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LA LEY DEL ESPÍRITU (1ª parte)
“Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8:2)
(Salmos 1) (Santiago 1:25) (2ª Corintios 3:17,18)
Existen diferentes leyes que rigen en toda la creación visible he invisible.
Cuando pensamos en el concepto o el termino - ley - automáticamente lo asociamos a normas establecidas, estatutos, mandamientos que hay que cumplir. Asumimos que las leyes son órdenes que hay que obedecer cuidadosamente, y que debemos conocerlas para no incurrir en el delito de incumplirlas.
De manera que aquellos que no son observadores de las diferentes normas o leyes que rigen la sociedad en la que viven, y que regulan básicamente la totalidad de nuestras vidas, para no infligirlas, se exponen a ser castigados por ello. Esto es un hecho constatado nos guste o no. Las leyes que imperan en los gobiernos de cada país, obliga a todos sus ciudadanos a que las cumplan. Estas son establecidas por los hombres y aunque sin ser perfectas, damos gracias a Dios por ellas, porque de una forma u otra protegen los derechos humanos y facilitan la convivencia, el respeto, la justicia y el orden social.
Existen leyes naturales y universales que han sido impuestas por el Creador de todas las cosas, son las que ordenan la naturaleza de nuestro planeta, las constelaciones y galaxias. Son los límites que Dios ha puesto en la materia, el orden que Él ha establecido en toda la creación del mundo vegetal, animal, acuático y atmosférico. Estos son códigos escritos por la misma mano de Dios en cada partícula de todo lo que vemos, convirtiéndolo en una belleza armónica y un diseño perfecto.
“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un día emite palabra a otro día,
Y una noche a otra noche declara sabiduría.
No hay lenguaje, ni palabras,
Ni es oída su voz.
Por toda la tierra salió su voz,
Y hasta el extremo del mundo sus palabras.
En ellos puso tabernáculo para el sol;
Y éste, como esposo que sale de su tálamo,
Se alegra cual gigante para correr el camino.
De un extremo de los cielos es su salida,
Y su curso hasta el término de ellos;
Y nada hay que se esconda de su calor.” (Salmos 19:1-6)
Dios ha establecido también unas leyes morales, cívicas y espirituales para que todos los hombres las cumplan, a fin de que les vaya bien y vivan armoniosamente con sus congéneres, consigo mismo, con todo lo que le rodea y con su creador.
Son las leyes expresadas en la palabra de Dios y que nos revelan los sabios deseos y voluntad de nuestro creador. Son perfectas porque han salido de Dios que es Perfecto. Son justas porque reflejan el propio carácter del legislador que es Justo. Son sabias porque han surgido del Dios eterno y omnisapiente, que todo lo sabe del hombre, pues fue Él quien lo formó.
El porqué Dios estableció estos mandamientos y leyes escritas para los hombres, y cual fue el resultado de ello, lo veremos mas adelante en este articulo.
En el principio no eran necesarias las leyes morales y espirituales.
Pero debo decir que al principio no fue así, el hombre no estaba sujeto a la obligación de cumplir un sin fin de leyes y normas.
Cuando Dios hizo al hombre, lo creo a su imagen, a su parecido, y sopló en él su aliento de vida. Es decir que le dio espíritu, puso dentro del hombre su propia vida y naturaleza divina, le otorgo algo de su Ser Eterno. El sólo tenía que vivir llevado por ese principio de vida que Dios le había concedido, basado en una relación con Dios armoniosa. Ser guiado voluntariamente por el poder de la vida sobrenatural de Dios mismo que moraba en su interior.
Dios puso a Adán y Eva en un ambiente ideal, un jardín paradisíaco, con un clima perfecto y rodeado de todo tipo de árboles frutales, plantas y animales sobre los que el hombre dominaba y que no les podían dañar.
El Señor le dio a Adán algún trabajo que hacer, seguramente para que no estuviera todo el día holgazaneando y aburrido. Y además le dio una sola orden para preservar su vida en las mismas condiciones y calidad en las que Dios se la había concedido, por siempre y para siempre. Disfrutando de todo lo que Dios le había dado, y teniendo una dichosa y perfecta relación con su creador.
“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Génesis 2:15-17)
Entra en juego una nueva y destructiva ley como principio de vida por causa de la desobediencia.
