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PROCLAMANDO  EL  EVANGELIO (2ª parte)

En primer lugar, Dios ha provisto a la iglesia con el Espíritu Santo para llevar a cabo la tarea.

“pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:8)

“Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.” (Hechos 5:32)

La falta de eficacia en la obra de Dios se debe a una evidente carencia de poder. El Señor nos concedió el Espíritu Santo para que fuésemos testigos excepcionales de su obra. La tarea encomendada es espiritual y sobrenatural, solo puede realizarse por la operación del Espíritu Santo.
La obra de convicción y de conversión es exclusiva del Espíritu de Dios.

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.” (Juan 16:7-11)

Es una condición indispensable que el obrero de Dios sea lleno del Espíritu Santo, de otra manera fracasará estrepitosamente en su trabajo.
Esto involucra algo más que quiero mencionar y que da sentido al hecho de ser llenos del Espíritu. Es que nuestra manera de servir, y nuestra actitud sea espiritual, así como también al hecho de que debemos ser guiados por el Espíritu de Dios.

“Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.” (Filipenses 3:3)

 “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” (Romanos 8:14)

Los que sirven a Dios no pueden confiar en medios naturales, ni en sus propias fuerzas o talentos para tener éxito en la obra de Dios. La circuncisión representa el que nuestra carne ha sido echada fuera de nosotros, que nos hemos identificados con Cristo en su muerte y que el hombre viejo ha sido crucificado y enterrado.
Hemos sido resucitados con Cristo a novedad de vida y revestidos con el         Espíritu Santo de poder.
Otro aspecto importantísimo en cuanto a la intervención del Espíritu Santo y del poder con el cual opera es el de la manifestación de dones espirituales. El Señor confirmaba el  mensaje del evangelio con señales, milagros y sanidades.

“Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.” (Marcos 16:14-20)

En ninguna parte de las escrituras encontramos mención de que en algún momento haya cesado la operación de los dones como acompañamiento que confirma la obra de Dios. Las multitudes hambrientas, enfermas y necesitadas venían a Jesús y a los apóstoles y recibían soluciones mediante el poder de Dios.
La autoridad que tenemos delegada para predicar la palabra de Dios es ratificada por el poder de Dios en su manifestación.

En segundo lugar, Dios ha escogido la locura de la predicación del evangelio para salvar a los hombres.

“Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. (1Corintios 1:21-24)

Este es el medio que Dios ha determinado por excelencia para hacer llegar a todas las naciones el mensaje de salvación, hasta el fin de los tiempos. A mí no me consta en ninguna parte de las escrituras que Dios fuera a cambiar este método que es la proclamación del evangelio de Jesucristo. Predicación es, la declaración publica de la enseñanza y doctrina de Cristo.
Proclamación, según el diccionario de la real academia española son los “Actos públicos y ceremonias con que se declara e inaugura un nuevo reinado, principado, etc.
Que apropiada es esta acepción con respecto al cometido que tenemos como embajadores del Rey de Reyes y Señor de Señores de establecer su reino por todas las naciones predicando el evangelio del arrepentimiento.

“porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:13-15)

La predicación del evangelio era una locura hace 2000 años y lo sigue siendo en nuestra actualidad, habrá quien lo crea como entonces, pero también existirá rechazo como antaño.
No obstante frente a cualquier reacción que provoque el evangelio no debemos intimidarnos, ni avergonzarnos de seguir proclamándolo. Sino que debemos continuar haciéndolo en todo tiempo y en todo lugar.

“Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.” (Romanos 1:15,16)

En tercer lugar, Dios ha determinado que mediante el testimonio ejemplar de la iglesia expresado en: el amor unos con otros, la unidad y las buenas obras, los hombres le conozcan.

  • Amor. “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (Juan 13:34,35) 
  • Unidad. “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” (Juan 17:20-23)
  • Buenas obras. “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mateo 5:14-16)

A la hora de determinar cual ha de ser el contenido de nuestro mensaje y cuales van a ser los medios que empleamos para comunicarlo, debemos ser muy cuidadosos y selectivos, no sea que nos hallemos vanalizando el evangelio del reino.

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P.Jurado Rodriguez.
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