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Testimonio de Lola Cuenca Cazorla
Me pidieron que hablara de mi testimonio; pensé por un tiempo qué contar, llegando a la conclusión que mi argumento no solo era cómo Jesús llegó a mí, sino, su obra en mi. Bueno, comenzaré diciendo que Jesús me encontró a la edad de trece años. Les digo que me encontró porque la verdad es que yo no lo buscaba; doy tantas gracias porque se cruzara conmigo, pues Él es mi compañero en estos veintiséis años.
Mis vivencias se resumen en el versículo de Gálatas. “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Mi Señor, a lo largo del camino, es la fortaleza, el refugio, esa seguridad amorosa que sólo un buen padre sabe dar; en el día de la angustia, en Él hallo consuelo.
Sé que mi vida sin el Señor hubiera sido distinta, pero de Él recibo ese soplo de aire fresco cada día, y encuentro esa paz que tantos anhelan*.
Cada mañana al darle los buenos días, le doy gracias por encontrarme a la edad de trece años; como decía el rey David: “prefiero un día en sus atrios, que mil fuera de ellos”.
* “De Él recibo ese soplo de aire fresco cada día, y encuentro esa paz que tantos anhelan”.
Lola
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