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LA MEDIDA DE LA IGLESIA (II Parte)
Tres cosas que Dios mide en la iglesia.
A partir de ahora quisiera centrarme en el versículo de Apocalipsis 11:1 donde podemos observar tres aspectos en los que Dios está interesado en que como iglesia demos la talla.
Son cosas que siempre las deberíamos tener en perspectiva, y como objetivos a perseguir, puesto que son lo que Dios busca en su pueblo.
En primer lugar, Dios tiene interés en que el templo tenga la medida requerida. Aquí, la escritura, no se refiere a los templos que los hombres hacen con sus manos, de piedra, o de ladrillo y cemento.
El templo del que se nos habla en este pasaje es la Iglesia, compuesta por todos los redimidos por Jesucristo. Dios está trabajando en un templo del cual formamos parte todos los creyentes como piedras vivas y del cual Cristo es el fundamento.
“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” (1ª Pedro 2:4,5)
El lugar que Dios ha escogido para habitar es la Iglesia, un templo espiritual formado por todos los que son sus hijos, así como en cada creyente en particular. La palabra de Dios nos habla con mucha claridad de la Iglesia como su morada, así como de cada individuo como su templo. Esto nos puede parecer algo que ya sabemos y que no hay necesidad de que se nos repita, ya forma parte del conocimiento evangélico y del argot cristiano, pero para la gran mayoría carece de sentido.
¿Por qué Dios toma las medidas del templo? Si Él sabe quienes son los que lo conforman; el Señor conoce a todos los que son suyos y a aquellos que invocan su nombre de corazón.
Dios sabe hasta que punto le estamos dando lugar en la Iglesia y en nuestras vidas personales.
El templo de Dios tiene sus límites, es lo que la presencia de Dios llena, el espacio donde mora es lo que lo delimita.
La cuestión es ¿Qué lugar está ocupando Dios en la iglesia y en nuestro ser? ¿No es cierto que lo tenemos muy restringido? Existen muchas áreas donde le negamos el acceso, tenemos muchas habitaciones donde no le permitimos la entrada. Hay muchas cosas en las que aún no le hemos cedido el control de nuestra vida, de modo que Dios no encuentra como darse más a nosotros y como actuar libremente.
El Señor ha hecho su morada en el espíritu de sus hijos que es el lugar santísimo, representado en la Biblia como el lugar más profundo y secreto del templo.
Según el diseño del tabernáculo había tres divisiones: El atrio o lugar de reunión, el lugar santo y el lugar santísimo, separado éste por un velo grueso. Era en el lugar santísimo donde la presencia de Dios se manifestaba para hablar con el sumo sacerdote. Sin embargo cuando Dios se hacía manifiesto era evidente sobre la totalidad del templo, todos podían observarlo.
Otro asunto a considerar es, a saber, hasta que punto tenemos claro y hasta donde somos conscientes de los límites que constituye el templo de Dios.
El templo como la ciudad de Dios tiene una muralla que establece los límites que rodean al pueblo de Dios y lo protege de toda intrusión del enemigo, también define con claridad la separación de aquello que es de Dios y lo que no lo es.
Cuando las murallas están destruidas, los linderos no están claros, existe confusión, y los enemigos entran en la obra de Dios. En la actualidad es muy difícil definir o establecer quienes son en verdad el templo de Dios, quienes son la Iglesia de Jesucristo, precisamente porque los límites han sido destruidos y se le está dando lugar en la Iglesia a muchas cosas que no son de Dios.
Lo primero que edificó Nehemias cuando llegó a Jerusalén fueron las murallas que estaban derribadas y restauró las puertas que estaban quemadas, para que así los enemigos no pudiesen entrar.
Dios quiere ver esos muros de protección alrededor de su iglesia levantados, para que su pueblo esté seguro, y que la única puerta de entrada y acceso sea Jesucristo. La Iglesia no puede tener ningún otro atajo por donde se pueda acceder para pertenecer a ella, sino la puerta estrecha que es Jesús.
Existen obreros que por querer abarcar más de lo debido, o por obtener el reconocimiento de otros ministerios, o bien por perseguir metas que no son de Dios, o quizás por no ofender a nadie, ensanchan la puerta más de lo que es. Muchos, por conseguir tener un gran numero de miembros en sus congregaciones hacen lo que sea necesario, sin tener en cuenta lo que Dios quiere. Se adultera el mensaje del evangelio rebajándolo en su eficacia, se suaviza el mensaje de la cruz, no se habla del pecado ni de la necesidad del arrepentimiento, muchísima gente que asiste a las iglesias continúan en sus antiguos pecados y sin haber experimentado el nuevo nacimiento. Se entretiene a las multitudes para que no se vayan de la congregación, se les ofrece lo mismo que hay en el mundo pero en versión evangélica. No hay temor de Dios, y una gran mayoría de asistentes a las congregaciones no tienen nada claro la diferencia entre el bien y el mal, no distinguen entre su mano derecha y su mano izquierda, no tienen conocimiento de Dios. Aún siguen atados por sus antiguos hábitos pecaminosos, aún siguen siendo cautivos del príncipe de este mundo, porque continúan en desobediencia a Dios.
“Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento; y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed. Por eso ensanchó su interior el Seol, y sin medida extendió su boca; y allá descenderá la gloria de ellos, y su multitud, y su fausto, y el que en él se regocijaba.” (Isaías 5:13,14)
En el templo de Dios se hallaba el Arca de la alianza, guardada en el lugar Santísimo; sobre el Arca estaba el propiciatorio, que era una tapa con dos querubines que, con sus alas, rodeaban el Arca. Dentro del Arca se conservaba las tablas de la ley, la vara de Aarón que reverdeció y el maná. Donde se encontrara el Arca ubicada estaba la presencia de Dios.
La Iglesia es la portadora del Arca de Dios y cada creyente en particular lleva con él su presencia morando.
Dios ha escrito sus leyes en nuestros corazones, Él nos ha dado el conocimiento de su voluntad; también nos ha dado a comer el verdadero pan del cielo que es Jesucristo y por el cual hemos recibido la vida divina, y por medio de su muerte y resurrección,
siendo nosotros incluidos en ella experimentamos el poder de una vida transformada y dedicada al servicio de Dios.
Cuando estas cosas se pierden o consentimos en que los enemigos de Dios nos las roben, cuando desaparece el Arca, también se esfuma la presencia de Dios. Así que sería conveniente tomar la exhortación del apóstol Pablo que nos dice:
“Guarda el buen deposito por el Espíritu Santo que nos fue dado.”
Hay cuatro cosas que caracterizan al templo de Dios:
La dedicación o consagración, el carácter santo del mismo, la oración y el servicio a Dios.
El templo es la casa de Dios, el lugar donde Él habita con preferencia, es el espacio dedicado en exclusiva para su morada. Es santo porque Él lo ha santificado mediante la sangre rociada de Jesucristo, y así debe permanecer, en santidad. Dios dijo: “Mi casa será llamada casa de oración” es el lugar de encuentro con Dios, de comunión íntima. Y es donde comienza y se realiza todo verdadero servicio a Dios.
P.Jurado Rodriguez.
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