Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Marrruecos

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio



LA  LEY  DEL  ESPÍRITU (3ª parte)

Principios que hacen operar la ley del Espíritu

¿Pero cómo opera esta ley del Espíritu de Vida? ¿En que manera podemos permitir que este poder de vida espiritual se manifieste en nuestras propias vidas?

Vamos a examinar para ello el capitulo 8 de la carta de san Pablo a los romanos. Donde observaremos aquellos principios que harán que la ley del Espíritu de vida en Cristo sea eficaz en nosotros.

En primer lugar, esta ley se pone a funcionar por el principio que llamaré de adhesión a Cristo. No es posible que el Espíritu Santo obre aparte de Cristo o con independencia a Él.
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” (Romanos 8:1)

Jesús en una obra conjunta con el Espíritu Santo ha traído la vida de Dios a nuestros corazones. Mediante el sacrificio de su muerte y su resurrección, Él nos dio vida a nosotros que éramos muertos para Dios en nuestros pecados.
Por medio de la fe recibimos la adopción de hijos suyos. Hemos renacido en el espíritu por medio de la palabra de Dios que como una semilla ha sido implantada en nuestros corazones.
Gracias a la muerte de nuestro Señor fuimos librados de la condenación y de la maldición de la ley expresada en los mandamientos de Dios.
La sentencia que pendía sobre nosotros a causa de nuestros pecados y por nuestras culpas era algo que nos hundía más y más en nuestra miseria y que nos hacia esclavos de nuestra debilidad.
La carga de nuestras maldades nos inhabilitaba para que pudiéramos obedecer las leyes de Dios y hacer su voluntad.
Pero ahora estamos unidos a Cristo, hemos sido hecho un espíritu con Él, estamos plantados en Jesús. Y esto permite que su savia, que su vida poderosa fluya a través de nosotros.

La sagrada escritura nos confirma la importancia de seguir este principio tal y como Jesús nos lo expresa en el evangelio de San Juan.

 “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15:4,5)

Es un hecho que si hemos creído en Cristo y hemos nacido de nuevo, Él habita por la fe en nuestros corazones, Él está en nuestro interior. Sólo debemos mantenernos en esa unión y dependencia. Estamos casados con el Señor, hemos sido ligados a Él, mantengámonos conectados, en una rendición absoluta.

En segunda instancia, la ley del Espíritu de vida opera mediante el principio práctico de la oración.
Hablo de esa oración que nos lleva a una comunión intima y cada vez más profunda con Dios. La oración que se ha convertido para nosotros tan vital y necesaria como el aire que respiramos, o el agua que bebemos.
Es necesario que profundicemos en nuestra unión intima con Dios. De esta manera nuestro espíritu es fortalecido y el Señor crece más y más en nosotros, mientras que nuestra carne pierde fuerza y protagonismo.

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.” (Romanos 8:26,27)

La oración es el medio por el cual somos guiados a una dependencia total del Señor. Es por la oración que vamos ha ganar las batallas contra nuestros adversarios, el mundo, la carne y el diablo.
La palabra de Dios nos alienta a orar continuamente, de forma ininterrumpida; de manera que en todo tiempo, en cualquier lugar y en toda circunstancia mantengamos nuestra relación con el Señor. Que en cualquier momento nos volvamos a Él que mora en nuestro espíritu, en el lugar santo de nuestro ser.

                                           “Orad sin cesar” (1ªTesanolicenses 5:17)

Si vamos a experimentar el poder sobrenatural de la ley del Espíritu de vida, será cuando vivamos de manera continua en la presencia de Dios. Todo es posible que ocurra cuando la oración, la practica de la presencia de Dios, forme parte habitual de nuestra vida.

Terceramente, la ley del Espíritu se cumple mediante el principio de la dedicación o consagración.
Dicho de otra manera, cuando nos ocupamos de forma decidida en las cosas del Espíritu este se hace efectivo en nosotros.

“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.”(Romanos 8:5,6)

Para que la ley del Espíritu de vida trabaje a nuestro favor es necesario estar de su lado, en consentido acuerdo.
¿Hemos decidido ya quién sea nuestro señor? ¿Departe de quien estamos? ¿Qué es lo que ocupa nuestra mente y qué es lo que más deseamos?

La cosa es así de sencilla,  que lo que ocupa nuestra mente y nuestros afectos es lo que nos controla. Donde tengamos nuestro tesoro allí estará nuestro corazón. De manera que si es Cristo lo mas valioso para nosotros, si es la vida espiritual lo mas importante, entonces el Espíritu de Dios hará funcionar su ley poderosa en nuestro interior.
 
El instrumento del Espíritu es la palabra de Dios, mediante ella lo que es de la carne es separado de lo que es del espíritu. El Espíritu Santo purifica nuestros corazones por la revelación de las escrituras, penetrando con ella hasta lo mas profundo de nuestro ser y  sacando todo a la luz.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Hebreos 4.12, 13)

Es necesario que ocupemos nuestra mente en la meditación de las verdades de Dios, de la obra de Cristo, pidiéndole a Dios que nos revele aquello que aún no hemos comprendido, de modo que la palabra se encarne en nosotros. La revelación de la palabra por el Espíritu Santo nos traerá la liberación de la carne y del viejo hombre, así como la purificación de nuestros pecados.

“Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” (Romanos 8:12,13)

En cuarto lugar,la ley del Espíritu la hacemos funcionar cuando andamos conforme al Espíritu. Es necesario que estemos pisando firme y confiadamente en el Espíritu, si queremos que obre sin obstáculos en nosotros. Así como los sacerdotes de Dios que hasta que no pusieron los pies sobre el agua en el río éstas no se apartaron.
Andar en el Espíritu significa caminar por fe, en completa dependencia y contando con su apoyo, sabiendo que Él está ahí de nuestro lado.

“para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” (Romanos 8:4)

Cuando andamos de acuerdo con el Espíritu, conforme a su sentir, en unión con Él, a su paso, ni adelantándonos, ni tampoco quedándonos atrás, la justicia de la ley se cumple en nosotros.
Permitamos que el Santo Espíritu lleve las riendas de nuestras vidas, para que podamos comprobar en la experiencia diaria que es posible vivir para Dios y en victoria.

En quinto lugar, la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús opera por el principio del padecimiento.

“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” (Romanos 8:17,18)

Esto no significa que Dios nos va a dar sus riquezas espirituales porque las merezcamos, ni por lo que hayamos sufrido. Pero si es cierto que por la presión, las pruebas, llevando la cruz que el Señor nos da, estaremos recorriendo el camino marcado por Jesús. Por medio del padecimiento seremos purificados y liberados de muchas ataduras carnales, deseos, aspiraciones y pensamientos que no son de Dios.

El Señor le habló a sus discípulos de que habrían de beber la copa de sufrimiento que Él bebería y de ser bautizado con el mismo bautismo que Él. Y así será con todos aquellos que en verdad quieran seguir al Señor y vivir en el Espíritu.
El poder del Espíritu Santo se manifestará cuando aceptemos de parte de Dios todo lo que Él permita; cuando por medio de la cruz estemos muriendo en nuestro ego, a nuestras maneras, a nuestros intereses, y a nuestro amor propio.

Como señala la palabra de Dios en otro lugar, esto son sólo leves tribulaciones, cosas que debemos padecer por un corto espacio de tiempo, pero lo necesario para que seamos quebrantados de manera que la fragancia del Espíritu pueda ser liberada.

La gloria de Dios se manifestará al fin en aquellos que padecen por Cristo, en aquellos que no menosprecien lo que Dios está haciendo con ellos, y que no le atribuyen a Dios despropósito alguno.
Algunos creyentes tienen que ser duramente golpeados por experiencias dolorosas, pasar por situaciones por donde otros quizás no lo harán, y es que Dios trata a cada uno de sus hijos conforme a lo que necesita, de manera que todo estorbo sea quitado, toda dureza sea suavizada, y todo lo que no es de Dios sea destruido.
Si sacamos el provecho del sufrimiento que Dios permite que tengamos, si lo aceptamos como viniendo de Él, seremos transformados y llevados de gloria en gloria a la imagen del Señor.

P.Jurado Rodriguez.
© SentirCristiano.com

Quiénes somos      Contacto      Cómo llegar      Preguntas Frecuentes