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CUALIDADES DE UN CONSOLIDADOR DE LA OBRA DE  DIOS (II Parte)

Diferentes etapas de desarrollo espiritual.

El trabajo de consolidación variará según la necesidad o el punto en que la obra de Dios se encuentre; en cada cristiano será más amplia o profunda, y en cada tiempo o etapa se necesitará una atención adecuada y especifica.
Hay un proceso de desarrollo y de crecimiento en la vida espiritual de la iglesia y en cada creyente individual.
La palabra de Dios nos habla de las diferentes etapas de crecimiento por las que pasan los creyentes hasta llegar a la madurez espiritual.

“Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.” (1ª Juan 2:12-14)

“Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor.” (1ª Pedro 2:1-3)

En primer lugar están los recién nacidos o nuevos creyentes. Son aquellos que han comenzado la vida cristiana y se encuentran en el inicio del camino. Estos necesitan mucha atención y cuidado porque aún no saben valerse por sí solos en la vida espiritual.   

En segundo lugar están los niños en Cristo, son los que van aprendiendo a andar, pero todavía les queda mucho camino por delante. Tropiezan frecuentemente y caen. Tienen la tendencia a querer valerse por si solos, pero todavía no han asimilado algunos principios espirituales necesarios para saber mantenerse en pie.

En tercer lugar la escritura nos habla de los jóvenes, ellos son fuertes, guardan la palabra se sienten capaces y vencen al diablo. Pero también como nos enseña la escritura se fatigan y se cansan, porque quieren hacerlo todo confiando en sus propias fuerzas, y todavía no han aprendido a depender de Dios. Les queda mucho por descubrir. Las escrituras aconsejan a los jóvenes a que se sujeten a los ancianos de la iglesia, para que aprendan y sean perfeccionados. En esta etapa existe un gran peligro de caer en el pecado del orgullo y de ser lleno de vanagloria. Necesitan pasar por diversas pruebas para aprender humildad; tendrán que padecer un poco y sufrir para así madurar.

“Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestios de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.” (1ª Pedro 5:5-10)

En tercer lugar están los padres, son aquellos que han alcanzado un cierto grado de madurez y desarrollo espiritual en la experiencia y que desde el comienzo hasta donde se encuentran han avanzado en el conocimiento de Dios.  Tienen la capacidad de procrear o tener hijos espirituales, como también la suficiente responsabilidad como para criarlos y formarlos en Cristo.

En cuarto y último lugar, están los ancianos, que son aquellos hermanos que han alcanzado un alto grado de madurez y perfección en la vida espiritual y que están muy
ejercitados en las cosas del espíritu. Tienen discernimiento espiritual y sabiduría de Dios. Esto no tiene nada que ver con la vejez natural, aunque es preciso decir que deben haber soportado una cierta intensidad de pruebas, y estar curtidos en la experiencia, así como darse en ellos ciertas cualidades de carácter y de desarrollo espiritual.
A los ancianos se los denomina también en las escrituras como obispos y pastores, son un cargo ministerial dado por el Señor que conlleva la responsabilidad de cuidar, velar, atender, guiar y alimentar espiritualmente la iglesia de Dios. Cave decir aquí que la labor de los ancianos es la de consolidar a los santos y guiarlos a la madurez espiritual. No obstante, en la iglesia se encuentran otros ministerios también dados por Dios para que ésta sea consolidada, edificada y perfeccionada hasta alcanzar la plenitud de Cristo. Y bien se haría en tomarlos en cuenta para que la obra de Dios pueda llevarse a cabo como Él quiere a fin de que los propósitos de Dios se cumplan.

 “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Efesios 4:11-16)

Ahora bien, sería un error pensar en estas etapas de crecimiento o ministerios como categorías de creyentes dentro de la iglesia, eso no está de acuerdo con la Biblia ni con el Espíritu de Dios.
Es necesario que los creyentes tengan una guía espiritual que les oriente para llegar de lo bueno a lo mejor. Que los hijos de Dios sean catapultados hacia delante en el cumplimiento de los mas elevados propósitos de Dios y de un conocimiento experimental de su presencia y de su obra.

En cualquiera de las diferentes etapas de desarrollo que he mencionado pueden estar latentes, o bien manifestándose o tal vez en un pleno funcionamiento los dones, los ministerios u operaciones del Espíritu Santo. Dones que Dios ha dado a su iglesia para que sea completa sin que le falte cosa alguna. Dios obra como él quiere en su sabiduría y soberanía.

P.Jurado Rodriguez.
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