Todos sabemos lo que ocurrió seguidamente, la tragedia a la que la raza humana fue abocada, por la desobediencia de Adán al solo y único mandamiento que Dios le había impuesto para su propio bien.
Pero entremos un poco más profundo en las implicaciones y las consecuencias vitales que ocasionó esta desobediencia, pues en ello el hombre perdió algo muy esencial.
Él incurrió en pecado, es decir transgredió una ley divina; bíblicamente pecado es:
Trasgresión de una ley de Dios moral o espiritual, errar el blanco o no dar en la diana, y significa estar alineado de Dios o ir en diferente dirección a lo establecido por Él.
En el momento en que Adán pecó entro en un desorden, en un caos existencial. Trastocó he hizo una interrupción en los planes de Dios para él. Quedó como una estrella errante y fuera de su orbita, perdida y sin rumbo.
En su desobediencia el estaba renunciando a una vida de íntima comunión con Dios, a la vida divina, a cambio de una existencia llena de normas y conceptos sobre el bien y el mal.
Con esta errada decisión le daba de lado a la libertad con la que Dios lo había dotado y renunciaba al principio de vida espiritual que el creador puso en su interior.
Así que nuestro padre Adán eligió vivir bajo otro principio de vida distinto que para el que fue destinado por Dios en su comienzo. Esta preferencia lo apartó de Dios, lo separó de su vida espiritual, fue como decirle a su Creador, que no lo necesitaba para vivir, que se bastaba por si mismo.
Progresivamente el fue perdiendo su percepción espiritual y adentrándose en una gran desorientación y despropósito.
Y como él tomó esta decisión de vivir en base al conocimiento del bien y del mal, que es lo que representa el árbol del cual Dios le había dicho que no comiera, esto anuló el espíritu en su ser, la forma de vida divina que Dios le había concedido originalmente.
Esta elección significaba vivir según su propia alma, conforme a sus deseos, propios pensamientos, y fuerza de voluntad, sin tener en consideración a Dios. Sin embargo no tardó mucho tiempo en darse cuenta de su gran error, así como del valor de todo lo que había rechazado y perdido.
Como Dios ama a sus criaturas, Él les da una nueva oportunidad; así que Él les da mandamientos, leyes y estatutos, para que los guarden.
Pero un conocimiento de estas normas deja al descubierto la impotencia del ser humano para cumplirlas.
El hombre se hizo un esclavo del pecado, solo pensaba en el mal, se convirtió en siervo de la injusticia e incapaz de hacer lo bueno.
Todas las leyes eran buenas, perfectas, justas y santas, pero la criatura se había corrompido y depravado.
Sin embargo, nunca el hombre está tan cerca de Dios que cuando conoce su voluntad y abraza sus leyes y sus mandamientos expresados en las escrituras, porque ellos muestran la perfección que Él exige para todo el mundo. Pero sucede que al intentarlo no logra cumplirlos, no puede conseguir obedecerlos.
Por causa del pecado la naturaleza humana se convirtió en inútil e incapaz de poder obedecer los mandamientos de Dios. Según las escrituras comenzó a operar en los hombres una ley contraria a los mandamientos y a la vida de Dios, llamada la ley del pecado y de la muerte.
Esta ley del pecado es antagónica a todo lo bueno, puro y espiritualmente santo; inhabilita he imposibilita a todos los hombres para agradar a Dios.
Todo ser humano está afectado y siendo dominado por esta ley negativa y destructiva del pecado y de la muerte. La mente, las emociones, la voluntad y el cuerpo son gobernados y controlado por esta ley.
Ahora bien el deseo de Dios al principio no era que los hombres vivieran conforme a unas ordenanzas, aunque Él se las hubiera mandado mas tarde.
Dios entregó sus leyes a los hombres para que descubrieran y entendieran por si mismos que no podrían obedecerlas. La ley de Dios nos fue dada para que el pecado se mostrara como tal, destructivo, mortal, opuesto a la vida de Dios.
La ley le fue dada a las criaturas para que reconocieran su pecado, y la debilidad humana se hiciese patente para ellos, y por consecuencia volverse al camino de origen, al camino de la vida.
P.Jurado Rodriguez.
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