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LIMPIEMONOS DE TODA CONTAMINACIÓN (3ª parte)
La contaminación del espíritu
No debemos ignorar que existen diferentes fuentes espirituales de contaminación, estas provienen de Satanás y sus huestes espirituales de maldad. Es necesario saber discernir e identificar esas influencias espirituales que nos atan a una vida de pecado y derrota espiritual. Cuando un creyente no avanza en su vida espiritual, en su comunión con Dios, en una madurez de carácter, en una vida responsable y en un testimonio coherente. Cuando a pesar de conocer la verdad de Dios referente a ciertos pecados y aun esforzándose por librarse de ellos continua sin vencerlos, el problema puede deberse a dos causas:
a) No ha entendido la obra de la cruz correctamente y por lo tanto no está ejerciendo su fe en la verdad de Dios.
b) Necesita ser liberado de ataduras espirituales demoníacas que lo están atando y lo mantienen en esclavitud.
Los demonios ejercen influencia y cierto control sobre ciertas áreas en la vida de los creyentes en base al pecado. Los pecados de la carne que se identifican en Galatas 5 son la base u ocasión que se le da al enemigo para exponernos a ser su presa. La palabra de Dios nos advierte que Satanás está como león rugiente buscando a quien devorar.
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1ª Pedro 5:8)
En el versículo siguiente se nos advierte a no dar lugar al diablo, pues eso puede ocurrir cuando persistimos en el pecado y una actitud no cristiana. Satanás tiende a llenar con sus espíritus malignos los huecos donde no está implantado el señorío de Cristo. Hábitos y costumbres de nuestro carácter que son pecaminosos, son huecos, brechas por donde le damos lugar al diablo.
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” (Efesios 4:26)
Una puerta que los demonios y espíritus malos aprovechan con frecuencia para entrar y actuar en las personas es la falta de perdón. Una actitud de resentimiento hacia alguien que nos ha causado algún daño y que somos incapaces de perdonar, es un camino abierto para el enemigo de nuestras almas. La persona que no ha aprendido a perdonar a los que lo han ofendido, es presa de los espíritus malignos y experimentará en su vida diferentes síntomas y enfermedades de naturaleza física, emocional y psíquica.
La oración del padre nuestro nos enseña a perdonar así como Dios nos ha perdonado a nosotros.
“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores..... Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” (Mateo 6:12, 14,15)
Cuando una persona no perdona a alguien, se expone a ser castigada por verdugos espirituales que le atormentarán de diferentes formas. Satanás no tiene ni pizca de misericordia con nadie, si le damos lugar, el aprovechará su oportunidad para robar, matar y destruir.
Es muy importante reconocer donde está el mal, discernir por donde ha entrado el enemigo, confesar ese pecado o hábito que nos cuesta dejar y arrepentirnos. Una vez que nos hemos arrepentido debemos renunciar a Satanás y ordenar a todo espíritu maligno que se marche de nuestras vidas.
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7)
Recuerdo esa anécdota de una señora que va a su pastor para pedirle oración porque el diablo no le dejaba tranquila. Después de que el pastor había orado por ella varias veces, la señora seguía con el mismo problema, hasta que indagando, el Señor le revelo al pastor lo que ocurría. Cuando la mujer volvió de nuevo a pedirle oración, le preguntó: Hermana ¿usted sabe lo que comen los leones? A lo que la señora contestó que se alimentaban de carne. Pues bien hermana, le dijo el pastor: eso es lo que tiene usted mucha carne.
Satanás es un aliado de la carnalidad del hombre, ambos se unen para destruir la obra de Dios e impedir que esta progrese. La iglesia de Dios ha sufrido más daños y pérdidas por la actuación de hombres carnales que por los ataques directos de Satanás.
Todos los pecados de la carne que se mencionan en el capitulo 5 de Galatas y en otros lugares de la palabra de Dios tiene su homologo en el mundo de los espíritus e identidades demoníacas. Esos pecados son la puerta de entrada a los malos espíritus, representan las murallas destruidas de la personalidad humana através de las cuales los enemigos del hombre pueden entrar y destruirle.
