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NO ES ESTE EL LUGAR DE DESCANSO (III Parte)

“¿Dónde pues, está el lugar de descanso?”

El Señor da una orden “Levantaos y andad” No podemos quedarnos donde estamos actualmente, es un lugar peligroso y arriesgado para nuestra vida espiritual.
Dios quiere llevarnos a la esfera de reposo, un sitio preparado por él, un territorio seguro, aunque no exento de luchas. Necesitamos llegar hasta ese lugar, esa tierra prometida, lista para ser conquistada y ocupada por la fe.

 “Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.
Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.” (Hebreos 4:8-11)

Hay muchos creyentes que aun no han entrado en el reposo de Dios, todavía falta que algunos entren en él. Tal vez porque no entienden lo que eso significa, o dónde se encuentra, o qué implica éste reposo, ni como se entra en él.
La tierra de Canaan es como una figura del lugar de descanso que Dios prometió a su pueblo, ellos tenían que entrar y poseerla. Pero Dios les había prometido que Él pelearía sus batallas y pondría temor en sus enemigos, para que así la pudiesen conquistar.
Para todos los creyentes el descanso verdadero se encuentra en Cristo, Él es nuestro Canaan, Él es la Tierra que debemos poseer, nuestra herencia. Jesucristo es la realidad de aquello que los israelitas anhelaban y que tan solo recibieron un símbolo, una sombra, reservando Dios lo autentico, lo que es eterno, para nosotros los creyentes.

El principio para entrar en el reposo de Dios es la fe, la fe en la obra realizada por Cristo a nuestro favor.
Necesitamos ver con claridad en nuestro espíritu la realidad de toda la obra hecha por nuestro Señor. No solo es suficiente conocer en nuestra mente las verdades del evangelio, sino que debemos apropiárnoslas.
En este descanso no se entra tratando de cumplir las obras de la ley por nuestras propias fuerzas. Sino por creer que Cristo ha cumplido ya con toda ella y ha satisfecho las demandas de Dios, porque para eso vino, para cumplir perfectamente la voluntad de Dios por Él y por nosotros.

Sacrificio y ofrenda no quisiste; Más me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.
Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo
del libro está escrito de mí.
Diciendo primero:
Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.(Hebreos 10:5-10)

La incredulidad produce desobediencia a lo que es la voluntad de Dios y esta es la causa por la que muchos israelitas no pudieron entrar en la tierra prometida. Así también es la razón por la que muchos cristianos no han entrado en la plenitud de vida y de descanso en Cristo. Porque todavía no se han apropiado por fe lo que Cristo ha logrado con su entrega, obediencia y sacrificio. Él ha peleado la batalla por nosotros y ha vencido a todos nuestros adversarios y los ha despojado. Jesucristo ha conquistado todo lo que corresponde y pertenece al reino de Dios para nosotros. Él es nuestro capitán, nuestro Rey que ha recuperado todo lo que se había perdido, lo ha redimido todo, para que ahora creyendo en él, lo disfrutemos recibiéndolo por gracia. 

Jesús es quien nos introduce y nos guía por el camino del descanso

Subirá el que abre caminos delante de ellos; abrirán camino y pasarán la puerta, y saldrán por ella; y su rey pasará delante de ellos, y a la cabeza de ellos Jehová. (Miqueas 2:13)
El Señor es la puerta que debemos cruzar y la senda en la que tenemos que andar si queremos experimentar el reposo. Jesús nos ha abierto el acceso, Él nos ha hecho camino para que vayamos por él. Él ha ido por delante de nosotros y seguirá a nuestro lado hasta el fin del trayecto.

“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.” (Juan 10:9)
Hay una invitación permanente por parte de Cristo a entrar por esta puerta que siempre está abierta. Esta entrada es una figura de Cristo que representa el único acceso de acercamiento a Dios y a su reino, así como a toda su provisión. En Jesucristo hallamos nuestro reposo, el verdadero descanso que nos renueva, la fuerza que nos capacita para seguirlo, porque Él es nuestro todo. Es maravilloso saber que en cualquier situación que nos encontremos podemos venir a Él. Él satisface todas nuestras necesidades espirituales. Él está en medio de nuestras crisis, cualesquiera que sea el nombre que tengan.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11:28-30)

En este pasaje podemos observar que hay un descanso que es la consecuencia de andar en comunión con Cristo, esto implica un identificarnos con Él, un estar de acuerdo en su voluntad y una dependencia de su guía. “Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo.”  
Cuando una vida se vive en unión con Cristo y sujeción a Él, es enseñada y moldeada a su misma imagen. Él le imparte su mismo carácter, sus mismas virtudes, y como consecuencia  experimenta un descanso y paz continuos en cualquier circunstancia o situación en la que se pueda hallar. Así que obtenemos descanso cuando venimos con nuestras cargas y las echamos sobre Jesús, pero profundizamos o crecemos en la experiencia de descansar cuando caminamos en Él, cuando Él es nuestra vida, cuando permanecemos en Cristo llevando su yugo. Amen

 

P.Jurado Rodriguez.
© SentirCristiano.com

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