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CUALIDADES DE UN CONSOLIDADOR DE LA OBRA DE DIOS (I Parte)
“Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor. Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.” (Hechos 11:19-24)
Es necesario una visión amplia y un corazón ancho si queremos ser usados por Dios como consolidadores.
Dios necesita en estos tiempos hombres y mujeres que el pueda usar como colaboradores en la consolidación de la obra que el está haciendo. Instrumentos sensibles al mover del Espíritu Santo, capaces de discernir donde y como Dios está actuando. Obreros que reconocen la soberanía de Dios y la primacía del Espíritu Santo, sin poner ninguna traba ni obstáculo a la manera en que él hace las cosas.
Jesús dijo: “El que no es conmigo es contra mí, y el que conmigo no recoge desparrama”
No se puede ser neutral en cuanto a lo que Dios pueda estar queriendo hacer u obrando, estamos con él o contra él.
De modo que es de vital importancia discernir en lo que Dios está trabajando, el lugar en que Dios está interesado y sobre que personas está operando de alguna manera, y que instrumento está utilizando, para que así podamos participar en su obra y no serle de estorbo, ni limitarnos a ser simples espectadores.
Es muy común adoptar una actitud pasiva cuando no es uno mismo el que ha iniciado la obra, y mantenerse al margen sin quererse comprometer. Sin embargo no era esa la postura que adoptaban los apóstoles y obreros de Dios cuando oían de lo que Dios hacía en diferentes lugares, independientemente de los hermanos que Él usara.
Tampoco los que fueron esos primeros discípulos de Cristo monopolizaron el llamado ni la gran comisión, ni reclamaron la exclusividad de la obra del Señor, como si sólo a través de ellos él pudiera actuar.
Los apóstoles del Señor estaban abiertos a todo lo que Dios pudiera hacer y por medio de quien el quisiera hacerlo. Estaban dispuestos a apoyar la obra de Dios donde fuera manifiesta y a enviar a obreros para consolidarla, así como todo el apoyo necesario. No albergaban recelos, ni temores, tampoco sentían competencia por lo que Dios hiciera por mano de otros, sino que se gozaban y se admiraban viendo prosperar la obra del Señor.
En Jerusalén se había promovido, comenzando con Esteban, una gran persecución contra los creyentes, todos fueron dispersados excepto los apóstoles que permanecieron unidos en la ciudad.
Los hermanos que fueron esparcidos predicaron la palabra en los lugares donde arribaron, y muchos inconversos se convertían al evangelio, y Dios hacia muchas señales y milagros a través de ellos. Felipe llegó a Samaria y la puso patas arriba, muchos se convirtieron al Señor por su predicación y eran sanados y liberados de demonios. Los apóstoles al oír lo que sucedía en esa ciudad enviaron a Pedro y a Juan para que confirmasen la obra, y consolidaran aquello que Dios había comenzado por medio de Felipe.
El ejemplo de Bernabé como obrero aprobado y apto para ser un consolidador.
Un buen grupo de hermanos llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquia. Unos predicaban solo a los judíos y otros predicaban también a los griegos, entendiendo que la salvación por medio de Jesucristo era para todos. Concretamente en Antioquía muchos griegos aceptaron la palabra de Dios y se convirtieron a Cristo. Nos dice la escritura que cuando los hermanos de la iglesia que estaba en Jerusalén oyeron de estas cosas enviaron a Bernabé hasta Antioquia.
Bernabé era un hermano que estaba comprometido con la obra de Dios, generoso y con buena disposición a servir a Dios y a la iglesia. Él no era un apóstol, al menos en principio, aunque más tarde llegaría a serlo trabajando junto al apóstol Pablo en el establecimiento de iglesias. Tampoco era uno de los siete diáconos que se nombraron en la iglesia para que colaborasen con los apóstoles en la distribución de los recursos a las necesidades materiales de la iglesia.
Bernabé era un discípulo de Cristo, un hombre que puso su vida y sus posesiones a disposición del Señor. Originalmente su nombre era José, descendiente de la tribu de Leví y nacido en Chipre. Los apóstoles le cambiaron el nombre por Bernabé que significa: “Hijo de consolación”.
Lo más probable, es que la iglesia de Jerusalén viera en este discípulo manifestarse la gracia de Dios en alguna manera especial para comisionarle esta tarea tan importante. Muy posiblemente tuviera un ministerio profético reconocido por los apóstoles, pues mas adelante en Hechos capitulo 13:1 se menciona que había profetas y maestros en la iglesia de Antioquia y se menciona a Bernabé entre ellos.
Era un obrero con un gran discernimiento espiritual, un motivador, abrazaba a los hermanos y los recibía cuando otros huían de ellos por prejuicios o temor. Él hacia un gran honor a su nombre, apoyando, recibiendo y consolando a los marginados entre los hermanos.
En este tiempo la obra de Dios necesita de obreros como Bernabé, siervos que levanten a los caídos, y que intercedan por ellos, que recuperen y sanen las heridas de aquellos hermanos que se encuentran al margen de la iglesia. Obreros restauradores de la iglesia, con visión, con discernimiento espiritual, dispuestos a ponerse en la brecha a favor de los hijos de Dios.
Ahora bien, en este caso particular Bernabé fue enviado por la iglesia para consolidar la obra entre los nuevos creyentes.
P.Jurado Rodriguez.
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