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LA  MEDIDA  DE  LA IGLESIA (IV Parte)

En tercer lugar, la medida de la iglesia está determinada por los que adoran a Dios. Dios tiene especial interés en conocer a aquellos que lo están adorando de todo corazón. Según las escrituras, Dios busca concienzudamente adoradores genuinos.

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”  (Juan 4:23,24)

Nuestra motivación para adorar a Dios no ha de ser por la diversión, o por el hecho de pasarlo bien.  No es una verdadera adoración, cuando solo lo hacemos en los momentos felices de la vida, o cuando todo marcha según nuestros gustos. 

¿Qué implicaciones tiene una adoración autentica?

Primero, según el pasaje que he citado, ha de ser espiritual, es decir, debe ser efectuada por medio del espíritu, con todo lo que esto conlleva. El espíritu es igual a la naturaleza de Dios, es esa parte de nuestro ser con la que hemos sido dotado mediante la regeneración, para que podamos tener comunión con nuestro Creador. Como nos indica la palabra “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” 

Es a través  del Espíritu de Dios en contacto con nuestro espíritu que recibimos la vida de Dios. Las escrituras dicen que la carne para nada aprovecha, es el espíritu el que da vida. Esto es especialmente cierto en la adoración.
La adoración en el espíritu implica que seamos dirigidos por el Espíritu Santo, y conforme a la voluntad de Dios. En la carta de San Pablo a los romanos podemos ver como el Espíritu nos ayuda en nuestra tan gran debilidad de cómo adorar a Dios.

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.” (Romanos 8:26,27)

Segundo, debe ser hecha  “en verdad”. ¿Qué quiere decir esto? Por un lado, significa que debemos hacerlo en sinceridad, con honestidad y sencillez, expresando a Dios el sentir de nuestros corazones.

Por otro lado, adoramos a Dios en verdad, cuando lo hacemos bajo la luz de Dios, impelidos por la palabra revelada de Dios. La palabra de Dios inspirada a nuestros corazones por el Espíritu Santo nos conduce a una adoración verdadera.

La frase “en verdad” hace referencia a nuestra actitud, como también a la posición en que nos encontramos con respecto a Dios. Señala no solo la forma externa de cómo adoramos, sino la calidad con la que lo hacemos.
La adoración debe abarcar todos los aspectos de nuestra vida, y debemos ofrecerla en todo momento y circunstancia, mostrando a Dios gratitud, fe y amor.

Si queremos llenar la medida  de Dios como adoradores, es necesario, es de importancia vital, que lo hagamos como Dios exige.

¿Estamos cumpliendo el plan de Dios, según el diseño que se nos está mostrando en la palabra?
Debemos colaborar con Dios para que sus medidas se establezcan. Si algo no entendemos, pidamos a Dios sabiduría, Él ha prometido darla.
Dios quiere un templo santo donde morar, un altar en el que el fuego arda de continuo y un pueblo que lo adore de todo corazón.

P.Jurado Rodriguez.
© SentirCristiano.com

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