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EL PAN NUESTRO DE CADA DIA (2ª parte)
La comida, causa de discusión. “Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan” vs. 16
Es muy probable que los discípulos se culparan entre sí por el olvido que habían tenido. Ellos pensaron que Jesús los estaba acusando o reprochando porque no trajeran suficiente comida. Así que como ellos interpretaron eso de Jesús, todos comenzaron a justificarse y a zafarse de la situación.
El pan de cada día siempre es un tema de debate, discusión y discordia, es una preocupación constante ¿Qué comeremos y que beberemos?
En la familia, así como en la sociedad actual protestamos y discutimos por el pan nuestro de cada día, luchamos por conseguir que nuestras necesidades estén cubiertas.
Sin restarle importancia a este asunto, es necesario poner las cosas en su justa y correcta perspectiva. Jesús pone las cosas, cada una en su lugar apropiado, y así instruyó a sus discípulos de la siguiente manera:
“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” (Mateo 6:25)
Las necesidades naturales son un arma muy poderosa que Satanás utiliza para traer discordia, guerra, violencia, división y destrucción de los valores mas importantes, como son la vida, la familia y nuestra relación con Dios.
En su enfrentamiento con el diablo, cuando este tentó a Jesús encontrándose Él en debilidad por el hambre, dice la escritura que el Señor lo combatió de la siguiente manera:
“Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4:3,4)
El enemigo es muy sutil, por un lado trata de hacernos dudar de nuestra identidad, de lo que somos para Dios, y por otro de que no confiemos en Dios, que no le creamos a Dios.
Los hijos de Dios no somos alimentados solo con pan de la tierra, sino con el pan del cielo, con la palabra de Dios. Como el pájaro alimenta a sus polluelos que están en el nido, así Dios alimenta a sus hijos y tiene cuidado de ellos. Dios nos sostiene con su palabra verdadera, con sus promesas, con sus hechos revelados que aceptamos por fe.
El rey David exclamó en el Salmo 23 que el Señor preparaba una mesa delante de él, un banquete en el cual no faltaba de nada y en el cual encontraba plena satisfacción. “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;”
De la misma manera, cuando Jesús soportó la tentación y el diablo se marchó, vinieron ángeles y le sirvieron.
Es necesario que creamos a Dios, lo que el nos habla, y que lo declaremos con fe. Confesemos que Dios es nuestro ayudador y el que nos sustenta con su poder. Dios está en medio nuestra y al control de toda situación, no menospreciemos esta realidad. Dios nos rodea delante y detrás y tiene su mano puesta sobre nosotros.
Entendamos la enseñanza de Jesús respecto a nuestras provisiones.
La palabra de Dios declara que el sabe cuales son todas nuestras necesidades. ¡No las va a conocer si fue él quien nos creó¡
Jesús conoce y entiende cualquier situación por la que podamos estar atravesando así como la lucha que estamos sosteniendo. El Señor no es ajeno a nuestros sufrimientos, es mas, la Biblia nos dice que no tenemos un Cristo que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo pero sin pecado. Es decir que Jesús nos mira y nos ve cuando padecemos, en nuestras carencias, en nuestra miseria. Pero hay algo mucho más importante que el hecho de que Jesús nos comprenda y entienda nuestras penas, y es lo que nosotros debemos saber de él.
Todos debemos comprender la obra de Jesús, su sacrificio, su suficiencia, su poder y su provisión más que suficiente para satisfacer todas nuestras necesidades.
La palabra de Dios declara que si el Padre no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos dará juntamente con él todas las cosas?
Ciertamente, si Dios nos entregó lo mas valioso que tenia, si ya se desprendió de su amante Hijo, su mayor tesoro, que significancia podría tener todo lo demás para él como para retenerlo. No tiene sentido que Dios reservara sus riquezas, su provisión abundante tanto celestiales como naturales. “Porque de su plenitud tomamos todos y gracia sobre gracia”
La plenitud lo abarca todo, comprende todos los recursos de Dios a nuestra disposición, es su gracia abundante con la que suple todas nuestras necesidades.
“Gracia sobre gracia, favor inmerecido, recursos inagotables, que por fe recibimos nuestra diaria provisión. De su banquete comamos todos, saciémonos con su abundancia, bebamos el vino de su mesa. Esta es nuestra herencia, Dios es nuestra porción, nuestro sustento, nuestro alimento, nuestro abrigo, nuestro ayudador”
“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.” (Mateo 6:25-33)
En este pasaje en el que Jesús enseña a sus discípulos sobre el cuidado que Dios tiene de sus criaturas y de toda la naturaleza, resalta el valor que por encima de todo lo creado tienen para él sus hijos. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?... ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? Saber esto es maravilloso, entender que para Dios somos la prioridad sobre todo lo creado, somos la corona del universo, su especial tesoro.
Ahora bien, el Señor confronta a los discípulos con algunas preguntas escudriñadoras e introspectivas.
¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?
Todos habían presenciado los milagros de Jesús, sanidades diversas, y cosas sorprendentes para el ojo humano y la mente de los hombres. Cosas que eran humanamente imposibles que sucedieran, los discipulos las vivían a diario. Pero aun así ellos no terminaban de comprender, sus corazones todavía estaban cegados y cerrados a la gracia de Dios. Ellos no comprendían la magnitud y el alcance de las obras de Jesús, aun no entendían lo que representaba la encarnación del Hijo de Dios, Emanuel, Dios con nosotros.
Con que facilidad los discipulos de Cristo olvidaban las obras que Jesús hacia, estando ellos presentes, sufrían de amnesia espiritual.
Jesús les recuerda específicamente de cómo él había dado de comer a dos grandes multitudes con solo unos panes y unos cuantos peces. Y que aun habían recogido una cantidad considerable que sobró tanto de pan como de peces. Esto nos enseña que por muy grande que sea la necesidad nunca podremos agotar los recursos de Dios, siempre habrá suficiente y de sobra.
Los milagros de Jesús sentaban un precedente de actuación con respecto y a favor de los discípulos, sus seguidores. El Señor les quería hacer entender que él estaba dispuesto a realizar cualquier cosa por ellos. Los discipulos debían comprender que el poder de Jesús estaba a su disposición, no era solo para otra gente, sino también para ellos.
Muchas veces nos hayamos pensando que Dios quiere y puede bendecir a otros pero no a nosotros. Dios desea prosperar a todo el mundo, menos a nosotros, nos decimos.
Pero eso no es cierto, lo contrario es la verdad, como hemos visto en la palabra de Dios, él desea nuestra prosperidad.
“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” (3ª Juan 1:2)
Esta es la voluntad de Dios para cada uno de sus discípulos, para todos los que nos hemos embarcados con él, para aquellos que le hemos confiado nuestras vidas. Jesús nos invita a orar y pedir para que sus promesas se cumplan en nosotros y todas nuestras necesidades sean suplidas.
“De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.” (Juan 16:23,24)
¿Cual es el pan que necesitamos? ¿Donde está nuestra carencia? Tal vez necesitamos sanidad para nuestro cuerpo, o liberación para nuestras almas. El Señor a provisto esta clase de pan en el calvario, el fue quebrantado en la cruz y partido como pan para saciar nuestra hambre. El es el pan que descendió del cielo, es el manjar que Dios nos ha dado, si comemos de él nunca más tendremos hambre y si bebemos de él nunca más tendremos sed. En una ocasión Jesús le dijo a una mujer que le pidió que hiciera un milagro para su hija: “El pan es para los hijos” ¿Somos hijos de Dios? Si lo somos, entonces pidámosle a nuestro Padre el pan nuestro de cada día, comamos de la mesa que nos ha preparado, y saciémonos de su abundancia.
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