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NO ES ESTE EL LUGAR DE DESCANSO (I Parte)

Levantaos y andad, porque no es este el lugar de reposo, pues está contaminado, corrompido grandemente. (Miqueas 2:10)

Subirá el que abre caminos delante de ellos; abrirán camino y pasarán la puerta, y saldrán por ella; y su rey pasará delante de ellos, y a la cabeza de ellos Jehová. (Miqueas 2:13)

 

Muchos recordamos aquellas significativas palabras de la escritura, que en más de una ocasión hemos hecho nuestras: "Hasta aquí nos ayudó Jehová" Entendiendo con esto y expresando, que el Señor ha estado con nosotros en todo el trayecto de nuestras vidas y experiencias. Él nos ha guiado hasta el lugar donde estamos actualmente. Su mano nos ha guardado y Él nos ha provisto de todo lo que hemos necesitado. Dios ha sido fiel, justo y amoroso en todas sus actuaciones para con nosotros.

Tal vez algunos hayan alcanzado un "estatus" o posición, ya en la iglesia o en el mundo, quizás un cierto grado de madurez y victoria en su vida espiritual, o éxito en los asuntos y negocios de esta vida, en el trabajo, en la economía, en la familia, etc...,etc.

Podemos atribuir al Señor la gloria de todo y reconocer que ha sido Él quien nos condujo al punto donde estamos, y estarles agradecidos por ello. Pero nunca debemos caer en la tentación de acomodarnos y estar satisfechos en lo que hemos alcanzado ni con los logros obtenidos, ni aún con la entrega o servicios brindados al Señor en tiempo pasado.  (y no me refiero aquí a lo material, pues la Escritura nos dice que debemos contentarnos con lo que tenemos y guardarnos de toda avaricia).

Es necesario que nos sacudamos del letargo espiritual, del estancamiento colectivo y conformismo generalizado, de la apatía.

Y esto en verdad haremos, si Dios lo permite, y si seguimos los consejos de la palabra inspirada.

"Porque no es este el lugar de reposo"
Podemos entender esta afirmación desde varias perspectivas y todas muy convenientes para nuestra ayuda. Nuestra tendencia natural es amoldarnos y resistirnos al cambio, una vez que nos encontramos identificados y adaptados, y satisfechos donde nos encontramos.

Es la presencia de Dios lo que debe determinar el momento exacto de parar y donde; así  como cuando debemos reanudar el camino y hacia que nueva dirección. Son las expectativas y metas que Dios nos ha puesto por delante en sus propósitos las que nos empujan a seguir. Es la palabra inspirada por el Espíritu Santo a nuestro espíritu la que nos marca el paso y nos conduce hasta nuestra meta  que es Cristo.

A veces llegamos a experiencias muy agradables en la vida cristiana, momentos muy gratificantes, los cuales nos gustaría que perdurasen. Nos sentimos tan complacidos que quisiéramos quedarnos en ese estado por siempre y para siempre. Los discípulos que acompañaron a Jesús y vieron su transfiguración en el monte se sintieron tan extasiados que dijeron al Señor: "Bueno es que estemos aquí, ¿porqué no hacemos tres enramadas, una, para ti, otra para Moisés y otra para Elías?"

Ellos pensaron que no había otro lugar mejor que ese, se encontraban muy felices de estar ahí. En esos momentos pensarían que lo que estaban viviendo era - el no va mas- de la experiencia cristiana. Pero Dios tenía mucho más que mostrarles a estos discípulos, así que el Padre les interrumpió en el instante, llamándoles la atención;  y esto comenzaba por atender las palabras del Padre refiriéndose a Jesús: "Este es mi hijo amado en el cual tengo complacencia, a el oíd."

Es muy importante que todos tengamos muy en cuenta este consejo de Dios, pues Él  no se agrada en nadie más que en su Hijo amado, Él es su satisfacción. Debemos poner nuestra atención en Jesús, en oírle y obedecerle. El Señor dijo: "Mis ovejas oyen mi voz y yo las llamo por nombre y ellas me siguen"
No podemos quedarnos permanentemente en las buenas experiencias que hemos tenido en el pasado, porque entonces perderemos las mejores que Dios quiere darnos. No deberíamos establecernos de forma extática en una determinada revelación como si no hubiera más que conocer, más luz que recibir, más cambios que efectuar.

Tampoco nos conviene quedarnos dando vueltas en el desierto de forma permanente, aunque tengamos la nube que nos acompaña de día y la columna de fuego durante la noche, aunque Dios nos haya mostrado su fidelidad proveyendo todo lo necesario y hayamos visto sus obras durante muchos años. Debemos avanzar hacia la tierra prometida, Canaan, la tierra donde fluye leche y miel.
No es conveniente quedarnos a mitad de camino en la vida espiritual, hay que seguir adelante y también ayudar a otros para que entren a poseer la tierra que Dios ha prometido.
El lugar de verdadero descanso y reposo se halla en la tierra conquistada por nuestro Señor, la herencia redimida por su obra consumada.

Debemos guardarnos también de una falsa confianza y un reposo egoísta, especialmente cuando estamos viendo que una gran mayoría del pueblo de Dios está en inquietud y viviendo en derrota, oprimido por el pecado, subyugado por el mundo y atados por el diablo.
Estamos muy tranquilos, cuando deberíamos estar luchando por el pueblo del Señor y  por las almas perdidas, ocupándonos en los negocios de nuestro Padre celestial. No podemos descansar mientras estamos contemplando a los hijos de Dios bajo el yugo del enemigo, sin mostrarles como vivir la vida cristiana victoriosa.

La voluntad de Dios es que trabajemos para presentar perfectos en Cristo Jesús a todo hombre. Hay que completar lo que falta al cuerpo de Cristo con nuestro servicio y la ministración de los dones que Dios nos haya dado a cada uno. Esforzándonos en la gracia de Dios y practicando el amor sacrificial, mirando por los intereses del Señor y los de su pueblo y no por los propios.
El lugar de reposo espiritual donde Dios nos quiere llevar no se halla en un estado de vida natural cómoda y de confort.
El cansancio que a veces produce las distintas situaciones de la vida, las presiones a las que estamos sometidos, la fatiga de la lucha diaria, hace necesario que paremos a tomar aliento y descansemos.

En el Señor podemos encontrar nuestras fuerzas renovadas.
“¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como águilas; correrán, y  no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40: 28-31)

 

P.Jurado Rodriguez.
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