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LA  LEY  DEL  ESPÍRITU (2ª parte)

Una descripción de la ley del Espíritu.

Se habla y escribe muy poco sobre este asunto, que a mi parecer es importantísimo tenerlo claro. Del conocimiento de esta ley del Espíritu depende el desarrollo y crecimiento espiritual de los creyentes. Esto es el centro y la clave de la fuerza y vitalidad de la vida en el espíritu. Intentaré con la ayuda de Dios explicarlo.

Dios desea que vivamos bajo la influencia de una ley poderosa, una ley que juega a nuestro favor. Ella nos da fuerzas y nos capacita para vivir agradando a Dios, es – La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús. Es la ley que gobierna por principio todo el reino de Dios, toda vida espiritual.
Este es el único poder para librar a los hombres de la ley destructiva del pecado y de la muerte, esa fuerza que entró a funcionar por la desobediencia de Adán.

Jesucristo mismo era regido por ella, por esta ley de vida del Espíritu. Su conducta, sus acciones, eran determinadas en base a una relación vital con el Padre. Él estaba en el Padre y el Padre estaba en Él. No hacia nada, no realizaba ninguna obra, no hablaba nada que el Padre no le hubiera indicado. El Señor dependía completa y totalmente de la vida del Padre que le era suministrada por el Espíritu Santo morando en Él.

La ley del Espíritu de vida fue el poder que resucitó a Jesucristo de entre los muertos alzándolo hasta la diestra del Padre. Este Espíritu no solo le proveyó a Jesús la gracia y la energía necesaria para obedecer y agradar a su Padre viviendo sin pecado, sino que lo hizo vencer a la muerte y salir de su encierro, anulando la eficacia de ella y ejerciendo control y dominio sobre la misma.
Es este Poder que resucitó a Cristo de la muerte el que nos ha sido otorgado, de modo que si mora en nosotros seremos vivificados por Él. Es el Espíritu Santo que habita en nuestro interior el que nos libra del poder del pecado y del poder de la muerte. Es este bendito Espíritu que en su comunión nos suministra la gracia y el poder para agradar y servir a Dios.

“Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.” (Romanos 8:11)

El rey David fue un hombre en el cual operaba el Espíritu de Dios, él no solo conocía la ley expresada en mandamientos, sino el Espíritu de la ley. Es por eso que David fue considerado como un hombre conforme al corazón de Dios. El mismo, menciona que la ley de Dios era una delicia y en ella meditaba de día y de noche, y aconsejaba a todos ha hacer lo mismo para que descubrieran sus beneficios.

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.” (Salmos 1:1-3)

En este salmo se deja ver claramente que para el rey David la ley de Dios era mucho más que mandamientos u ordenanzas que había que cumplir. Para él, centrarse en la palabra de Dios y meditar en ella, era comparable a un árbol plantado junto a un río. Ese río es una figura que representa al Espíritu Santo de Dios, o dicho de otro modo al Espíritu de vida en Cristo Jesús.

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.” (Juan 7:37-39)

El que está plantado junto al río del Espíritu llevará mucho fruto.

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.(Galatas 5:22,23)

No existe ley que se pueda oponer, ni resistir o impedir el fruto poderoso que produce la vida del Espíritu de Dios. Esta vida poderosa que nos imparte el Espíritu Santo y en la cual estamos implantados nos libra y librará de todo pecado.

La ley del Espíritu es perfecta.

“Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.” (Santiago 1:25)

La perfecta ley de la que se nos habla en este pasaje es la que produce libertad. Las antiguas leyes que Dios había dado a los hombres en forma de mandamientos, estatutos y ordenanzas, y que exigían su cumplimiento, no otorgaban el poder para obedecerlos. El pueblo de Dios tenía que hacer continuos sacrificios para expiar ante Él sus pecados y desobediencias.

“Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.” (Hebreos 7:18,19)

“Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.” (Hebreos 10:1-4)

Ahora bien, dice la escritura que el Hijo de Dios vino para cumplir con toda la ley y para hacer toda la voluntad del Padre. También se ofreció así mismo como un sacrificio perfecto y aceptable a Dios para así hacernos perfectos.

Por lo cual, entrando en el mundo dice
Sacrificio y ofrenda no quisiste;
Más me preparaste cuerpo.
Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.
Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.
Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.” (Hebreos 10:5-10)

“porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo;” (Hebreos 10:14,15)

El Señor Jesús puso en marcha esta nueva ley de vida en el mundo, en Él comenzó a operar y ha manifestarse poderosamente viviendo una existencia física sin pecado, y desafiando aun todas las leyes naturales, haciendo milagros y señales a favor de los hombres. El vivió en la tierra una vida sobrenatural, vida sujeta al Espíritu de Dios, una vida plena de amor y de obediencia al Padre; una vida marcada por una relación cómplice, dependiente, voluntaria y amorosa con aquel que lo envió.
Esta misma vida es la que se nos ofrece y la que nos hará ser más que vencedores; es la vida de Dios, sobrenatural, poderosa, triunfante y liberadora.

P.Jurado Rodriguez.
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