Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Marrruecos

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Álbum de Fotos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Artículos

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio



La Gracia y La Verdad

“Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad….Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” (Juan1:14,17)

Es de vital importancia entender bien el significado de la gracia. Creo que este es un asunto mal entendido por los cristianos de nuestro tiempo. La gracia es un aspecto fundamental de la fe y la doctrina cristiana. Es mucho más que un concepto, una idea o un tema de simple estudio teológico.
O estamos bajo la gracia, o no lo estamos. ¿Disfrutamos continuamente del favor inmerecido de Dios, recibiendo de su gracia abundante y estando firmemente plantado en ella?
Las escrituras nos hablan de la verdadera gracia de Dios, la autentica gracia. La gracia es un aspecto de la verdad de Dios. Jesucristo vino para darnos a conocer la gracia de Dios, y la verdad de Dios. Pero podemos decir aun más y es que Jesucristo es la misma gracia de Dios y la verdad de Dios personificadas.
La gracia y la verdad van juntas de la mano, son inseparables. No podemos, no debemos, no es posible separar la gracia de la verdad. ¿Qué sucede si divorciamos la gracia de la verdad? La gracia sin la verdad es una apostasía, y una burla a Dios; hace que caigamos en el engaño, en la falsedad.
La gracia sin la verdad no es la gracia de Dios, más que acercarnos a Dios y su favor nos aparta de El. Si solo queremos aceptar la gracia de Dios sin la verdad seguiremos en nuestros pecados, no seremos libres de los malos hábitos, no viviremos en victoria espiritual. La gracia sin la verdad es una falsa consolación. La gracia de Dios no nos enseña a pecar, ni a enterrar nuestras culpas, ni disuelve la verdad. Si apartamos la gracia de la verdad seguiremos estando bajo condenación. Creer en Jesucristo y aceptarlo implica recibir tanto la gracia como la verdad.
La gracia de Dios por medio de Jesucristo nos insufla vida, la vida de Dios, vida divina, vida espiritual. “Porque el nos dio vida cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados.”
La gracia nos señala a Cristo, nos presenta a Cristo, nos trae la salvación que hay en Jesús. La gracia nos enseña a vivir agradando a Dios.
La gracia nos muestra la abundante riqueza y provisión que Dios tiene para nosotros.
La gracia nos señala la verdad y nos guía hacia ella, nos hace renunciar a los deseos mundanos, a la impiedad, a las obras de las tinieblas, y nos trae la luz de la verdad.
La gracia trabaja junto con la verdad y nos traslada de las tinieblas a la luz y de la esclavitud del pecado a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
La verdad de Dios, la verdad de Jesucristo lleva intrínseca la gracia de Dios. Conocer a Cristo es conocer la verdad y conocer y experimentar su gracia. Podemos conocer un aspecto de Jesucristo, o un aspecto de la gracia, o una parte de la verdad. Pero necesitamos más luz, porque hay mucho más de lo que creemos y entendemos que Dios tiene para nosotros, y nos lo quiere revelar. No nos estanquemos en el principio de la vida cristiana, no nos quedemos en los primeros pasos, avancemos en la gracia y en la verdad, sumergiéndonos más y más en las profundidades de Dios. El Señor tiene abundancia de recursos y plenitud de vida, poder y riquezas espirituales aun desconocidas para nosotros. “Porque de su plenitud tomamos todos y gracia sobre gracia.”

Lo que estorba la gracia.

