosuficiencia, el orgullo y la avaricia de su pueblo. Pero Él está llamando para que nos volvamos en arrepentimiento y Él nos perdone y nos restaure.
“Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” ( Apocalipsis 3:19-20)
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