Recursos que nos ha provisto Dios para que nos limpiemos de toda contaminación
Ahora vamos ha arremangarnos, y echando mano del almacén repleto de las cosas provistas por Dios, pongámonos manos a la obra, para una limpieza de nuestras vidas.
- La sangre de Jesucristo. “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7) “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apocalipsis 1:5, b) Nuestros pecados y nuestras maldades son perdonados en el instante en que los confesamos. “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado.” (Salmo 32:5)
- El agua de la palabra de Dios. “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.” (Efesios 5:25-27) La palabra de Dios es viva y eficaz para producir una profunda limpieza interior. La escritura actúa como una potente luz mostrando donde es necesaria la limpieza, nos revela el estado de nuestras vidas. En ese momento debemos recibirla con fe y con una disposición a obedecerla, entonces cumplirá su propósito de purificarnos.
- La crucifixión del viejo hombre. Las escrituras nos enseñan la manera en que Dios ha tratado con el viejo hombre, nuestra naturaleza pecadora. Nos dice la biblia que debemos saber que hemos sido crucificados juntamente con Cristo para que nuestro cuerpo de pecado sea destruido. Y en el mismo capitulo 6 de romanos nos dice también que debemos considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios. Por lo tanto nos debemos ofrecer a el en cuerpo y alma para que de esa manera el pecado no tenga poder sobre nosotros. (Romanos 6:5,6,11-14)
- El Espíritu Santo. Es el dedo de Dios, la unción del Espíritu que rompe los yugos del enemigo. Por la manifestación y operación de los dones del Espíritu, Dios trae liberación a sus hijos. Hay dones que son específicos para discernir y destapar las maquinaciones de los demonios como son el discernimiento de espíritus y la palabra de sabiduría o conocimiento. El Espíritu Santo nos capacita con su poder para vivir una vida de santidad y de obediencia a Dios. “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1ª Corintios 6:9-11)
- Una vida en comunión con la iglesia. Los hermanos y ministerios que Dios ha ordenado en la iglesia están para ayudarnos a liberarnos de ataduras espirituales. La comunión con otros hermanos nos debe proveer de un ambiente de confianza en el que podamos abrir nuestros corazones sin temor a ser rechazados, sino comprendidos, amados y ayudados para ser sanados y liberados de ataduras. La palabra de Dios nos insta a confesarnos las ofensas unos a otros y a orar los unos por los otros para que seamos sanados. “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1ª Juan 1:7)
- Circunstancias y situaciones disciplinarias en la vida. Dios nos pone en muchas situaciones en la vida que son como un crisol de fundición, un horno de alta temperatura que quema y separa la escoria de nuestras vidas.
Por medio de la oración de fe podemos hacer uso de algunas de estas cosas que Dios nos ha provisto; através de nuestro sometimiento y sumisión a Dios podemos aplicar otras, y por medio de la confesión a Dios y unos a otros podremos aplicar otras. Hagamos uso de la palabra de Dios como la espada del Espíritu e invoquemos el nombre de Jesús en el cual seremos salvos.
Conclusión
Estamos llamados a vivir una vida de santidad en todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, una vida de victoria sobre el pecado y contra nuestro adversario el diablo. Dios nos ha revelado en su palabra como podemos experimentar todo eso, porque esa es su voluntad para con la vida de todos sus hijos. Somos la iglesia del Dios viviente, en medio de la cual el quiere hacer maravillas y por medio de la cual revelará su poder y su sabiduría al mundo y a todos los poderes en las regiones celestes. Dios necesita una iglesia que se limpie de toda contaminación, un pueblo santo, para así poder manifestarse através de el y poder valerse del mismo. ¿Estaremos dispuestos a pagar este precio, de tener una vida limpia? ¿Permitiremos que Dios actúe en cada uno de nosotros con los recursos que ha provisto para nuestra limpieza? Si nuestra respuesta es positiva, entonces ¡Limpiémonos de toda contaminación¡
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