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CUALIDADES DE UN CONSOLIDADOR DE LA OBRA DE DIOS (III Parte)
Una descripción de las cualidades básicas de un consolidador.
Veamos pues cuales son algunas de las cualidades que deben darse en un obrero que consolida a los creyentes y los afirma en el Señor, usando para ello el ejemplo de Bernabé.
En primer lugar, observemos la alusión que hace la escritura respecto al carácter de Bernabé; dice que: era varón bueno.
Cuando el joven rico interrogó a Jesús, se dirigió a él con la expresión “¿Maestro bueno, que he de hacer para heredar la vida eterna?” A lo que el Señor le contestó aludiendo primeramente a la forma en que se había dirigido a Él: “Porqué me llamas bueno si solo hay uno solo que sea bueno, Dios”
Aunque nos saca un poco del tema que estamos tratando debo decir que en la respuesta de Jesús se establecen dos verdades que son eternas, primera que Él es bueno y esto en el sentido mas cabal de la palabra, es decir sin pecado, perfecto; y segundo que Él es Dios hecho Hombre, que Él era la misma deidad encarnada. También queda muy claro que no hay nadie que sea bueno excepto Dios
Bernabé, así como cualquier siervo del Señor o hijo de Dios, es bueno en virtud de la naturaleza divina que ha recibido, nunca por meritos propios. Pues las escrituras refiriéndose a todos los hombres sin excepción declaran:
“Como está escrito:
No hay justo, ni aun uno;
No hay quien entienda,
No hay quien busque a Dios.
Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Romanos 3:10-12)
Como hijos de Dios hemos sido revestidos de un nuevo hombre creado según Dios, Él ha puesto su Espíritu dentro de nosotros y con ello nuevos deseos, buenos propósitos, así como una mente limpia y pura, es decir la mente de Cristo. La voluntad del espíritu es obedecer a Dios y hacer todo lo que le agrada, glorificarlo en todas las cosas que hagamos.
La vida de Dios fluye en nuestro interior, la savia de nuestro Señor Jesucristo nos capacita para hacer lo bueno.
Jesús dijo:
“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.” (Juan 15:4)
Nosotros éramos plantas silvestres que dábamos frutos amargos porque la vida heredada de nuestro padre Adán y la savia que corría por nuestro ser no era buena. Nuestras obras, nuestros pensamientos y nuestros deseos no eran limpios para Dios. Todas nuestras acciones se centraban en nosotros, éramos egocéntricos, siempre buscando nuestros propios intereses.
En el evangelio de San Lucas podemos leer lo siguiente refiriéndose al buen carácter, las buenas obras y el buen fruto.
“No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. (Lucas 6:43-45)
Este es un pasaje que no necesita mucha explicación, sin embargo hay algo en él que se nos podría escapar si no lo leemos atentamente. La referencia que hace Jesús respecto al: “hombre bueno” Este hombre bueno es también el buen árbol, es deciraquel que tiene la naturaleza de Dios porque ha sido injertado en Cristo Jesús, es el hombre que ha nacido del espíritu y que Dios le ha dado un nuevo corazón. Este hombre bueno es el hombre nuevo y espiritual que ha sido engendrado por Dios.
El fruto que produce este hombre no solo lo beneficia a él y glorifica a Dios sino que también es de bendición para otros que lo pueden gustar y saborear y glorificar a Dios por ello.
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza;” (Galatas 5:22,23)
La palabra de Dios nos dice también que Él ha puesto su tesoro en vasos de barro, los cuales somos nosotros. El Señor nos ha hecho depositarios de sus riquezas espirituales, somos herederos y coherederos con Cristo.
Nosotros debemos permitir que el tesoro brille, que salga desde nuestro interior y que otros puedan contemplar la belleza de Cristo, la vida de Dios, su buena voluntad, su bondad, su amor, el desinterés propio y el amor al prójimo.
En segundo lugar, podemos ver que Bernabé era “lleno del Espíritu Santo”
De alguna forma especial el Espíritu se manifestaba en él revelando lo sobrenatural de Dios. El celo que mostraba por los nuevos convertidos era algo que procedía de Dios mismo. El fuego del Espíritu Santo ardía en él y se gozaba viendo a las multitudes viniendo a Jesucristo. Estaba ungido por Dios, y el Espíritu daba testimonio de ello con poder obrando a través de su medio como instrumento.
Sin la llenura del Espíritu Santo es imposible que seamos instrumentos eficaces en las manos de Dios. La obra de Dios es de naturaleza sobrenatural, y espiritual, por lo cual necesitamos el poder sobrenatural del Espíritu Santo. Esto parece algo fácil de entender para la mayoría de creyentes, pero creo que en la realidad, en la experiencia actual no es lo que se vive.
Para ser llenos del Espíritu debemos ser vaciados de nosotros, y esto no resulta ni fácil ni agradable. Queremos que Dios nos use, pero también deseamos seguir intactos en nuestro ego. Nos agrada ser los protagonistas de la obra, que nos señalen, que todos entiendan que Dios nos ha escogido por alguna razón en particular.
Sin embargo el Señor no va a compartir su gloria con nadie, él resiste al soberbio y da su gracia al humilde.
El apóstol San Pablo escribe a los filipenses:
“Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.” (Filipenses 3:3)
Es decir, que Dios ha echado fuera de nosotros el cuerpo carnal, Él ha cortado nuestra naturaleza adánica y nos ha dado una nueva y divina. Ahora somos siervos de Dios y lo servimos en espíritu y no en nuestra carne o fuerza, ni conforme a nuestros deseos caprichosos, ni a nuestros pensamientos, por muy buenos y útiles que parezcan. No nos fiamos de nosotros mismos; deberíamos temer más a nuestra carne que al propio diablo.
Es la obra del Espíritu Santo a través nuestra lo que glorifica a Dios; así que seamos llenos en una entrega y total dependencia de él y renunciando a nosotros mismos.
En tercer lugar, Bernabé estaba “lleno de fe”. El poseía una fe que trasmitía e influía a los demás. Una fe atrevida, desafiante, decidida y aferrada en Dios.
Es por fe que se llevan a cabo las obras de Dios. Si no poseemos una fe fuerte y firme en Dios ¿Cómo podemos hacer algo por otros o ayudarles?
No podemos llevar a cabo ninguna hazaña por Dios si no tenemos la fe necesaria. Un siervo del Señor dijo: “Haz grandes cosas para Dios y espera grandes cosas de Dios.”
Creo que hebreos 11 que es el capitulo de las proezas que por fe hicieron muchos siervos de Dios aún no se ha terminado de escribir. Dios sigue siendo el mismo y quiere moverse poderosamente, ¿seremos nosotros los instrumentos que Él use, estaremos dispuestos a rendirnos a Él sin reservas? Ojalá que así sea, pues el está esperando, aguardando a los que estén dispuestos, hombres buenos, llenos del Espíritu Santo y llenos de Fe.
Cuando Dios tiene hombres y mujeres del calibre que hemos mencionado, Él añade almas a la iglesia. La iglesia crece con el crecimiento que da Dios, porque hay obreros que se van a ocupar de ellas y no se van a perder, ni van a ser desatendidas.
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” (Mateo 9:36-38)
P.Jurado Rodriguez.
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