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LA INTEGRACIÓN DE LOS CREYENTES EN LA IGLESIA (2ª parte)

¿Que nos enseña la palabra de Dios sobre la integración?

Quisiera centrarme en el concepto que habíamos propuesto al principio, a saber el de la integración de los creyentes en la iglesia.

Creo que es un asunto de suma importancia espiritual y que implica directamente uno de los propósitos universales de Dios establecidos desde la eternidad.

El pasaje de Efesios que mencionamos en el encabezamiento de este escrito, describe este objetivo como un fin dentro del plan de Dios.

dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.Efesios 1:9-10

Qué es lo que Dios está reuniendo en Cristo, en esta dispensación, sino a todo los creyentes bajo su autoridad y señorío. En un cuerpo y en una iglesia de la cual como ya he mencionado el es cabeza y suma autoridad.

Cristo es el nexo de unión de todos los creyentes. De donde podemos deducir que sin estar unidos a él, es imposible experimentar la unión espiritual unos con otros. El vinculo de unión de los cristianos es la cruz de Cristo, donde lo que nos separaba fue clavado, y donde nuestras enemistades fueron vencidas y superadas. De pueblos diferentes y hombres distanciados, él hizo uno, salvando todas la barreras y acercándonos unos a otros.

Merece la pena considerar el hecho de que hemos sido integrados, hemos venido a formar parte, hemos sido sumergidos en el cuerpo de Cristo para llegar a ser uno con él y unos partes de otros y dependientes entre si. Esto es una realidad espiritual que necesitamos llegar a comprender si queremos llegar a ser la expresión de lo que debe ser la iglesia de Cristo.

Aunque redundando en lo mismo, debemos entender que somos el cuerpo de Cristo aquí en la tierra, miembros unos de otros, recibiendo el mismo alimento espiritual; en nuestra unión fluye la misma sangre del cordero de Dios, bebemos de un mismo Espíritu, tenemos una misma fe, un Señor y un mismo Padre.

La vida de Dios es la característica fundamental que identifica a los creyentes y los empuja a vivir en unidad.
Sin un cuerpo vivo no hay cohesión; pero la vida que fluye en cada creyente, la naturaleza divina que Dios les ha dado, busca esa unión, anhela la integración, necesita formar parte de ese todo del que Cristo es cabeza.

Todo lo que tienda ha separar vitalmente a los creyentes no procede de Dios, sino del enemigo.
Cada hijo de Dios, para crecer espiritualmente, necesita la vida del cuerpo, experimentar lo que es la iglesia en unión con otros cristianos.

El versículo dieciséis del capitulo cuatro de la carta a los efesios nos da una descripción del valor de la unidad y buen concierto del cuerpo de Cristo, para que este crezca y sea edificado.

“Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Efesios 4:15,16)

Este pasaje menciona también la importancia de que cada miembro desarrolle su función propia, su actividad o capacidad dada por Dios. Pero este tema lo mencionaré algo mas adelante.

 Algunas sugerencias prácticas para experimentar la integración

Me gustaría plantear a continuación algunas sugerencias prácticas que se podrían poner a funcionar dentro de la iglesia, con el objeto de hacer fluir la vida corporativa o vida de iglesia para los que ya forman parte de la misma, así como también para los que se irán incorporando.

Creo que nuestro modelo de iglesia a imitar, si es que hay que seguir un ejemplo debería ser el estrictamente bíblico, el establecido por la iglesia primitiva, sencillo y práctico.  En los hechos de los apóstoles así como en algunas de las cartas dirigidas a las primeras iglesias, encontramos referencias importantes que nos marcan determinadas pautas a seguir.
Comencemos mencionando Hechos 2:42-47 donde se mencionan algunas pautas prácticas de la iglesia primitiva.

1.-) En primer lugar observamos en los creyentes el espíritu de tener como prioridad el bien de la comunidad, del cuerpo de Cristo, antes que el propio e individual, compartiendo los recursos particulares con la iglesia.

  • Ellos tenían una visión global de la iglesia y no de individualidad. No consideraban que las bendiciones que recibían ya fuesen de índole material o espiritual eran de carácter privado y exclusivo para cada uno, sino para compartir con los demás, para bendición de todo el cuerpo.

  • Estaban juntos en todo tiempo y para todo; se identificaban unos con otros. Trabajaban juntos, comían juntos en las casas y servían unidos al Señor.

  • Eran un cuerpo de creyentes que vivían abnegadamente, procuraban el bien de los demás y no el interés propio.

2.-) En segundo lugar vemos que mantenían la unidad de la iglesia fomentando la comunión y reunión de los creyentes de forma continuada.

  • Se reunían en el templo muy a menudo gran número de ellos. Para orar, adorar a Dios, y escuchar la palabra.

  • Se reunían por las casas en pequeños grupos de forma habitual pero algo más informal aunque no menos edificante que las reuniones en el templo.

  • En estas reuniones caseras compartían el pan y comían juntos.

  • Tenían comunión unos con otros, en la intimidad y seguridad que ofrece un grupo pequeño. Compartían con los demás los dones recibidos edificándose unos a otros.

  • Predicaban la palabra de Dios y seguían las enseñanzas de los apóstoles.

  • Oraban unos por otros y juntos a Dios.

  • También era un lugar apropiado para dar testimonio a los inconversos, pues el Señor iba añadiendo los que debían ser salvos.

 “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.” (Hechos 5:42)

Muchas nuevas iglesias nacían en las casas, donde se formaban núcleos de creyentes esparcidos por toda la ciudad.
Los grupos de casas o células, o iglesias en las casas, como sea que queramos llamarlos, facilitan el que una gran multitud de creyentes se integren en el cuerpo de Cristo y participe de la vida de iglesia.
                       
3.-) En tercer lugar se promovía la participación de todos los creyentes.

Continuamente eran exhortados a hacer participe a los demás de los dones que individualmente cada uno hubiere recibido.
“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.” (1ª Corintios 14:26)

 “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (1ª Pedro 4:10,11)

En todo esto de los dones es el Señor quien tiene la primacía y el control, el hace y actúa como quiere. El Espíritu Santo opera soberanamente y como el desea, usando a quien él determina, y así la iglesia es edificada.
Tenemos la tendencia a pensar que es un riesgo peligroso no poder controlar todo lo que sucede en la iglesia en lo relacionado con los dones, se nos vaya a ir de las manos la situación. Pienso que en todo caso se le iría a Dios no a nosotros porque el es el dueño, Señor y cabeza de la iglesia y no lo somos nosotros. O ¿Es que aun no estamos convencidos de eso? Pienso que no estamos todavía convencidos de que la obra sea de Dios, aun creemos que es nuestra. La teoría puede que la tengamos más o menos bien pero en la práctica no lo vivimos.

4.-) En cuarto lugar, quiero señalar que necesitamos redescubrir el concepto de cuerpo como figura orgánica representativa de la iglesia en su unidad y multifuncionalidad.

La iglesia conforma el cuerpo viviente de Cristo, un cuerpo con muchos y diferentes miembros, cada uno con su respectiva función.
En (1ª Corintios 12:1-31) tenemos una descripción completa y detallada de la figura del cuerpo como modelo representativo de la iglesia.

Sin tener esta conciencia de cuerpo del cual somos una parte cada uno de los creyentes, no podemos ser una fiel expresión de Cristo. Jesucristo como cabeza de la iglesia que es su cuerpo, se expresa por medio de él. El es el cerebro pensante de donde proceden las ordenes y hace que el cuerpo funcione haciendo lo que él quiere, según su voluntad.

De Cristo provienen los impulsos que mueve a cada miembro, logrando hacer que estos ejecuten su función.
Cada ministerio, cada don, cada operación del Espíritu que ejercitan los miembros, el Señor las ha ordenado. El da la capacidad, el poder y la autoridad y, produce en sus hijos el querer como el hacer de su buena, perfecta y agradable voluntad.

La iglesia, o para ser mas concreto el liderazgo de la iglesia debe facilitar y promover el que los miembros descubran su función y la desarrollen. Fomentar la integración de cada creyente respetando la libertad de cada cual, pero inculcando la responsabilidad y la mayordomía en el servicio.

En la iglesia primitiva se pueden observar diferentes grupos que servían para que los creyentes estuviesen integrados en la iglesia, con lo cual sus necesidades espirituales eran satisfechas y además los propósitos de Dios se llevaban a cabo.

En primer lugar y de forma muy generalizada para todos, como ya hemos dicho, los creyentes se reunían en los hogares. Por otro lado celebraban reuniones en el templo o sinagogas cuando era posible, donde asistían gran multitud de creyentes. Existían también en la iglesia grupos o equipos de ministerio, creyentes que Dios unía para llevar a cabo una determinada tarea en la obra del Señor. Yo añadiría una forma de grupo más que se ha ido realizando a lo largo de la historia de la iglesia con muy buenos resultados y que serian los grupos de estudio, donde los creyentes puedan recibir una capacitación, conocimientos y habilidades en materias específicas.

Sin querer extenderme mucho más, solo decir, que una congregación puede comenzar sin mucha pretensión desde donde está, con muchos o con pocos, con lo que tiene, y en sus circunstancias poner en práctica estos sencillos pasos. Creo que siempre es oportuno volver a las escrituras para andar en el camino trazado por los primeros cristianos. Pues las cosas que se escribieron están para nuestro provecho, dándonos ejemplo y marcándonos el rumbo a seguir.


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