“Porque Dios resiste a los soberbios, pero el da gracia a los humildes”
Si resistimos la verdad, o si como dice la palabra, cambiamos la verdad por la mentira, si detenemos con injusticia la verdad, nos estaremos alejando de la gracia y estaremos atrayendo el juicio y la ira de Dios.
“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.” (Hebreos 12:15,16) En este pasaje no se trata de que merezcamos o no la gracia de Dios, no es cuestión de lograr la gracia, sino de que la misma no nos alcance. La gracia es inmerecida, ¿pero me está alcanzando?, ¿estoy bajo su influencia?, ¿soy un recipiente que está recibiendo libremente la gracia?, ¿estoy creciendo en esa gracia?
En el exterior puede estar lloviendo a cantaros pero yo puedo impedir ser mojado, yo puedo impedir que la lluvia me cale usando un paraguas o poniéndome bajo un techo. Cuando no aceptamos la verdad de la palabra, la luz de Dios en nuestros corazones estamos estorbando la gracia de Dios. Cuando no queremos dejar el pecado estamos poniendo un paraguas una barrera a la gracia del Señor. Si permitimos en nuestro corazón alguna raíz de amargura, resentimientos contra alguien, falta de perdón, la gracia nos deja de alcanzar. La oscuridad se cierne sobre las personas que permiten estas actitudes, con el peligro de que en cualquier momento abandonen al Señor y renuncien a su derecho de hijo de Dios y a su herencia en Cristo Jesús. Un pecado seguirá a otro y a otro, hasta consumar un suicidio moral y espiritual.

La verdad que libera.

El apóstol Juan dijo: “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.” (3ª Juan 4)
Nuestro Señor dijo: “y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32). No es cosa de tener solo una opinión de la verdad. No es cosa de ver la verdad con diferentes prismas. Dios quiere que conozcamos la verdad tal cual, como es, la autentica realidad. Esto ocurre cuando la verdad se nos es revelada por el Espíritu Santo, cuando la luz de Dios alumbra la verdad para nosotros. Cuando la verdad se nos ilumina esto obra milagros, eso es lo que nos transforma, eso es lo que nos libera.
La verdad nos muestra el gobierno de Dios, el reino de Dios, la obra, la autoridad y el señorío de Jesucristo. La verdad es la demostración de los principios que operan en el reino de Dios. Necesitamos conocer los principios de la vida espiritual. Necesitamos apropiarnos del conjunto de principios que forman la verdad de Dios. Estos principios no son formulas mágicas, ni unos cuantos secretos revelados a unos pocos privilegiados.
Los principios de Dios no son revelaciones extrabíblicas, ni tampoco nuevas verdades. Estos principios son la verdad de siempre abierta ante nosotros. La luz que hace arder nuestros corazones. La revelación de Jesucristo dada a nuestro espíritu, la verdad eterna, la obra de Jesucristo que se nos es dada a entender por el espíritu en todo su significado.
Necesitamos aprehender esa revelación eterna, esa realidad perfecta, esa obra consumada por nuestro Señor. La verdad de Dios, la realidad de Dios.
En la medida que vayamos recibiendo la revelación de la verdad, y nos la vayamos apropiando experimentaremos cambios profundos en nuestras vidas y un crecimiento espiritual. Pero esto no podemos llevarlo a cabo por nuestros propios medios, esfuerzo o capacidades naturales. Es la obra del Espíritu Santo guiarnos a toda la verdad, es prerrogativa del Espíritu tomar de Cristo y hacérnoslo saber. El maestro dijo:”Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” (Juan 3:6) El hombre natural no añade nada a la obra del espíritu, todo lo más, es que puede ser un estorbo. La carne no puede heredar nada que pertenezca al reino de Dios, ni en el reino de Dios entrará carne alguna. “y quien podrá por mucho que se afane añadir a su estatura un codo” Cuanto más nos empeñamos en crecer en el espíritu, menos lo logramos.
¿Entonces que nos toca hacer a nosotros? Nada. Excepto estar quietos y firmes en Cristo Jesús. Dios nos ha colocado en Jesucristo, nos ha introducido a todo lo que Cristo es y a todo lo que Cristo ha hecho. “Mas por El estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación, y redención; para que como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.” (1ªCorintios 1:30,31)
“Permaneced en mí, y yo en vosotros” (Juan15:4) El permanecer en Cristo es nuestra acción si puede llamarse así, el permanecer creyendo es nuestra obra. Cristo en nosotros es nuestra vida, El es nuestra fuerza, El es nuestro poder. “Cristo en nosotros es la esperanza de gloria”.

P.Jurado Rodriguez.
© SentirCristiano.com

Quiénes somos      Contacto      Cómo llegar      Preguntas Frecuentes