Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Álbum de Fotos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Artículos

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio



...SIN TENER QUIEN LOS CONSUELE

Acabada la reunión, se dirigió a mí. Noté la expresión de angustia en su cara : “He pasado una semana muy mala, pensando que estoy aquí planchando la ropa de otros en lugar de planchar la de mis hijos que están solos”- me dijo. Y rompió a llorar.
Me quedé en silencio por unos momentos. A menudo me sucede que el dolor de ciertas situaciones ajenas me produce tal impacto que no logro verbalizar mis sentimientos. Sería tan fácil acudir a las expresiones convencionales, de las cuales el corazón está tan lejos…  Así que guardé un conmovido silencio y, finalmente, acerté a decir: “Comprendo cómo te sientes”, y seguimos hablando…

He estado pensando sobre este tipo de cosas, que son muy comunes entre nosotros. La gente sufre. Y me vino a la memoria un versículo bíblico:”… y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien los consuele”(Ecl: 4:1). Analizando el pasaje podemos ver que la primera parte constata el hecho de que hay oprimidos, gente en situación de dolor, que llora por causa de la opresión y de la injusticia. Y esto en sí mismo ya es terrible. Pero donde la denuncia adquiere su fuerza y desgarradora crudeza es en la segunda parte, donde el mensaje profético raya en la indignación.  Pareciera dar a entender que es comprensible dentro del mundo en que nos encontramos, que exista la opresión, el mal, pero lanza un grito desgarrador al decir “SIN TENER QUIEN LOS CONSUELE”. Esa indiferencia de soledad ante el sufrimiento. No encontrar un hombro en el que apoyarte para llorar. No abrir tu corazón porque no encuentras la confianza que necesitas, alguien que te pueda escuchar y comprender… y llega la amargura, el desconsuelo.
Pero, ¡qué distinto si sabes que puedes compartir lo que hay dentro de tu corazón, lo que quizás te está torturando, y que va a ser oído con corazón compasivo que se va a identificar con tu dolor, que va a llorar contigo, que te va a dar un abrazo de misericordia, sin reproches! Te traerá consolación.

Confieso que, en la situación a la que refiero al principio, sentí paz pues, aunque se trataba de alguien que sufría, creo que pude dar consolación. Y es cierto que, desde el punto de vista práctico, la consolación no arregla el problema, no cambia las circunstancias o los hechos, pero sí produce un cambio en el corazón, venda heridas, sana y regenera el espíritu, conforta el alma.  No hice nada, no hay ningún mérito, sólo escuché(con el verdadero sentido de lo que significa escuchar), no solucioné nada del problema que originaba el dolor. Pero creo que fui instrumento de consolación.

Confieso también que esto me lleva a plantear alguna pregunta comprometida(religiosamente incorrecta): ¿Es nuestra asamblea un lugar de consolación? ¿Puede suceder que alguien llegue cargado y se vaya tan cargado o más que al entrar al no haber encontrado respuesta a su angustia?¿Somos aroma fresco que atrae o zarzas de las que hay que cuidarse para no pincharse?¿Nuestro mensaje sana y regenera o se ha vuelto insípido? ¿Habrá entre nosotros lágrimas ocultas que no encuentren consolación?

Es normal que haya lágrimas, pero cuando la Palabra añade “sin tener quien los consuele” nos muestra una herida abierta y dolorosa que es preciso sanar. Preguntas sin respuesta, oír pero no escuchar, evitar temas comprometidos…

El ser humano huye del sufrimiento como de la peste. La sociedad hedonista sólo busca el deleite inmediato. Nos gusta asociarnos con los que ríen. Pero el mensaje para la Casa de Dios es: “Identificándoos con los humildes”.
Concluyo con un versículo que muestra cuál es el deseo de Dios para su pueblo:
“ Bendito sea Dios …… el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.”(2Cor:1:4)


© SentirCristiano.com

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes