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El RETO DE SEGUIR A CRISTO (1ª parte)
“Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”
(Lucas 14:25-33)
Es interesante observar las figuras que el Señor emplea en esta parábola, no son una casualidad que las use, ellas contienen en su significado lo que será la implicación constante y lo que a de esperar uno que lo va a seguir. Se contemplan en ellas dos aspectos que son intrínsecos a la realidad cristiana, y en los que estará involucrado todo discípulo. Sin embargo en esta enseñanza, Cristo no solo utiliza las figuras sin más; en estos pasajes Jesús expresa tanto al principio, como al final y con mucha claridad, la actitud que deben tener, así como lo que han de hacer aquellos que pretenden seguirlo, no hay posibilidad de una mala interpretación de sus palabras.
1º) Un proyecto de edificación espiritual.
2º) Una guerra espiritual.
3º) Los requisitos concretos que se exigen para llevar a cabo el desafió de
seguir a Cristo:
Amar a Cristo, llevar la cruz, renunciar a todo.
Estos cinco conceptos están presentes en toda la enseñanza de Jesús y en las cartas apostólicas, y los encontramos expresados en este pasaje por medio de la figura de la torre que se quiere edificar, del rey que se enfrenta a una guerra y en las declaraciones especificas que hace Jesús.
Un proyecto de edificación espiritual.
“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” (1ª Pedro 2:4,5)
En primer lugar, en cuanto al asunto de los que quieren edificar, Jesús recomienda sentarse primero. Antes de empezar a trabajar en este proyecto de edificación espiritual hay que pensar y hacer cálculos para considerar si se tiene los medios suficientes.
Muchos que quieren construir algo en el reino de Dios, solo tienen en su haber un buen deseo, buenas intenciones o mucho entusiasmo. No que eso no esté bien, pero no es suficiente, son necesarios otros recursos. En el proyecto de seguir a Jesucristo se presentarán dificultades, nos encontraremos con obstáculos inesperados para nuestro ideal o noción de lo que debe ser la vida cristiana. Sin embargo el Señor no nos ha atraído ni llamado con engaño, él nos habla de los tropiezos y de las oposiciones que vamos a sufrir todos sus seguidores.
Recordemos la referencia que Jesús hace de aquellos que reciben con gozo y mucha alegría sus palabras, pero que carecen de profundidad, ellos se han quedado en lo superficial de la experiencia cristiana, en los limites de lo sensual, de modo que cuando surgen las pruebas abandonan el compromiso que han hecho. Estos seguidores solo han aceptado una parte de la verdad de Jesucristo, le siguen mientras tanto les va bien, continúan en el camino siempre y cuando no se arriesguen demasiado, ni sea comprometido el hacerlo. No han entendido lo que significa ser cristianos, y no tienen en cuenta los requerimientos que hace el Señor.
Se encuentran también los que se dejan arrastrar por la multitud, por las masas de creyentes simpatizantes.
A Jesús le seguían las multitudes por diferentes motivos, tal vez por que fuera el hombre que estaba de moda en aquel tiempo, el estaba en el numero uno del ranking de popularidad. Un buen numero de los que lo seguían veían en él un carisma que otros no poseían, podría ser para ellos el líder político que los llevaría a la liberación de la tiranía romana, o el que solucionara sus problemas sociales.
Gran parte de esa multitud buscaba a Jesús porque el los alimentaba, seguirle significaría para ellos no tener que padecer hambre, sino conseguir éxito y prosperidad. Otros porque nunca tendrían que sufrir enfermedades, Jesús podría sanarlos de todas ellas.
También se encuentran los que quieren seguirle por lo novedoso del proyecto, lo original y lo espectacular de la obra de Dios.
Todos estos han podido comenzar a seguir a Cristo y ha edificar poniendo los cimientos, estableciendo el fundamento, para darse cuenta en poco tiempo que ya no pueden seguir adelante en su proyecto por falta de recursos.
Es doloroso tener que decir esto, pero es necesario reconocer que esta es la realidad en la experiencia de muchos creyentes y el testimonio nefasto de congregaciones y de iglesias enteras. Estos no están edificando el reino de Dios, la casa de Dios y sus propias vidas conforme a lo estipulado por el Señor.
Empezaron ha construir poniendo al Señor como cimiento, pero después no han seguido la edificación según las condiciones del contrato, no están usando el material homologado por Dios, no están siguiendo las instrucciones del maestro de obras.
“¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” (Galatas 3:3)
Es de necios pretender edificar el reino de Dios, ya sea en nosotros o en otros, por medios naturales y carnales. Pero esto es algo que está sucediendo, y la iglesia en vez de ser una casa espiritual, una torre fuerte, una fortaleza segura e indestructible, parece la cabaña que en la fabula construyeron los tres cerditos, que con el menor soplo de viento del lobo todo se vino abajo.
En el evangelio de San Mateo capitulo 7 encontramos la parábola de los dos cimientos, donde Jesús nos muestra dos maneras en que se puede edificar. Pero es importante también observar los tres versículos anteriores que están estrechamente relacionados con el mismo tema.
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.
Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (Mateo 7:21-29)
En los primeros tres versículos podemos deducir como en lo aparente no se demuestra que se esté haciendo lo correcto. Para el Señor no es suficiente con que le estemos mencionando continuamente en nuestros cultos, en nuestras canciones o predicaciones. No satisface el corazón de Dios que se echen solo fuera demonios y que se hagan milagros. Multitudes son arrastradas por toda esta apariencia externa de cristianismo, es cierto que todo esto deslumbra, impresiona. Sin embargo a Dios no lo impresionamos, ni lo podemos engañar. El establece como condición para entrar en su reino el que se haga su voluntad, el Señor solo reconocerá a los que lo han obedecido. Es posible que muchos alcancen mucha popularidad, reconocimiento y prestigio en el mundo por la espectacularidad que muestran haciendo la obra de Dios. Sin embargo, cuidado, porque eso no significa que Dios los apruebe. No están andando en la luz de Dios, no buscan la gloria de Dios. Como dice la Biblia tienen apariencia de piedad, pero niegan la eficacia de ella.
¿Cómo estamos edificando? ¿Cual es el material que estamos empleando para la edificación?
“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.
¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.” (1Corintios 3:10-17)
La obra de Dios, el templo de Dios se desmorona cuando no se construye sobre el fundamento sólido de Jesucristo y se edifica con los materiales espirituales y de calidad eterna provistos por Dios, los únicos permitidos y aprobados por el Señor.
Debemos asegurarnos de que disponemos de los recursos apropiados y necesarios para edificar según el plan de Dios.
Nuestras motivaciones y la finalidad que buscamos en lo que hacemos son mucho más importantes para Dios que la propia obra que hagamos.
“hacedlo todo para la gloria de Dios.” (1ª Corintios 10:31)
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.” (Colosenses 3:23,24)
Es necesario conocer cuales son los materiales y recursos que nos han sido provistos por Dios.
Todos los que han sido llamados para seguir a Cristo tendrán departe de Dios todo lo necesario para construir en la vida espiritual. Ya en San Mateo capitulo siete Jesús nos dice como hay que edificar la vida espiritual y con que material.
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.”
Es la palabra de Dios sobre la que hay que edificar y construir la vida cristiana, ella es el plano para toda la obra que Dios quiere hacer y por la que tenemos que regirnos. Todo lo que sea establecido sobre la palabra de Dios permanecerá, aunque sobre ello venga todo tipo de oposición y contrariedad en el futuro.
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