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LA MEDIDA DE LA IGLESIA (I Parte)
“Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.” (Apocalipsis 11:1)
Leer (Apocalipsis 21:9-27). En este pasaje se nos da una descripción de lo que será el futuro de la iglesia, la obra maestra de Dios. La esposa del Cordero, o la gran ciudad santa de Jerusalén como se le llama en este capitulo, son los creyentes redimidos, aquellos que han sido edificados sobre el fundamento de Jesucristo y sobreedificados con materiales celestiales.
Es maravilloso poder observar el final, la obra terminada, en una iglesia que ha sido preparada y perfeccionada, edificada como templo para morada eterna de Dios. Es la imagen de la gloria de Dios, y Él la llena con su presencia, porque es de su agrado, es santa, sin mancha y sin imperfección alguna.
La iglesia de Jesucristo habrá alcanzado tal perfección y hermosura, que el instrumento para medir su inmensidad y primor, su delicadeza y distinción, ha de ser una vara de oro, metal que representa en las escrituras lo celestial, lo eterno.
En Apocalipsis 11, la iglesia no ha sido glorificada, ni perfeccionada, está en construcción. Aún se encuentra sobre la tierra y Dios está trabajando en su edificación, y Él la mide de continuo por medio de sus siervos enviados que usan la palabra profética como vara o medida establecida por Dios.
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2ª Timoteo 3:16,17)
“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2ª Pedro 3:19-21)
Las obras de Dios a su justa medida.
Dios busca que la iglesia llene ciertas medidas o dimensiones espirituales, acorde a su diseño preestablecido y eterno.
El Señor quiere en su pueblo las cualidades que lo distingue de todos los demás, el carácter de su naturaleza divina, la santidad, la humildad, la unidad, el amor, la bondad, la fe, así como todas las virtudes espirituales que son el fruto y adorno de los escogidos y redimidos por Él.
En la Biblia tenemos diferentes ejemplos que nos hablan de las expectativas planteadas por Dios para su obra, con respecto a su exigencia en medidas y en forma, de lo que Él quiere que se haga, y encarga sus proyectos a los hombres que escoge como colaboradores suyos, para que lo lleven a cabo.
El Señor desea que sus obras sean y se hagan de una determinada forma y manera, no vale todo, solo lo que es conforme a su voluntad y plan es lo que Él acepta.
Dios encargó a Noé que hiciera un barco, para librarlo de los juicios que vendrían sobre la tierra, y le detalló como debía ser y las medidas exactas que habría de tener. Los planes que Dios tenía implicaban que Noé hiciera las cosas como se le había indicado. El futuro de su familia y de toda la raza humana, así como la de todo ser viviente estaba en que este hombre obedeciera a Dios. De modo que cuando ocurrió el diluvio ese barco fue estable y soportó las tormentas y todos los que estaban dentro pudieron salvarse.
Tenemos también en la Biblia el diseño del tabernáculo, un templo desmontable que Dios le ordenó a Moisés que fabricara, mientras iban como nómadas por el desierto. No dejó la forma, ni sus medidas, al capricho de la imaginación de su siervo.
Dios le explicó a Moisés como debía ser esa casa de Dios, los materiales que debía emplear, las medidas, los útiles para los sacrificios. Todo tenia que ser según lo que Dios le había mostrado en el monte santo.
Otro ejemplo, lo tenemos en el templo que Dios le encargó a Salomón que construyera. Todo un diseño perfecto de arquitectura. Desde los cimientos y hasta el último clavo, todo fue planificado y explícitamente ordenado por Dios. Las piedras, la calidad de la madera, los diferentes metales que se habrían de usar, y algo muy importante, los maestros y artesanos escogidos por Dios para edificarlo. Era un lugar para que Dios lo habitara, y donde Él se manifestaría a su pueblo escogido para hablarles y mostrarle sus caminos.
Estas cosas son solo prototipos naturales de la Iglesia de Jesucristo, de la obra espiritual, eterna y sobrenatural que el Señor está llevando a cabo actualmente en sus hijos.
La Iglesia y cada creyente como individuo constituye el templo santo de Dios. Cada cristiano es una piedra que, unida con otras, forman la casa espiritual donde Dios mora.
En la carta de San Pablo a los efesios encontramos el diseño vivo, el cual Dios quiere plasmar en su iglesia. Es el ejemplo perfecto, el modelo con todas sus dimensiones, el resultado final cuando los escogidos sean perfeccionados.Aparte de esto no hay nada más.
“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.” (Efesios 3:14-21)
La medida de la iglesia es Cristo, su altura, su anchura, su longitud y su profundidad; son las virtudes, el carácter, la naturaleza divina y de vida de aquel que nos amo y que se dio por nosotros para lograr ese fin, el tener una esposa perfecta, hecha a su imagen y semejanza, para Él.
P.Jurado Rodriguez.
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